ENCUENTRO INTERNACIONAL DE PARTIDOS COMUNISTAS Y
REVOLUCIONARIOS DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
LIMA, 26-28 DE
AGOSTO DE 2016
RETOS
DE LOS COMUNISTAS Y LA IZQUIERDA PERUANA EN EL QUINQUENIO
Ponencia
del Partido Comunista del Perú- Patria Roja
Las
elecciones recientes ratificaron lo previsto: la polarización derecha-derecha
ante la ausencia de una alternativa unificada desde la izquierda, el movimiento
popular y el progresismo. El voto por Kuczynski, representante del capital
transnacional, como el mal menor frente a la candidata del fujimorismo conocida
por su trayectoria neoliberal, dictatorial y mafiosa, para la izquierda
significó una situación forzada que pudo evitarse de aceptar nuestra propuesta
de “un solo frente, un solo programa, un solo candidato”. La política del mal
menor, cuando hay que elegir entre opciones de derecha, es el último recurso y
el menos deseable.
Debemos
admitir que un factor fundamental que explica haber llegado a esta situación
tiene relación con el insuficiente posicionamiento político y de masas de los
comunistas, y de no contar con la inscripción legal que lo facilitara. La
política, en última instancia, tiene que ver con la correlación de fuerzas construida, y la unidad se alcanzará si se
cuenta con la política correcta, la influencia, la iniciativa y el liderazgo
que obligue a ella y para asegurar se preserve y se garantice su futuro. Esta
es la lección más importante que podemos extraer de las últimas experiencias
electorales, y también el reto a resolver.
VICISITUDES
DE LA LUCHA ELECTORAL
En la
década de los ochenta del siglo pasado, consecuencia de una acumulación de
décadas de lucha, se construyó Izquierda Unida, que se convirtió en la segunda
fuera electoral del país, en aglutinante fundamental de las organizaciones populares,
con gran influencia en la intelectualidad y la juventud. Sin embargo, se la
destruyó con una facilidad asombrosa y sus consecuencias las sufrimos hasta el
presente. El colapso de IU significó una derrota de alcance estratégico que
llevó a la fragmentación de la izquierda peruana, la pérdida de su base social
ahora influida por el fujimorismo, consiguientemente la debilidad para
enfrentar la ofensiva neoliberal que se
desplegóen todos los campos. El resultado inevitable fue su arrinconamiento ideológico,
político y moral,agravado por el enorme descrédito que significó la aventura de
Sendero Luminoso, que la derecha supo aprovechar hábilmente.
La
recuperación de ese período de ofensiva neoliberal, de reflujo de masas y de
defensiva política de la izquierda, no ha sido fácil. Los avances alcanzados
tampoco son suficientes ni seguros. El
éxito que significó la candidatura de Humalaen 2006 y luego en el 2011, con su
propuesta de “Gran Transformación”, por ejemplo, mostró el agotamiento de la imagen triunfalistadel
neoliberalismo,por el otro, lasexpectativas de cambio en importantes sectores
del electorado, que supo capitalizar en ausencia de una izquierda capaz de
liderarla. Una vez más, en ausencia de un proyecto propio de la izquierda
socialista y de la unidad para ganar el respaldo del pueblo, la política del
mal menor que abre paso a la frustración, que desorganiza y dificulta construir
las fuerzas propias.
En las
elecciones de este año la izquierda se presentó nuevamente dividida. Los
resultados fueron favorables, en términos cuantitativos, aunque la base que lo
sustenta sigue siendo frágil y volátil si no se alcanza a consolidarla. En
términos generales las candidaturas de izquierda tuvieron una votación
importante, incluso inesperada. Verónica Mendoza, del Frente Amplio, 18 por
ciento; Gregorio Santos, de Democracia Directa, 4.5 por ciento. De haberse
alcanzado la unidad por la que abogamos con la propuesta de un solo frente, un
solo programa, un solo candidato presidencial, que era perfectamente alcanzable,
el escenario político sería diferente: en la segunda vuelta habrían competido una candidatura de derecha con otra de
izquierda, independientemente del matiz que ésta tuviese, creando condiciones
para construir una izquierda política y social alternativacon capacidad de
disputar el gobierno, encontrarse en mejores condiciones para reconstruir el
tejido social y sindical hoy debilitado, atraer masivamente a los trabajadores,
a la intelectualidad, a la mujer, a la juventud. A pesar del éxito parcial, su
base es débil y, estratégicamente, nos encontramos frente a una nueva
oportunidad desaprovechada.
