martes, 20 de septiembre de 2016

LA MINERA YANACOCHA Y LA VALENTÍA DE MÁXIMA ACUÑA





Por Julio Yovera.
“Los señores de la mina / se han comprado /una romana / para pesar el dinero/ que toditas las semanas/ le roban al pobre obrero”
 (Canción popular, creada o recreada por el juglar chileno Víctor Jara).
Ese robo se ha vuelto vasto  y daña no solo al obrero sino al medio ambiente, a los pueblos, a las personas de la región de Cajamarca, donde una empresa ha causado irreparables pérdidas. Y es que, independientemente de quien esté en el Gobierno, hace lo que se le da su miserable gana y creyendo que el poder les pertenece manda a agredir con su policía servil a una mujer que ya es un símbolo.
Redondeando la faena, la empresa cuenta con periodistas que se venden bien y desde la televisión, justifican lo que no tiene nombre. Bueno, de otro modo, su vil oficio no gozaría de la paga que los pone gordos y felices.   
Yanacocha es el nombre de la empresa lumpen, que desde que empezó a operar en Cajamarca trajo la más grande inseguridad social de su historia, comparable solo con la que hubo días después de la masacre de Atahualpa.  
La mujer es una personalidad del medio rural y marginal, que se hizo famosa en el mundo por defender las lagunas de su pueblo, al extremo que ha inspirado obras de carácter testimonial cinematográfico, y, que, además obtuvo el premio Goldman, por su lucha a favor del medio ambiente.  
¿Su nombre? Máxima Acuña. Si algo reflejan los nombres al perfil de las personas, diremos que en este caso es exacto, porque esta mujer sencilla como su medio rural, tiene un coraje y un espíritu que afirma su capacidad y tenacidad para hacerle frente a la adversidad y a la violencia de una empresa que no tiene el menor respeto y consideración por la vida.
Si se nos preguntara ¿qué analogía encontramos entre una entidad empresarial y otra política? diremos en este caso, que la empresa tiene la misma vocación violentista del fujimorismo. Claro que esta comparación no la ofende a Yanacocha, al contrario, la toma como un honor.  
Felizmente, entidades políticas de izquierda y sociales como las rondas campesinas, no están dispuestos a dejar que los hechos queden en la impunidad. Por eso, han hecho bien los congresistas del Frente Amplio a exigir una investigación ante Defensoría del Pueblo, a fin de deslindar responsabilidades y sancionar a los responsables.
Pero, la lucha legal debe correr en paralelo a la lucha de los pueblos para demandar respeto a la vida de todos los que se enfrentan al abuso, de todos los que defienden la vida, el agua y el medio ambiente. Aquí hay un tema sobre el que el gobierno de PPK tiene que pronunciarse de manera muy clara.
Es verdad que el reciente es un gobierno que se mueve dentro del modelo neoliberal que impuso el delincuente presidente, hoy en prisión; pero, debe dar un mensaje, que la empresa entienda que el país no es una selva y que los ciudadanos no son sus esclavos.
Finalmente, hay más de una razón para articular un fuerte movimiento de apoyo a las causas justas de nuestro pueblo. No basta decirle NO a la empresa que en este caso actúa como una mafia delincuencial. Si lo permitimos mañana será peor.
Ahora, al cierre de este breve artículo me acuerdo otra vez de la canción de Jara: “Cuando querrá el Dios / del cielo / que la tortilla se vuelva,/  que los pobres coman pan, / que los pobres coman paz… Y los ricos… mierda… mierda…




   

lunes, 5 de septiembre de 2016

ENCUENTRO HISTÓRICO DE LOS COMUNISTAS Y REVOLUCIONARIOS




Por Julio Yovera*
Lima fue la sede del Encuentro Latinoamericano y Caribeño de las organizaciones comunistas, de izquierda y revolucionarias del mundo. El acto no mereció la menor atención de los medios de comunicación masivos; lo que no tiene por qué extrañarnos ni desalentarnos. Ya sabemos que, por prejuicio, por ignorancia, por defender sus intereses, sobre estos temas cae siempre la censura. Lo importante del Encuentro no está en lo que dijo de él sino en lo que sus delegados reflexionaron y acordaron.   
