jueves, 9 de febrero de 2017

LA CORRUPCIÓN, AGRESIÓN PERMANENTE AL PAÍS




Por Julio Yovera.
La corrupción la importó Francisco Pizarro. Ya reconocido como conquistador por la corona española, ésta la dio un enorme poder, que le permitió apropiarse ilícitamente de más de lo que le correspondía y practicar un enorme nepotismo. A lo largo de la colonia, el ultra proteccionismo dio lugar al contrabando, que amasó a favor de la casta burocrática enormes riquezas. La corrupción de hoy viene de esos tiempos. 
Las clases dominantes y los gobiernos la practican tanto que sus mentes se han deformado y no la perciben como un cáncer sino como una "virtud",   
Nuestra sociedad es una de las más atrasadas y una de las más corruptas de la región. Fujimori convirtió la corrupción en política de Estado. Mientras que el cleptómano se mantuvo en el poder, sus actos eran “secreto a voces”, se sabían pero no se decían. Y los que callaron debieron ser, más que otros, los que debieron informarlo, pero no fue así. Al contrario, los medios masivos de comunicación mantuvieron un silencio cómplice.
El pueblo movilizado derrotó a Fujimori. Como todo movimiento social, la protesta tuvo un liderazgo, un conductor, aunque en este caso, no fue consecuencia de un movimiento organizado. El azar colocó en la cresta de la ola a un personaje que sintonizó con las aspiraciones de un pueblo urgido de cambios.
Alejandro Toledo llegó al gobierno como consecuencia de un estado de ánimo, más que como corolario de una acumulación de fuerzas que asumiera como exigencia un nuevo curso, un nuevo camino para el país. Cambió el régimen pero se mantuvo la misma política económica. 
Las mesas de concertación social las instaló el recordado Valentín Paniagua, tan pronto olvidado, acaso por la brevedad de su mandato o porque es un referente sano en medio de una jauría de ladrones.
El ex presidente Toledo no es el único comprometido con los últimos actos de corrupción, Los demás ex gobernantes están atollados de la misma miasma. Todos ellos son parte de una banda al servicio de empresarios que rompían mano para hinchar sus arcas. No solo ODEBRECH. 
Si el Ministerio Público se propusiera como meta erradicar esta práctica delictiva que atenta contra la dignidad y el futuro del país, tendrá que actuar de modo drástico. Y la justicia sería quien debería sancionar ejemplarmente. ¿Se hará?  
El Congreso actual, plagado y hegemonizado por la cleptocracia fujimorista, carece de la acreditación moral para intervenir el tema: los corruptos de ayer no pueden -y no deben ser-  los moralizadores de hoy. Han cambiado de escenario y pero sus hábitos y esencia son más de lo mismo. 
La corrupción no sería lo que es, sino fuera porque el modelo neoliberal la convirtió en parte de la vida. La filosofía pragmática e individualista se ha posesionado del pensamiento de los gobernantes, sean éstos de derecha e “izquierda”. Se ha posesionado también del pensamiento de la gente de la calle: "no importa que robe pero que haga obra" refleja el pensamiento de gente perturbada. 
Las camarillas acceden a la gestión pública no por vocación de servicio, sino para saquear lo que la permisividad de los peruanos les otorga.  
Un dinero que se va a la coima, es un dinero que se le hurta al Estado, a todos los peruanos y que bien podría servir para hacer obras que los pueblos demandan. Para invertir en educación y salud de calidad, programas de vivienda, obras de infraestructura, centros de investigación científica. Habría recursos para mejorar la vida de todos los peruanos.
La sanción ejemplar debe darse, pero no es suficiente. Hacerla retroceder primero y derrotarla después será un proceso. Hay que avanzar a un modelo integral de vigilancia ciudadana. El neoliberalismo no tiene por qué ser intocable, mas, cuando reconocidos investigadores sociales reconocen que hace mucho empezó a hacer agua. 
El neoliberalismo es la alternativa del saqueo, de la corrupción y de la violencia. Nada bueno ha aportado al  desarrollo del país.
El nuevo modelo de las fuerzas ganas deben levantar como bandera la regeneración moral del país. Quiere decir entonces que al mal hay que enfrentarlo integralmente y que corresponde, particularmente a la educación, fomentar desde la teoría educativa y el currículo, una formación que persista en la formación de valores.
El hombre solidario y honrado debe seguir siendo el objetivo a alcanzar, el ideal que nos impulse.  
Así impediremos que la corrupción se trague el país,  como lamentablemente viene haciéndose desde una política que ha sido prostituida por los delincuentes que gobiernan en los espacios locales, provinciales, regionales y en el conjunto de nuestra saqueada nación.