Lo
importante, en todo caso, es el surgimientos de liderazgos electorales que
esperamos no se pasmen ni se refugien en el sectarismo estrecho que forma parte
de nuestra cultura política. Esta situación nos incluye también a los partidos
comunistas, que no hemos salido bien librados pese a las potencialidades que
disponemos por separado y de conjunto.
Pese a
todo lo señalado las condiciones para el desarrollo de la izquierda, también
del socialismo, son favorables. Un amplio sector de la población, incluyendo la
juventud, siente la necesidad de un cambio de rumbo para país. Crece cada día
su indignación, buscan un referente y un liderazgo que les señale el horizonte.
Han desplegado importantes luchas y grandes movilizaciones, como la reciente
del 13 de agosto que puso en pie a más de cien mil manifestantes en Lima, en
respuesta a la agresión machista de que son víctimas las mujeres. El estado de ánimo de la población indica una
temperatura que se eleva, que está en condiciones de avanzar de la indignación
a la conciencia y la organización ¿Por
qué, entonces, las organizaciones políticas de izquierda son débiles
comparativamente con ese potencial, incluyéndonos también a los comunistas?
Esta es una pregunta clave que necesita respuesta. Indica que el problema no
está en las masas populares y su atraso político, sino en el factor consciente,
en la conducción, y es aquí donde hay que buscar la respuesta.
El movimiento
sindical y popular enfrenta dificultades importantes. La ofensiva general
contra los trabajadores, de la que forman parte la desregulación laboral y la
precarización del trabajo, una legislación orientada a maniatar al pueblo,
sancionar sus luchas y fragmentarla; la utilización del terrorismo como mecanismo
de intimidación, sumado a errores propios de burocratismo y conservadurismo en
los métodos de trabajo, han favorecido
la desestructuración de sus organizaciones. Sólo el 6 por ciento de trabajadores
se encuentran sindicalizado y el movimiento campesino organizado, otrora
poderoso, se halla muy debilitado. El despertar de la juventud a la política es
creciente sin alcanzar la potencialidad que debiera.
Realidades
nuevas exigen también respuestas y métodos nuevos. El enemigo de clase hace lo
que debe hacer para defender sus privilegios. Quienes estamos en la otra orilla
necesitamos también perfeccionar nuestras herramientas de lucha, actualizar
nuestros métodos de trabajo, recuperar la iniciativa, estrechar mucho más
nuestros vínculos con el pueblo trabajador.
MIRAR
LAS COSAS COMO SON
Quisiéramos
recurrir a Mariátegui y a Fidel como paradigmas de actitud comunista ante los
hechos. “Mi sinceridad es la única cosa a la que no he renunciado nunca”, expresó
el Amauta al definir un rasgo fundamental de su personalidad. Fidel aboga por
decir la verdad: “es necesario criticar, advertir, señalar todo lo que es
subjetivo”. Sinceridad, severo espíritu crítico, es lo que necesitamos.
El
marxismo peruano posterior a Mariátegui ha pecado justamente de su aceptación
formal, ritual, perdiendo de vista su esencia dialéctica, creadora, concreta.
Mariátegui reclamó “creación heroica”; lo que se abrió paso, en su lugar, fue
más bien una versión dogmática, de seguidismo del exterior, que imposibilitó
construir un pensamiento teórico con raigambre nacional, que entendiera la
realidad compleja del país y encontrara respuesta a esa complejidad, única
manera de aproximar la revolución y el socialismo a la conciencia del pueblo,
de incorporarlo a la lucha por ese ideal. La batalla en el ámbito de las ideas y
la comunicación es, en ese sentido, fundamental. Así lo entendió Mariátegui y
trabajó intensamente en ese ámbito. Esa tradición no fue continuada con la
fuerza e inteligencia del caso y sigue siendo uno de los puntos débiles a
resolver. Es una ventaja que se le entrega a la derecha, permitiéndole
fortalecer su hegemonía en ese campo sacando provecho del poder mediático que
dispone. Unos ejemplos son suficientes
para demostrarlo: el descrédito que han construido en el imaginario público de
la Revolución Bolivariana de Venezuela y su liderazgo, o la justificación del
golpe de estado contra la presidenta DilmaRoussef, de Brasil.