Las organizaciones sociales y culturales, los trabajadores y los movimientos originarios avanzan a pesar de las dificultades y al empeño del imperio para desprestigiar la resistencia de los pueblos. No es poco lo que las fuerzas socialistas y progresistas hacen, pues, se enfrentan a un adversario que concentra un enorme poder, aunque, como se señaló, se avanza a una multipolaridad que le traerá fricciones y conflictos, y por eso mismo, el imperio defenderá, con todo, lo que considera que es suyo. Lo estamos viendo ahora en los países donde el electorado optó por respaldar a las fuerzas progresistas.
Si bien en el Encuentro no hubo consenso en todo, por ejemplo, en el análisis y la apreciación del panorama internacional, sí hubo coincidencias que gravitan a favor de la lucha de los pueblos. Hubo también coincidencias en el diagnóstico de la crisis de la civilización capitalista, que enajena hasta niveles infrahumanos a la especie y el planeta. Su fundamentalismo promueve la xenofobia y el fanatismo ideológico y político. Sobre el particular no hay la menor duda.  
En el credo del imperio,  la libertad, al margen de consideraciones objetivas, definen el destino de los seres humanos: sobreviven lo que están dotados a abrirse paso; los demás que no califican deben desaparecer. Esa es su “lógica”. La solidaridad para ellos es poco menos que una enfermedad.
En el credo del imperio, solo aquello que se somete al mercado es digno de merecimiento y veneración. Y no tiene el menor escrúpulo en maniobrar e intervenir en cualquier latitud para apropiarse de los bienes de la naturaleza con el ardid de la “inversión”, aunque para ello, colateralmente, haga enormes daños a la vida, incluyendo el asesinato, y la depredación del medio ambiente.
Un encuentro que desde el sector popular formula argumentos, razones, propuestas al imperio, es algo que no le hace gracia alguna, y, por eso, su semblante arisco frente a esta iniciativa, que dígase de paso, es resultado de la unidad de los comunistas peruanos.  
Hasta hace algunos pocos años, F. Fukuyama, A. Tofler y P. Drucker trataron de renovar la teoría de la historia: al imperio le llamaron “sociedad del conocimiento”; a la tercera revolución científico-técnica, “tercera ola”; a las  sociedades semi-coloniales y neocoloniales, “países emergentes” o “en vías de desarrollo”. Parecía que las tesis socialistas y marxistas perdían la batalla inevitablemente; más cuando en el planeta apareció el neoliberalismo (en el contexto de la globalización) y en algunos países el “socialismo real” se derrumbó inevitablemente.
Hoy, en el horizonte de la lucha social y de clases aparece el fantasma del socialismo revitalizado. Se abre una esperanza. Y por eso, el mensaje optimista de Mariátegui estuvo presente en el encuentro de quienes frente al capitalismo no huyen, sino que lo enfrentan y señalan el horizonte socialista, que no será un paraíso pero sí mucho mejor que el orden criminal que impone el imperio.
Cuba y Fidel son buenos ejemplos para los pueblos y revolucionarios. Se ha retomado el camino de la unidad bolivariana. El reto es avanzar. Excelente la iniciativa pero será mejor si en el futuro no hay sectores y personalidades excluidas. Los partidos y las izquierdas deben sacudirse de posturas sectarias. Es un requisito para avanzar.

+ Docente de Literatura.
