Por Julio Yovera B.
Después del 3 de octubre, cuando la voluntad de electorado limeño expresada en las urnas le daba la victoria a la señora Susana Villarán, la candidata perdedora bailaba con Tongo; entendimos entonces por qué los miembros de la selección peruana, después de cada derrota, se van de farra. Las derrotas deberían servir para reflexionar pero a la señorita Lourdes le sirven para tongear.
En su conferencia de prensa se ha reconocido, una vez más, como una demócrata. Podemos colegir que su actitud para calumniar a su oponente se base en ese espíritu democrático peculiar, que además la hace mentir impunemente al relacionar izquierda con violencia y a Patria Roja con terrorismo.
Ha dicho además que respeta a su oponente; sin embargo, la ha denostado a su antojo (y ésta se lo permitió con el argumento de “no pisar palito”), acusándola de ocultar información sobre sus bienes y sus rentas. La candidata del PPC sabía que esta “preocupación” era interesada pues jamás dijo nada sobre las grandes trasnacionales y los grupos de poder nativos que evaden impuestos y mienten cuando declaran sus bienes y sus ganancias.
Nada de autocrítica. Ningún propósito de enmienda que nos dé confianza que nunca más hará la promesa – amenaza de meterse el cargo al que postula al “poto”. Ninguna reflexión serena sobre su intolerancia, su vocación excluyente, sus vínculos con un personaje oscuro y con claras evidencias de ser uno de los capos del narcotráfico.
Para la señorita Lourdes los culpables de su derrota son todos los que están al frente. Ella es una víctima. Ha perdido no porque la derecha polariza y odia a los peruanos que no piensan como ella, sino porque confabulan contra ella. Es más. Sostiene que no ha perdido, que ha ganado. ¿Cómo analiza la ex candidata? ¿Cómo es eso que las derrotas se transforman en victorias? ¿Es que le resulta difícil hacer un balance objetivo?
Vale la pena recordar: ¿no fue ella quien dijo que las autoridades electorales estaban libres de cualquier sospecha?, ¿no dijo acaso que habría que esperar hasta la revisión de la última acta observada para saber quién era ganadora?
Sucede que, diseñando todas las probabilidades, operando todos los indicadores cuantitativos, haciendo proyecciones y cálculos en distintas dimensiones, el resultado es el mismo: Susana Villarán ha ganado.
¿Qué le queda entonces a la señora Lourdes?, ensombrecer una victoria legítima.
¿Qué harán sus patrocinadores y mentores? ¿Reajustarán su estrategia? Sin duda.
Si la derecha recurrirá a un intento urgente de unidad variopinta para garantizar su hegemonía en el próximo proceso electoral, qué impide que la izquierda, los nacionalistas, los sectores progresistas y democráticos, construyan una sola propuesta?
La sociedad peruana exige cambios. La derecha no está en capacidad de darlos; las organizaciones del pueblo sí. Esa es la debilidad de la primera y la fortaleza de la segunda.
Esta es la lección que nos deja el proceso electoral: desde abajo se puede triunfar con una propuesta y un liderazgo, a pesar de las chillas de las aves de mal agüero y contra todo pronóstico.
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