En la
visión de Mariátegui y en la forma como asumió la tarea revolucionaria y
socialista que le cupo, en los 7 escasos años de vida que le quedó a su retorno
de Europa, hay un eje central: la articulación de la ideología y la cultura,
con la política y la lucha de masas,como partes de un todo único en la
construcción de las fuerzas revolucionarias. Esta mirada estratégica y su
correspondiente práctica, es lo que se ha perdido de vista dando paso, en su
lugar, a una visión unilateral, fragmentada, cortoplacista. El resultado
inevitable es la subsunción, en nuestro caso, del partido comunista en el
movimiento espontáneo, de la política en la lucha económica, o también en la
participación electoral convertida en fin en sí mismo en lugar de medio de
lucha para acceder al gobierno y alcanzar
la transformación económica y social. En esas condiciones la construcción del
partido deviene instrumental, y la cuestión de la hegemonía, de cardinal
importancia, simplemente desaparece. Vale la pena recordar unas palabras de
Lenin de gran utilidad al respecto, independientemente de las condiciones
nuevas en que nos toca actuar: “El proletariado es revolucionario sólo cuando
tiene conciencia de esta idea de la
hegemonía y la realiza”. Sin tener clara esta idea de la hegemonía y de la
estrategia que incorpore en un todo articulado la lucha ideo-cultural, política
y de masas, difícilmente se accederá, por lo menos en la experiencia peruana, a
contar con un partido revolucionario grande, influyente, que se prepara para
gobernar. Condición fundamental, también, para unir las fuerzas unibles,
dejando atrás una larga tradición sectaria que ha permitido y permite o
facilita la fragmentación de sus fuerzas.
El Partido
Comunista debía ser el partido de la clase obrera, pero también el partido
político que expresa al puebloy la nación; no el partido secta en que devinimos
y del cual aún no salimos del todo, consumido por divisiones, deformaciones
economicistas, cuando no por la rutina. En esas circunstancias era inevitable
la falta de perspicacia y de audacia para explotar las oportunidades, tomar la
iniciativa, hacer política grande,
generar liderazgos, concentrar fuerzas, construir bastiones revolucionarios,
con clara visión de poder. El partido se construye al calor de la lucha política,
ideo-cultural y de masas, sumando siempre y restándole fuerzas a su adversario,
no en la perfección de su soledad.
El
marxismo, antes influyente, hoy es marginal incluso en el seno de la juventud y
la intelectualidad. Se explica por
nuestras carencias, no porque sea un pensamiento superado por la
realidad. Lo que nos falta es más marxismo, más “creación heroica”, más
capacidad de responder a la exigencia de estos tiempos. Lo que está muerto es
el “marxismo” dogmático, fosilizado, de las citas inertes, que repugnó
Mariátegui. “La teoría es gris, verde el árbol de la vida”,escribió con razón
el poeta alemán Goethe. No se puede exigir que toda la izquierda adhiera al
marxismo o asuma el socialismo. Parte importante de ella, que se atribuye ese
membrete, se mueve más de las veces en torno de ideas liberales y su
perspectiva no escapa de las fronteras del pensamiento burgués. Sin embargo,
hay puntos comunes a tomar en cuenta en la lucha contra el enemigo común que es
el imperialismo, el gran capital y sus representantes políticos, ideológicos,
culturales. Sin una batalla firme en el terreno de la teoría, si se cede este terreno a los teóricos y
propagandistas de la derecha, si no formamos nuestros contingentes de
intelectuales orgánicos y propagandistas marxistas, tampoco podremos avanzar,
como los hechos lo vienen demostrando. De aquí la importancia de trabajar con
las nuevas generaciones de revolucionarios, la atención a su formación integral,
su mirada abierta al mundo y los nuevos tiempos, su espíritu crítico, su
capacidad de acción, sus vínculos profundos con el pueblo, única manera de
evitar errores de sectarismo y burocratismo.
Los
comunistas peruanos necesitamos dar un salto de calidad y de cantidad para
colocarnos a la altura de las responsabilidades que nos corresponde y salir del
círculo vicioso de la inercia. Poco importa la crítica del comportamiento de
otras agrupaciones o personas si no somos capaces de hacer las cosas bien,
correcta y oportunamente. Camino al IX Congreso hemos iniciado un examen
profundo de la experiencia histórica del partido, de su situación y de los
problemas a ser resueltos, con serio criterio autocritico. Mostrar la situación
como es, examinar sus causas, debelar sus consecuencias y buscar soluciones
nuevas, es el propósito. Sabemos que el Partido puede avanzar mucho y
rápidamentea condición de superar lastres mirando con realismo y audacia el
presente y el futuro de la causa revolucionaria en el Perú y en América Latina.
EL
ESCENARIO POLÍTICO Y LA TÁCTICA
El
gobierno que acaba de instalarse continuará las grandes líneas del modelo
neoliberal que viene aplicandosedesde la década de los noventa del siglo
pasado. La economía peruana crecerá este año 3.5%, mientras América Latina
contraerá su crecimiento a 0,4% en promedio. La perspectiva económica en el
Perú no es alentadora, lo que significa un quinquenio complicado, tenso, de
agudización de los conflictos sociales, para lo cual debemos encontrarnos
preparados. Ajustes con indicadores sociales que anuncia el gobierno del sr.