Exdirector de Patria Roja
  


PONENCIA DE ALBERTO MORENO




ENCUENTRO  INTERNACIONAL DE PARTIDOS COMUNISTAS Y REVOLUCIONARIOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
LIMA, 26-28 DE AGOSTO DE 2016

RETOS DE LOS COMUNISTAS Y LA IZQUIERDA PERUANA EN EL QUINQUENIO
Ponencia del Partido Comunista del Perú- Patria Roja
Las elecciones recientes ratificaron lo previsto: la polarización derecha-derecha ante la ausencia de una alternativa unificada desde la izquierda, el movimiento popular y el progresismo. El voto por Kuczynski, representante del capital transnacional, como el mal menor frente a la candidata del fujimorismo conocida por su trayectoria neoliberal, dictatorial y mafiosa, para la izquierda significó una situación forzada que pudo evitarse de aceptar nuestra propuesta de “un solo frente, un solo programa, un solo candidato”. La política del mal menor, cuando hay que elegir entre opciones de derecha, es el último recurso y el menos deseable.
Debemos admitir que un factor fundamental que explica haber llegado a esta situación tiene relación con el insuficiente posicionamiento político y de masas de los comunistas, y de no contar con la inscripción legal que lo facilitara. La política, en última instancia, tiene que ver con la correlación de fuerzas  construida, y la unidad se alcanzará si se cuenta con la política correcta, la influencia, la iniciativa y el liderazgo que obligue a ella y para asegurar se preserve y se garantice su futuro. Esta es la lección más importante que podemos extraer de las últimas experiencias electorales, y también el reto a resolver.
VICISITUDES DE LA LUCHA ELECTORAL
En la década de los ochenta del siglo pasado, consecuencia de una acumulación de décadas de lucha, se construyó Izquierda Unida, que se convirtió en la segunda fuera electoral del país, en aglutinante fundamental de las organizaciones populares, con gran influencia en la intelectualidad y la juventud. Sin embargo, se la destruyó con una facilidad asombrosa y sus consecuencias las sufrimos hasta el presente. El colapso de IU significó una derrota de alcance estratégico que llevó a la fragmentación de la izquierda peruana, la pérdida de su base social ahora influida por el fujimorismo, consiguientemente la debilidad para enfrentar la ofensiva neoliberal  que se desplegóen todos los campos. El resultado inevitable fue su arrinconamiento ideológico, político y moral,agravado por el enorme descrédito que significó la aventura de Sendero Luminoso, que la derecha supo aprovechar hábilmente.
La recuperación de ese período de ofensiva neoliberal, de reflujo de masas y de defensiva política de la izquierda, no ha sido fácil. Los avances alcanzados tampoco son suficientes ni seguros.  El éxito que significó la candidatura de Humalaen 2006 y luego en el 2011, con su propuesta de “Gran Transformación”, por ejemplo,  mostró el agotamiento de la imagen triunfalistadel neoliberalismo,por el otro, lasexpectativas de cambio en importantes sectores del electorado, que supo capitalizar en ausencia de una izquierda capaz de liderarla. Una vez más, en ausencia de un proyecto propio de la izquierda socialista y de la unidad para ganar el respaldo del pueblo, la política del mal menor que abre paso a la frustración, que desorganiza y dificulta construir las fuerzas propias.
En las elecciones de este año la izquierda se presentó nuevamente dividida. Los resultados fueron favorables, en términos cuantitativos, aunque la base que lo sustenta sigue siendo frágil y volátil si no se alcanza a consolidarla. En términos generales las candidaturas de izquierda tuvieron una votación importante, incluso inesperada. Verónica Mendoza, del Frente Amplio, 18 por ciento; Gregorio Santos, de Democracia Directa, 4.5 por ciento. De haberse alcanzado la unidad por la que abogamos con la propuesta de un solo frente, un solo programa, un solo candidato presidencial, que era perfectamente alcanzable, el escenario político sería diferente: en la segunda vuelta  habrían competido  una candidatura de derecha con otra de izquierda, independientemente del matiz que ésta tuviese, creando condiciones para construir una izquierda política y social alternativacon capacidad de disputar el gobierno, encontrarse en mejores condiciones para reconstruir el tejido social y sindical hoy debilitado, atraer masivamente a los trabajadores, a la intelectualidad, a la mujer, a la juventud. A pesar del éxito parcial, su base es débil y, estratégicamente, nos encontramos frente a una nueva oportunidad desaprovechada.
