Por Percy Julián Uribe
En el pueblo de Comas, lugar de nuestra morada y trabajo docente, existe un sitio arqueológico preinca llamado Fortaleza de Collique, que nos recuerda el arquitecto Santiago Agurto: En la comarca de Lima, en tiempos pre-incas, gobernaban los señores de Ichima y Colli, abarcando el primero el valle de Lurín y la parte baja de Lima y el segundo la cuenca del río Chillón, desde Quivi hasta el mar. Referente a nuestro distrito precisa que el señorío de los Colli estaba gobernado por el Colli Cápac y tenía su sede en una población llamada hoy Pueblo Viejo, situado cerca de la fortaleza de Collique.*
Con el fin de valorar y proteger nuestro patrimonio cultural, y a través de ello forjar nuestra identidad local y nacional, la Municipalidad de Comas y la UGEL 04 convocaron para hoy viernes 28 una gran concentración de estudiantes del distrito, a fin de realizar una fiesta milenaria y mitológica, que tendría como punto culminante la formación de una Gran Muralla Humana, como peruanos en el encuentro con los orígenes milenarios para construir el gran futuro.
Como siempre, los maestros y maestras que interactuamos en el seno de la comunidad arribamos con nuestros alumnos al punto de concentración a las 9 am., para cumplir con tan loable actividad. Nos encontramos con nuestros apreciados colegas de las bases del SUTE DOCE: Festini, Wiesse, Comercio 62, San Agustín, Perú Holanda, Inca Garcilaso de la Vega, PERÚ BIRF, 2049 y República de Cuba en pleno, ya que somos vecinos de la Fortaleza de Collique.
Asistieron cerca de 2 000 estudiantes y el sociólogo Enrique Espinoza fue el único que dio la bienvenida a nombre de los organizadores. Los señores de la UGEL brillaron por su ausencia, dicen que estaban en la ceremonia por su aniversario. Ni que decir del alcalde Saldaña, aquel que a cada rato repetía que Comas era un distrito moderno que promueve la cultura, pero cuando estaba en campaña electoral.
Como el socio de Lourdes Flores en Comas fue derrotado, ni siquiera proporcionó un megáfono para que su representante pueda dirigirse a los presentes. Dicen que se encuentra arreglando las cuentas para justificar el pago de los Hermanos Yaipén y tantos otros grupos que animaron su millonaria campaña electoral, pensando que la conciencia del pueblo se compra con pan y circo. Y pensar que el Dr. Nico lo derrotó caminando puerta por puerta y entregando a cada poblador una cajita de fósforo con su símbolo de la mamacha; demostrando que el derroche de dinero ajeno no sirve para ganar elecciones. Sufrió doble derrota, porque a nivel provincial ganó Susana Villarán y la Confluencia Social.
Por eso que ofende, una vez más, las declaraciones del presidente García, cuando expresa que nuestro gremio solo se preocupa por el aumento de salarios.; con el fin de hacernos quedar mal ante la opinión pública; pero tan mendaz acusación no tiene acogida en el seno del pueblo porque los maestros y maestras del SUTEP están profundamente comprometidos con la educación de la niñez y juventud, tal como lo hemos demostrado hoy en el acto de Collique. Hemos ensuciado nuestros zapatos con nuestros alumnos y cumplido con nuestra tarea docente de enseñar a amar y valorar lo nuestro, y luego hemos regresado a nuestras escuelas contentos por el deber cumplido.
Mientras que las autoridades seguro charlaban en sus confortables oficinas, como aquellos personajes insomnes y eunucos mentales que peroran de una gran reforma educativa que dicen estar llevando a cabo y ocultan los resultados de una evaluación de la educación en 139 países, figurando el Perú en el puesto 133. Hecho que demuestra que la crisis de la educación persiste, porque no se reconoce que es una crisis histórica, estructural e integral que no se resuelven con maquillajes, improvisaciones y leyes que buscan mercenarizar al magisterio. ¡Se educa con el ejemplo!
CHILALO/ROJO es parte de la lucha de los contestatarios, de los indignados, de los que acorazan sus sueños con la esperanza de nuevos tiempos para el Perú y el mundo. CHILALO CUATROJOS, haciendo uso derecho, eligió andar por la izquierda. Aquí está, bajo la tempestad, construyendo y volando a contracorriente.
domingo, 31 de octubre de 2010
viernes, 29 de octubre de 2010
Lecciones del proceso electoral municipal
Por Julio Yovera B.