Kuczynski, no modifican el panorama. Son paliativos antes que soluciones. El
Estado peruano y sus instituciones, resultado del estado subsidiario del
mercado que consagra la Constitución de 1993, además de su ineficiencia se
encuentra desbordado por la corrupción, la violencia y el narcotráfico. La promesa
de un “Perú moderno” para el bicentenario, al igual que la promesa del
expresidente García de un “país del primer mundo”, carece de sustento real. El
peligro mayor es que el fujimorismo, el único partido político con estructura
organizada y base social real, cope lo gobiernos regionales y municipales en
las elecciones del 2018 y se prepare para asaltar el gobierno nacional en 2021,
sin fuerzas de resistencia al frente.
No
obstante las dificultades señaladas, las condiciones son favorables para la construcción
de una alternativa de cambios que incorpore a la izquierda, al movimiento popular y a los sectores progresistas, en
torno de una plataforma de cambios fundamentales, comenzando por recuperar el
rol dirigente del Estado. Pretender el socialismo, hoy, no cuenta con la
correlación de fuerzas que lo permita. A él avanzaremos a través fases y
aproximaciones, de avances lentos o a saltos, de acuerdo con las condiciones y
de acuerdo también con la correlación de fuerzas que vayamos construyendo. El
discurso lo permite todo; la vida, es decir los hechos, no.
El
proyecto neoliberal está agotado. Sobre esa base es inviable el desarrollo con
justicia social y la diversificación de la economía que deje atrás el lastre histórico
de la economía que se sustenta en los recursos naturales. Fundar un nuevo
Estado hace indispensable construir una democracia crecientemente
participativa, pues sin la presencia organizada de la población no es mucho lo
que se puede lograr. La nación sigue siendo un objetivo a realizar, así como la
integración étnica y cultural, la
descentralización para incorporar al mundo moderno el vasto espacio interior.
Se
requiere, en suma, un proyecto nacional que funde una nueva república, cuente con una nueva Constitución, sólo
posible con un gobierno patriótico, democrático, de regeneración moral y amplia
base social. Tarea inmensa, cierto, pero posible con la suma de todas las
fuerzas que aspiran o sienten la necesidad de un cambio de rumbo en el país.
La
experiencia latinoamericana ha demostrado que se puede llegar al gobierno y,
desde allí, proceder a realizar cambios de fondo. Pero demuestra, también, la necesidad de estar
preparados para gobernar, contando con grandes partidos implantados y
organizados en la sociedad, con visión de futuro, con capacidad para resistir y
derrotar la contraofensiva de las fuerzas conservadoras y el imperialismo. La
batalla por la unidad en torno de un programa común, con normas obligatorias
para todos, marcada por una democracia interna asumida responsablemente,
nutrida de valores que le cierren el paso a toda forma de corrupción, caudillismo
u oportunismo, deviene tarea estratégica a construir con paciencia y firmeza.
En el
Perú existen condiciones para construir una izquierda poderosa de cara a las
elecciones del 2021, con presencia en los sectores populares y medios e influencia creciente en los aspectos político e
ideológico. Una izquierda aglutinante de amplios sectores del pueblo peruano
que le dispute al fujimorismo el gobierno en las elecciones regionales del 2018
y en las elecciones nacionales de 2021. Sí es posible contar con una izquierda
que termine el ciclo del voto por el candidato de la derecha que representa el
mal menor. Se trata de hacer realidad esa posibilidad ¿Encontraremos la madurez
suficiente para alcanzarla? Hay que intentarlo por encima de cualquier
dificultad desarrollando, al mismo tiempo, con audacia, nuestras fuerzas. Si no
eres fuerte, influyente y audaz, poco se alcanzará.
La
responsabilidad de los comunistas no es, pues, pequeña. Conscientes de su
implicancia estamos en la obligación de superar problemas históricos acumulados
y que se han convertido en obstáculos; de renovar métodos y estilos agotados o
incorrectos; salir a la acción política disputando cada centímetro de la hegemonía
a la derecha criolla y su matriz, el imperialismo. Los pasos que venimos dando
en la unidad de los comunistas es una señal clara de que se puede avanzar,
sentar las bases de una unidad mayor, estar mejor preparados para enfrentar la
ofensiva neoliberal y derrotarla paso a paso.
Podemos mirar confiados el futuro y alcanzar victorias a favor del
pueblo peruano.