Lo importante, en todo caso, es el surgimientos de liderazgos electorales que esperamos no se pasmen ni se refugien en el sectarismo estrecho que forma parte de nuestra cultura política. Esta situación nos incluye también a los partidos comunistas, que no hemos salido bien librados pese a las potencialidades que disponemos por separado y de conjunto.
Pese a todo lo señalado las condiciones para el desarrollo de la izquierda, también del socialismo, son favorables. Un amplio sector de la población, incluyendo la juventud, siente la necesidad de un cambio de rumbo para país. Crece cada día su indignación, buscan un referente y un liderazgo que les señale el horizonte. Han desplegado importantes luchas y grandes movilizaciones, como la reciente del 13 de agosto que puso en pie a más de cien mil manifestantes en Lima, en respuesta a la agresión machista de que son víctimas las mujeres. El  estado de ánimo de la población indica una temperatura que se eleva, que está en condiciones de avanzar de la indignación a la conciencia y la organización  ¿Por qué, entonces, las organizaciones políticas de izquierda son débiles comparativamente con ese potencial, incluyéndonos también a los comunistas? Esta es una pregunta clave que necesita respuesta. Indica que el problema no está en las masas populares y su atraso político, sino en el factor consciente, en la conducción, y es aquí donde hay que buscar la respuesta.
El movimiento sindical y popular enfrenta dificultades importantes. La ofensiva general contra los trabajadores, de la que forman parte la desregulación laboral y la precarización del trabajo, una legislación orientada a maniatar al pueblo, sancionar sus luchas y fragmentarla; la utilización del terrorismo como mecanismo de intimidación, sumado a errores propios de burocratismo y conservadurismo en los métodos de trabajo,  han favorecido la desestructuración de sus organizaciones. Sólo el 6 por ciento de trabajadores se encuentran sindicalizado y el movimiento campesino organizado, otrora poderoso, se halla muy debilitado. El despertar de la juventud a la política es creciente sin alcanzar la potencialidad que debiera.
Realidades nuevas exigen también respuestas y métodos nuevos. El enemigo de clase hace lo que debe hacer para defender sus privilegios. Quienes estamos en la otra orilla necesitamos también perfeccionar nuestras herramientas de lucha, actualizar nuestros métodos de trabajo, recuperar la iniciativa, estrechar mucho más nuestros vínculos con el pueblo trabajador.
MIRAR LAS COSAS COMO SON
Quisiéramos recurrir a Mariátegui y a Fidel como paradigmas de actitud comunista ante los hechos. “Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca”, expresó el Amauta al definir un rasgo fundamental de su personalidad. Fidel aboga por decir la verdad: “es necesario criticar, advertir, señalar todo lo que es subjetivo”. Sinceridad, severo espíritu crítico, es lo que necesitamos.
El marxismo peruano posterior a Mariátegui ha pecado justamente de su aceptación formal, ritual, perdiendo de vista su esencia dialéctica, creadora, concreta. Mariátegui reclamó “creación heroica”; lo que se abrió paso, en su lugar, fue más bien una versión dogmática, de seguidismo del exterior, que imposibilitó construir un pensamiento teórico con raigambre nacional, que entendiera la realidad compleja del país y encontrara respuesta a esa complejidad, única manera de aproximar la revolución y el socialismo a la conciencia del pueblo, de incorporarlo a la lucha por ese ideal. La batalla en el ámbito de las ideas y la comunicación es, en ese sentido, fundamental. Así lo entendió Mariátegui y trabajó intensamente en ese ámbito. Esa tradición no fue continuada con la fuerza e inteligencia del caso y sigue siendo uno de los puntos débiles a resolver. Es una ventaja que se le entrega a la derecha, permitiéndole fortalecer su hegemonía en ese campo sacando provecho del poder mediático que dispone.  Unos ejemplos son suficientes para demostrarlo: el descrédito que han construido en el imaginario público de la Revolución Bolivariana de Venezuela y su liderazgo, o la justificación del golpe de estado contra la presidenta DilmaRoussef, de Brasil.