Después del 3 de octubre, cuando la voluntad de electorado limeño expresada en las urnas le daba la victoria a la señora Susana Villarán, la candidata perdedora bailaba con Tongo; entendimos entonces por qué los miembros de la selección peruana, después de cada derrota, se van de farra. Las derrotas deberían servir para reflexionar pero a la señorita Lourdes le sirven para tongear.
En su conferencia de prensa se ha reconocido, una vez más, como una demócrata. Podemos colegir que su actitud para calumniar a su oponente se base en ese espíritu democrático peculiar, que además la hace mentir impunemente al relacionar izquierda con violencia y a Patria Roja con terrorismo.
Ha dicho además que respeta a su oponente; sin embargo, la ha denostado a su antojo (y ésta se lo permitió con el argumento de “no pisar palito”), acusándola de ocultar información sobre sus bienes y sus rentas. La candidata del PPC sabía que esta “preocupación” era interesada pues jamás dijo nada sobre las grandes trasnacionales y los grupos de poder nativos que evaden impuestos y mienten cuando declaran sus bienes y sus ganancias.
Nada de autocrítica. Ningún propósito de enmienda que nos dé confianza que nunca más hará la promesa – amenaza de meterse el cargo al que postula al “poto”. Ninguna reflexión serena sobre su intolerancia, su vocación excluyente, sus vínculos con un personaje oscuro y con claras evidencias de ser uno de los capos del narcotráfico.
Para la señorita Lourdes los culpables de su derrota son todos los que están al frente. Ella es una víctima. Ha perdido no porque la derecha polariza y odia a los peruanos que no piensan como ella, sino porque confabulan contra ella. Es más. Sostiene que no ha perdido, que ha ganado. ¿Cómo analiza la ex candidata? ¿Cómo es eso que las derrotas se transforman en victorias? ¿Es que le resulta difícil hacer un balance objetivo?
Vale la pena recordar: ¿no fue ella quien dijo que las autoridades electorales estaban libres de cualquier sospecha?, ¿no dijo acaso que habría que esperar hasta la revisión de la última acta observada para saber quién era ganadora?
Sucede que, diseñando todas las probabilidades, operando todos los indicadores cuantitativos, haciendo proyecciones y cálculos en distintas dimensiones, el resultado es el mismo: Susana Villarán ha ganado.
¿Qué le queda entonces a la señora Lourdes?, ensombrecer una victoria legítima.
¿Qué harán sus patrocinadores y mentores? ¿Reajustarán su estrategia? Sin duda.
Si la derecha recurrirá a un intento urgente de unidad variopinta para garantizar su hegemonía en el próximo proceso electoral, qué impide que la izquierda, los nacionalistas, los sectores progresistas y democráticos, construyan una sola propuesta?
La sociedad peruana exige cambios. La derecha no está en capacidad de darlos; las organizaciones del pueblo sí. Esa es la debilidad de la primera y la fortaleza de la segunda.
Esta es la lección que nos deja el proceso electoral: desde abajo se puede triunfar con una propuesta y un liderazgo, a pesar de las chillas de las aves de mal agüero y contra todo pronóstico.
Después del 3 de octubre, cuando la voluntad de electorado limeño expresada en las urnas le daba la victoria a la señora Susana Villarán, la candidata perdedora bailaba con Tongo; entendimos entonces por qué los miembros de la selección peruana, después de cada derrota, se van de farra. Las derrotas deberían servir para reflexionar pero a la señorita Lourdes le sirven para tongear.
En su conferencia de prensa se ha reconocido, una vez más, como una demócrata. Podemos colegir que su actitud para calumniar a su oponente se base en ese espíritu democrático peculiar, que además la hace mentir impunemente al relacionar izquierda con violencia y a Patria Roja con terrorismo.
Ha dicho además que respeta a su oponente; sin embargo, la ha denostado a su antojo (y ésta se lo permitió con el argumento de “no pisar palito”), acusándola de ocultar información sobre sus bienes y sus rentas. La candidata del PPC sabía que esta “preocupación” era interesada pues jamás dijo nada sobre las grandes trasnacionales y los grupos de poder nativos que evaden impuestos y mienten cuando declaran sus bienes y sus ganancias.
Nada de autocrítica. Ningún propósito de enmienda que nos dé confianza que nunca más hará la promesa – amenaza de meterse el cargo al que postula al “poto”. Ninguna reflexión serena sobre su intolerancia, su vocación excluyente, sus vínculos con un personaje oscuro y con claras evidencias de ser uno de los capos del narcotráfico.