En la visión de Mariátegui y en la forma como asumió la tarea revolucionaria y socialista que le cupo, en los 7 escasos años de vida que le quedó a su retorno de Europa, hay un eje central: la articulación de la ideología y la cultura, con la política y la lucha de masas,como partes de un todo único en la construcción de las fuerzas revolucionarias. Esta mirada estratégica y su correspondiente práctica, es lo que se ha perdido de vista dando paso, en su lugar, a una visión unilateral, fragmentada, cortoplacista. El resultado inevitable es la subsunción, en nuestro caso, del partido comunista en el movimiento espontáneo, de la política en la lucha económica, o también en la participación electoral convertida en fin en sí mismo en lugar de medio de lucha  para acceder al gobierno y alcanzar la transformación económica y social. En esas condiciones la construcción del partido deviene instrumental, y la cuestión de la hegemonía, de cardinal importancia, simplemente desaparece. Vale la pena recordar unas palabras de Lenin de gran utilidad al respecto, independientemente de las condiciones nuevas en que nos toca actuar: “El proletariado es revolucionario sólo cuando tiene conciencia  de esta idea de la hegemonía y la realiza”. Sin tener clara esta idea de la hegemonía y de la estrategia que incorpore en un todo articulado la lucha ideo-cultural, política y de masas, difícilmente se accederá, por lo menos en la experiencia peruana, a contar con un partido revolucionario grande, influyente, que se prepara para gobernar. Condición fundamental, también, para unir las fuerzas unibles, dejando atrás una larga tradición sectaria que ha permitido y permite o facilita la fragmentación de sus fuerzas.
El Partido Comunista debía ser el partido de la clase obrera, pero también el partido político que expresa al puebloy la nación; no el partido secta en que devinimos y del cual aún no salimos del todo, consumido por divisiones, deformaciones economicistas, cuando no por la rutina. En esas circunstancias era inevitable la falta de perspicacia y de audacia para explotar las oportunidades, tomar la iniciativa, hacer política  grande, generar liderazgos, concentrar fuerzas, construir bastiones revolucionarios, con clara visión de poder. El partido se construye al calor de la lucha política, ideo-cultural y de masas, sumando siempre y restándole fuerzas a su adversario, no en la perfección de su soledad.
El marxismo, antes influyente, hoy es marginal incluso en el seno de la juventud y la intelectualidad. Se explica por  nuestras carencias, no porque sea un pensamiento superado por la realidad. Lo que nos falta es más marxismo, más “creación heroica”, más capacidad de responder a la exigencia de estos tiempos. Lo que está muerto es el “marxismo” dogmático, fosilizado, de las citas inertes, que repugnó Mariátegui. “La teoría es gris, verde el árbol de la vida”,escribió con razón el poeta alemán Goethe. No se puede exigir que toda la izquierda adhiera al marxismo o asuma el socialismo. Parte importante de ella, que se atribuye ese membrete, se mueve más de las veces en torno de ideas liberales y su perspectiva no escapa de las fronteras del pensamiento burgués. Sin embargo, hay puntos comunes a tomar en cuenta en la lucha contra el enemigo común que es el imperialismo, el gran capital y sus representantes políticos, ideológicos, culturales. Sin una batalla firme en el terreno de la teoría, si se  cede este terreno a los teóricos y propagandistas de la derecha, si no formamos nuestros contingentes de intelectuales orgánicos y propagandistas marxistas, tampoco podremos avanzar, como los hechos lo vienen demostrando. De aquí la importancia de trabajar con las nuevas generaciones de revolucionarios, la atención a su formación integral, su mirada abierta al mundo y los nuevos tiempos, su espíritu crítico, su capacidad de acción, sus vínculos profundos con el pueblo, única manera de evitar errores de sectarismo y burocratismo.
Los comunistas peruanos necesitamos dar un salto de calidad y de cantidad para colocarnos a la altura de las responsabilidades que nos corresponde y salir del círculo vicioso de la inercia. Poco importa la crítica del comportamiento de otras agrupaciones o personas si no somos capaces de hacer las cosas bien, correcta y oportunamente. Camino al IX Congreso hemos iniciado un examen profundo de la experiencia histórica del partido, de su situación y de los problemas a ser resueltos, con serio criterio autocritico. Mostrar la situación como es, examinar sus causas, debelar sus consecuencias y buscar soluciones nuevas, es el propósito. Sabemos que el Partido puede avanzar mucho y rápidamentea condición de superar lastres mirando con realismo y audacia el presente y el futuro de la causa revolucionaria en el Perú y en América Latina. 
EL ESCENARIO POLÍTICO Y LA TÁCTICA
El gobierno que acaba de instalarse continuará las grandes líneas del modelo neoliberal que viene aplicandosedesde la década de los noventa del siglo pasado. La economía peruana crecerá este año 3.5%, mientras América Latina contraerá su crecimiento a 0,4% en promedio. La perspectiva económica en el Perú no es alentadora, lo que significa un quinquenio complicado, tenso, de agudización de los conflictos sociales, para lo cual debemos encontrarnos preparados. Ajustes con indicadores sociales que anuncia el gobierno del sr. Kuczynski, no modifican el panorama. Son paliativos antes que soluciones. El Estado peruano y sus instituciones, resultado del estado subsidiario del mercado que consagra la Constitución de 1993, además de su ineficiencia se encuentra desbordado por la corrupción, la violencia y el narcotráfico. La promesa de un “Perú moderno” para el bicentenario, al igual que la promesa del expresidente García de un “país del primer mundo”, carece de sustento real. El peligro mayor es que el fujimorismo, el único partido político con estructura organizada y base social real, cope lo gobiernos regionales y municipales en las elecciones del 2018 y se prepare para asaltar el gobierno nacional en 2021, sin fuerzas de resistencia al frente.
No obstante las dificultades señaladas, las condiciones son favorables para la construcción de una alternativa de cambios que incorpore a la izquierda, al movimiento  popular y a los sectores progresistas, en torno de una plataforma de cambios fundamentales, comenzando por recuperar el rol dirigente  del Estado.  Pretender el socialismo, hoy, no cuenta con la correlación de fuerzas que lo permita. A él avanzaremos a través fases y aproximaciones, de avances lentos o a saltos, de acuerdo con las condiciones y de acuerdo también con la correlación de fuerzas que vayamos construyendo. El discurso lo permite todo; la vida, es decir los hechos, no. 
El proyecto neoliberal está agotado. Sobre esa base es inviable el desarrollo con justicia social y la diversificación de la economía que deje atrás el lastre histórico de la economía que se sustenta en los recursos naturales. Fundar un nuevo Estado hace indispensable construir una democracia crecientemente participativa, pues sin la presencia organizada de la población no es mucho lo que se puede lograr. La nación sigue siendo un objetivo a realizar, así como la integración étnica y cultural,  la descentralización para incorporar al mundo moderno el vasto espacio interior.
Se requiere, en suma, un proyecto nacional que funde una nueva república,  cuente con una nueva Constitución, sólo posible con un gobierno patriótico, democrático, de regeneración moral y amplia base social. Tarea inmensa, cierto, pero posible con la suma de todas las fuerzas que aspiran o sienten la necesidad de un cambio de rumbo en el país.
La experiencia latinoamericana ha demostrado que se puede llegar al gobierno y, desde allí, proceder a realizar cambios de fondo.  Pero demuestra, también, la necesidad de estar preparados para gobernar, contando con grandes partidos implantados y organizados en la sociedad, con visión de futuro, con capacidad para resistir y derrotar la contraofensiva de las fuerzas conservadoras y el imperialismo. La batalla por la unidad en torno de un programa común, con normas obligatorias para todos, marcada por una democracia interna asumida responsablemente, nutrida de valores que le cierren el paso a toda forma de corrupción, caudillismo u oportunismo, deviene tarea estratégica a construir con paciencia y firmeza.