Para la señorita Lourdes los culpables de su derrota son todos los que están al frente. Ella es una víctima. Ha perdido no porque la derecha polariza y odia a los peruanos que no piensan como ella, sino porque confabulan contra ella. Es más. Sostiene que no ha perdido, que ha ganado. ¿Cómo analiza la ex candidata? ¿Cómo es eso que las derrotas se transforman en victorias? ¿Es que le resulta difícil hacer un balance objetivo?
Vale la pena recordar: ¿no fue ella quien dijo que las autoridades electorales estaban libres de cualquier sospecha?, ¿no dijo acaso que habría que esperar hasta la revisión de la última acta observada para saber quién era ganadora?
Sucede que, diseñando todas las probabilidades, operando todos los indicadores cuantitativos, haciendo proyecciones y cálculos en distintas dimensiones, el resultado es el mismo: Susana Villarán ha ganado.
¿Qué le queda entonces a la señora Lourdes?, ensombrecer una victoria legítima.
¿Qué harán sus patrocinadores y mentores? ¿Reajustarán su estrategia? Sin duda.
Si la derecha recurrirá a un intento urgente de unidad variopinta para garantizar su hegemonía en el próximo proceso electoral, qué impide que la izquierda, los nacionalistas, los sectores progresistas y democráticos, construyan una sola propuesta?
La sociedad peruana exige cambios. La derecha no está en capacidad de darlos; las organizaciones del pueblo sí. Esa es la debilidad de la primera y la fortaleza de la segunda.
Esta es la lección que nos deja el proceso electoral: desde abajo se puede triunfar con una propuesta y un liderazgo, a pesar de las chillas de las aves de mal agüero y contra todo pronóstico.
Teatro campesino
Obra de Víctor Zavala Cataño censurada en exposición de Casa de la Literatura Peruana
Ernesto Toledo Bruckmann
La Casa de la Literatura Peruana vio pertinente que el público realice dentro de su recinto un recorrido imaginario por uno de los géneros literarios menos estudiados. La exposición denominada “Panorama del teatro del siglo XX” pretende destacar a los dramaturgos más destacados de nuestras letras.
Sin embargo, los retratos de Manuel Beltroy, Sebastián Salazar Bondy, Enrique Solari Swayne, Alonso Alegría, Bernardo Roca Rey, Juan Ríos, Juan Rivera Saavedra, Delfina Paredes y César de María, así como el reconocimiento al Club de Teatro de Lima, la Escuela Nacional de Arte Dramático, la Asociación de Artistas Aficionados, los teatros universitarios de San Marcos y Católica, Yuyachckani, Cuatrotablas y La Tarumba, van acompañados de una síntesis cronológica inconclusa ya que el olvido, el descuido, el prejuicio y la censura arranca de sus páginas 1969, año de la publicación de Teatro Campesino de Víctor Zavala Cataño.
No se puede negar que el nombre de Víctor Zavala Cataño está ligado a la historia del movimiento del teatro popular del Perú ya que es el creador teatro campesino en nuestro país, el mismo que enfatiza en el rol social del arte e incorpora al hombre rural como personaje protagonista del arte escénico.
Como el mismo director lo señala: “El teatro es la isla a la que la imagen del trabajador agrario no ha podido arribar aún. O cuando ha llegado no ha sido él mismo, sino un fantoche, un ‘indio`, un ‘serrano’, un ‘cholo’, un ‘animal’, en fin dentro de una concepción despectiva de su realidad. La verdadera faz del labrador agrícola, llena de contrastes, frustraciones, sufrimientos, protestas contenidas y esperanzas, no ha sido iluminada por los dramaturgos.”
Teatro Campesino, publicado en 1969, contiene siete obras teatrales: El Gallo, La Gallina, El Collar, La Yunta, El Turno, El Arpista y El Cargador. Técnicamente se sustentan en una conjunción artística de medios, donde se incluye el monólogo, la pantomima, la danza, el canto, obtenidos de las propias manifestaciones populares. Los carteles y la sobreactuación también se convierten en instrumentos activos del drama, permitiendo el distanciamiento del espectador.
Además, Zavala Cataño publicó “Teatro Popular” y “Teatro Infantil”, poniendo en escena cada una de sus obras en costa, sierra y selva. Del mismo modo escribió “Color de la Ceniza y Otros Relatos” y algunos poemas aparecidos en revistas.