En el Perú existen condiciones para construir una izquierda poderosa de cara a las elecciones del 2021, con presencia en los sectores populares y medios e influencia creciente en los aspectos político e ideológico. Una izquierda aglutinante de amplios sectores del pueblo peruano que le dispute al fujimorismo el gobierno en las elecciones regionales del 2018 y en las elecciones nacionales de 2021. Sí es posible contar con una izquierda que termine el ciclo del voto por el candidato de la derecha que representa el mal menor. Se trata de hacer realidad esa posibilidad ¿Encontraremos la madurez suficiente para alcanzarla? Hay que intentarlo por encima de cualquier dificultad desarrollando, al mismo tiempo, con audacia, nuestras fuerzas. Si no eres fuerte, influyente y audaz, poco se alcanzará.
La responsabilidad de los comunistas no es, pues, pequeña. Conscientes de su implicancia estamos en la obligación de superar problemas históricos acumulados y que se han convertido en obstáculos; de renovar métodos y estilos agotados o incorrectos; salir a la acción política disputando cada centímetro de la hegemonía a la derecha criolla y su matriz, el imperialismo. Los pasos que venimos dando en la unidad de los comunistas es una señal clara de que se puede avanzar, sentar las bases de una unidad mayor, estar mejor preparados para enfrentar la ofensiva neoliberal y derrotarla paso a paso.  Podemos mirar confiados el futuro y alcanzar victorias a favor del pueblo peruano.



DECLARACIÓN DE LIMA



Nosotros, los abajo firmantes, delegados y delegadas de los partidos comunistas y revolucionarios de América Latina y el Caribe, reunidos en la ciudad de Lima, los días 26, 27 y 28 de agosto de 2016, en el Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Revolucionarios de América Latina y el Caribe, saludamos la preparación y organización de este evento a cargo del Partido Comunista Peruano y el Partido Comunista del Perú “Patria Roja”, nos congratulamos con los esfuerzos que hacen por la unidad de los comunistas y la izquierda peruana. Queremos destacar además que realizamos este encuentro a pocos días del cumpleaños número 90 del comandante Fidel Castro, ejemplo de conducta revolucionaria y compromiso con su pueblo, para todos los luchadores de nuestro continente. Aprovechamos además esta oportunidad, para expresar nuestra consecuente solidaridad con el pueblo cubano y exigimos el fin del criminal bloqueo al que sigue sometido. 
Saludamos el acuerdo de paz en Colombia y llamamos a acompañar con solidaridad y mucha atención su cumplimiento. 
Crisis civilizatoria del capitalismo y ofensiva imperialista 
Este encuentro lo realizamos en el marco de la mayor crisis en la historia del capitalismo. Como consecuencia de la misma, el imperialismo se vuelve cada día más agresivo, persiste en sus políticas coloniales como en Puerto Rico, Islas Malvinas y otras. A la vez realiza una ofensiva brutal en contra de la soberanía de las naciones, los derechos de los pueblos y la paz mundial. Mientras alienta políticas y discursos anticomunistas a la vez que favorece el crecimiento de grupos fascistas y xenófobos. 
La realidad latinoamericana actual se caracterizó desde fines de la década del 90 por afrontar la crisis del neoliberalismo y haber logrado en varios países, la instalación en el gobierno de proyectos de carácter progresista y de izquierda. Uno de los rasgos destacables en estos años ha sido la reinstalación de la idea de Patria Grande latinoamericana y el fuerte impulso que tomaron los procesos de integración que se llevaron adelante en la misma.
Este fue el gran motor que impulsó los avances más importantes en la región con las particularidades de cada país. Para los comunistas y revolucionarios esta sigue siendo una importante bandera ya que entronca fuertemente con el internacionalismo que siempre hemos practicado. Hoy nuestra región está sufriendo la contraofensiva imperial y se encuentra fuertemente condicionados por la misma.
Contraofensiva actual del imperialismo
El imperialismo norteamericano viene desplegando una combinación múltiple en su contraofensiva sobre Nuestra América: reforzamiento militar y amenazas permanentes con la proliferación de bases militares, conjugada con una batería mediática y cultural que busca “normalizar” y “naturalizar” la penetración militar y el dominio ideológico sobre nuestros pueblos, territorios y correspondientes bienes naturales estratégicos.