Su estrecho contacto con la naturaleza, esa riqueza ancestral legítimamente propia, le permitió a Zavala Cataño obtener esos materiales para formar criterios, conceptos y capacidad creativa, basándose en el universo andino. Del mismo modo el entendimiento acerca de la constitución de una sociedad peruana todavía excluyente, donde las clases sociales son las protagonistas del motor para el cambio.
El hecho de que Víctor Zavala Cataño sea un intelectual que comparta o haya asumido las ideas de un movimiento subversivo no resta la importancia de sus aportes al teatro peruano ya que fue el primero que puso en las tablas y como protagonistas a los desposeídos como el cargador, la empleada y otros personajes que aparecían antes en forma utilitaria. Zavala Cataño contribuye al desarrollo del teatro político, aparecido en la segunda mitad del siglo XX como una categoría estética. Aunque los antecedentes vienen de 1938 con la constitución de la Asociación de Artistas Aficionados y el Teatro popular con la presencia del mimo Jorge Acuña, es a través del Teatro Campesino de Zavala Cataño por donde ingresa con fuerza el legado dramatúrgico del alemán Bertolt Brecht, cuya presencia es imprescindible para cualquier estudio acerca del teatro.
A la usanza del teatro popular, es el mismo Zavala Cataño quien difunde, edita y monta sus obras. Su principal interés es la participación del público en el desarrollo cultural, social y político del país y para ello aplica las expresiones de ese mismo público a los medios artísticos.
El teatro campesino tiene el mérito de darle al hombre del campo su valor, una calidad de ser humano en medio de condiciones de explotación; despierta la consciencia del pueblo sobre la necesidad de construir un país distinto. En cada pieza escénica del Teatro Campesino se expresa un hecho, una denuncia y se ensaya una crítica respecto a la condición social del campesino peruano.
La permanencia, la figura y el perfil estético social de Zavala Cataño siempre fue el mismo, basado en la problemática del campo. Pese a los prejuicios y la censura, son y serán muchos los grupos teatrales que montarán sus obras ya que abordan problemas no circunstanciales ni coyunturales sino de profundo valor humano. La única forma de que el teatro de Zavala Cataño pierda vigencia sería con la desaparición del orden político, económico y social imperante en el país, algo que los propios sectores dominantes se rehúsan a promover.
Resultó absurdo e indignante que las celebraciones por los 40 años de la publicación del libro Teatro Campesino se hayan realizado casi en la clandestinidad, sin el despliegue mediático que se merece y que si se le otorgó a espectáculos con nula capacidad para despertar la consciencia.
El argumento que me dieron en la Casa de la Literatura Peruana es que “no había espacio físico para mencionar el Teatro Campesino ni para poner la imagen de Zavala Cataño en la pared”, algo que a más de uno no lo convencería. Si aquella institución no tiene la mínima intensión de rectificarse ante tal omisión y reconocer en el Teatro Campesino de Zavala Cataño su significativo aporte a la dramaturgia nacional, la historia del teatro nacional siempre se escribirá con páginas en blanco cuyos párrafos fueron omitidos por la censura. Hasta el momento, muchos de nuestros reconocidos artistas - callan y se convierten en cómplices; no hay indicios de que el arte de las tablas esté al servicio del pueblo sino que, una vez más, sigue siendo un privilegio para una élite.
Ernesto Toledo Bruckmann
La Casa de la Literatura Peruana vio pertinente que el público realice dentro de su recinto un recorrido imaginario por uno de los géneros literarios menos estudiados. La exposición denominada “Panorama del teatro del siglo XX” pretende destacar a los dramaturgos más destacados de nuestras letras.
Sin embargo, los retratos de Manuel Beltroy, Sebastián Salazar Bondy, Enrique Solari Swayne, Alonso Alegría, Bernardo Roca Rey, Juan Ríos, Juan Rivera Saavedra, Delfina Paredes y César de María, así como el reconocimiento al Club de Teatro de Lima, la Escuela Nacional de Arte Dramático, la Asociación de Artistas Aficionados, los teatros universitarios de San Marcos y Católica, Yuyachckani, Cuatrotablas y La Tarumba, van acompañados de una síntesis cronológica inconclusa ya que el olvido, el descuido, el prejuicio y la censura arranca de sus páginas 1969, año de la publicación de Teatro Campesino de Víctor Zavala Cataño.
No se puede negar que el nombre de Víctor Zavala Cataño está ligado a la historia del movimiento del teatro popular del Perú ya que es el creador teatro campesino en nuestro país, el mismo que enfatiza en el rol social del arte e incorpora al hombre rural como personaje protagonista del arte escénico.
Como el mismo director lo señala: “El teatro es la isla a la que la imagen del trabajador agrario no ha podido arribar aún. O cuando ha llegado no ha sido él mismo, sino un fantoche, un ‘indio`, un ‘serrano’, un ‘cholo’, un ‘animal’, en fin dentro de una concepción despectiva de su realidad. La verdadera faz del labrador agrícola, llena de contrastes, frustraciones, sufrimientos, protestas contenidas y esperanzas, no ha sido iluminada por los dramaturgos.”
Teatro Campesino, publicado en 1969, contiene siete obras teatrales: El Gallo, La Gallina, El Collar, La Yunta, El Turno, El Arpista y El Cargador. Técnicamente se sustentan en una conjunción artística de medios, donde se incluye el monólogo, la pantomima, la danza, el canto, obtenidos de las propias manifestaciones populares. Los carteles y la sobreactuación también se convierten en instrumentos activos del drama, permitiendo el distanciamiento del espectador.
Además, Zavala Cataño publicó “Teatro Popular” y “Teatro Infantil”, poniendo en escena cada una de sus obras en costa, sierra y selva. Del mismo modo escribió “Color de la Ceniza y Otros Relatos” y algunos poemas aparecidos en revistas.
Su estrecho contacto con la naturaleza, esa riqueza ancestral legítimamente propia, le permitió a Zavala Cataño obtener esos materiales para formar criterios, conceptos y capacidad creativa, basándose en el universo andino. Del mismo modo el entendimiento acerca de la constitución de una sociedad peruana todavía excluyente, donde las clases sociales son las protagonistas del motor para el cambio.
El hecho de que Víctor Zavala Cataño sea un intelectual que comparta o haya asumido las ideas de un movimiento subversivo no resta la importancia de sus aportes al teatro peruano ya que fue el primero que puso en las tablas y como protagonistas a los desposeídos como el cargador, la empleada y otros personajes que aparecían antes en forma utilitaria. Zavala Cataño contribuye al desarrollo del teatro político, aparecido en la segunda mitad del siglo XX como una categoría estética. Aunque los antecedentes vienen de 1938 con la constitución de la Asociación de Artistas Aficionados y el Teatro popular con la presencia del mimo Jorge Acuña, es a través del Teatro Campesino de Zavala Cataño por donde ingresa con fuerza el legado dramatúrgico del alemán Bertolt Brecht, cuya presencia es imprescindible para cualquier estudio acerca del teatro.
A la usanza del teatro popular, es el mismo Zavala Cataño quien difunde, edita y monta sus obras. Su principal interés es la participación del público en el desarrollo cultural, social y político del país y para ello aplica las expresiones de ese mismo público a los medios artísticos.
El teatro campesino tiene el mérito de darle al hombre del campo su valor, una calidad de ser humano en medio de condiciones de explotación; despierta la consciencia del pueblo sobre la necesidad de construir un país distinto. En cada pieza escénica del Teatro Campesino se expresa un hecho, una denuncia y se ensaya una crítica respecto a la condición social del campesino peruano.
La permanencia, la figura y el perfil estético social de Zavala Cataño siempre fue el mismo, basado en la problemática del campo. Pese a los prejuicios y la censura, son y serán muchos los grupos teatrales que montarán sus obras ya que abordan problemas no circunstanciales ni coyunturales sino de profundo valor humano. La única forma de que el teatro de Zavala Cataño pierda vigencia sería con la desaparición del orden político, económico y social imperante en el país, algo que los propios sectores dominantes se rehúsan a promover.
Resultó absurdo e indignante que las celebraciones por los 40 años de la publicación del libro Teatro Campesino se hayan realizado casi en la clandestinidad, sin el despliegue mediático que se merece y que si se le otorgó a espectáculos con nula capacidad para despertar la consciencia.
El argumento que me dieron en la Casa de la Literatura Peruana es que “no había espacio físico para mencionar el Teatro Campesino ni para poner la imagen de Zavala Cataño en la pared”, algo que a más de uno no lo convencería. Si aquella institución no tiene la mínima intensión de rectificarse ante tal omisión y reconocer en el Teatro Campesino de Zavala Cataño su significativo aporte a la dramaturgia nacional, la historia del teatro nacional siempre se escribirá con páginas en blanco cuyos párrafos fueron omitidos por la censura. Hasta el momento, muchos de nuestros reconocidos artistas - callan y se convierten en cómplices; no hay indicios de que el arte de las tablas esté al servicio del pueblo sino que, una vez más, sigue siendo un privilegio para una élite.
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