Las reservas petrolíferas, acuíferas, minerales y la biodiversidad en nuestros territorios se constituyen en la principal motivación para esta contraofensiva política y militar. Un ejemplo de esto es el intento de imponer acuerdos como la Alianza del Pacífico, TISA y TPP claramente direccionados a favor los intereses de los EEUU. 
El concepto de guerra total o guerra de cuarta generación combina guerras convencionales, asimétricas, psicológicas, políticas, mediáticas con el objetivo de disgregar a nuestras sociedades y pueblos, en la ilusión de que el caos sea controlado por ellos en función del saqueo de nuestros recursos y la superexplotación de trabajadoras y trabajadores, como queda demostrado con la brutal ofensiva sobre los derechos laborales y libertades sindicales que se desarrolla en la región. 
En este marco se contemplan los golpes de Estado de nuevo tipo ya triunfantes en Honduras y Paraguay y en pleno proceso en Brasil. Así como las últimas elecciones en Argentina donde una fuerte campaña desestabilizadora articulada desde la embajada de EEUU, aprovechó los límites y debilidades del proceso argentino, lo que llevó al triunfo electoral de la derecha en dicho país. A esto debemos sumar por supuesto, las intenciones golpistas en Venezuela, Bolivia, Salvador y Ecuador. En el marco de esta ofensiva se registra el intento de impedir que la República Bolivariana de Venezuela asuma la Presidencia Pro Tempore del MERCOSUR conforme le corresponde por las propias normativas y estatutos de este organismo de integración regional. 
Esta contraofensiva imperialista, como ya dijimos cada vez se expresa de forma más brutal y violenta en su intento por mantener una región a la que siguen considerando su “patio trasero”. 
Desafíos y retos para alcanzar la unidad 
La crisis capitalista ha provocado mayor desigualdad, inequidad, pobreza e injusticia en todo el mundo. Claramente ha fracasado en resolver los grandes problemas que enfrenta la humanidad y por el contrario es la causa de muchos de ellos. 
Frente a esto hemos iniciado un proceso de debate para construir un programa político que aborde los conceptos, valores, y proyecciones políticas que nos corresponde asumir para conducir los cambios en América Latina y el Caribe.
En todos nuestros países, el tema de la unidad es un elemento clave para llevar adelante la construcción de alternativas verdaderamente populares y transformadoras al servicio de nuestros pueblos. 
Para los comunistas y revolucionarios, la unidad debe construirse desde la articulación real con los sujetos sociales de cambio, en base a la alianza obrero-campesina y popular, que articule a todos los sectores oprimidos, excluidos y discriminados de nuestra región, en la cual los jóvenes y mujeres tienen un rol clave.
Es por eso que defendemos y apoyamos todos los esfuerzos de unidad política y social que se desarrollan en nuestro continente. La experiencia de los frentes políticos de izquierda que han logrado articular las fuerzas sociales alrededor de un programa de cambio son un claro ejemplo a seguir. 
Buscamos las coincidencias programáticas, reafirmando que la única opción viable contra el capitalismo es el socialismo. Propuesta que implica la real independencia, la justicia social, la igualdad de oportunidades, la distribución equitativa de la riqueza, el respeto al medio ambiente, el derecho de los pueblos a decidir libremente y de forma democrática el proyecto de sociedad. Nos guía la defensa de los intereses de las clases trabajadoras y los sectores oprimidos y discriminados, la lucha por el socialismo basada en una ética y moral revolucionaria. 
A todos los revolucionarios de América Latina les hacemos un llamado a la unidad. En estos difíciles momentos, debemos de construirla donde no haya y fortalecerla donde ya exista. Por la democracia, por la justicia, por la soberanía nacional y por la igualdad.

POR UNA REAL INDEPENDENCIA Y EL SOCIALISMO

Lima, 28 de agosto de 2016.