lunes, 17 de marzo de 2014

Horacio: poeta de la lucha y la ternura



Por Julio Yovera.

Los tiempos de Horacio
Hace algunos días, leyendo a Savater me encontré con una frase audaz dictada por su condición de preso y de amoroso compañero del arte: “Desde que conozco el arte, sé que un hombre nunca puede estar del todo prisionero.” (1). Entendí mejor lo que decía Horacio, el líder de los maestros, quien no solo llevaba su  “sufrir como un talismán (Montale), sino también su ternura y su amor a quienes representó en sus duros años de combatiente.
“De qué les sirve mi cuerpo
si el corazón lo tengo libre” (2)
Horacio partió a la inmortalidad el 7 de Marzo de 1984. La mayoría de los maestros de la generación de los 70s, que ya no quedan muchos, lo siguieron y convirtieron en su guía.  Es que  Horacio había salido del pueblo, volvió a él cuando ya era maestro  y, después, cuando se convirtió en perseguido constante, fue la gente del pueblo la que le brindó refugio. Él se mantuvo consecuente con sus raíces y dentro de ese complejo tornado social que es la lucha y la confrontación, su postura desafiante y contundente le afloraba solo cuando tenía al frente a los “descuartizadores de la luz y el canto” (3)  
Con su figura de Cristo desgarbado, con su caminar que poco a poco se hizo lento, con su palabra que trasmitía emoción y concepción, indignación y ternura; congregaba y alimentaba coraje y consecuencia. Por esas razones llegó a ser amado por los maestros sobretodo, y, por las mismas razones, fue odiado por los sectores más retrógrados y reaccionarios de los militares y grupos de poder, que bajo el mandato del general Morales Bermúdez, se empeñaron a negarle a los docentes el derecho a una vida digna.   
El SUTEP surgió desde el corazón del magisterio peruano. A estas alturas de la historia, independientemente de sus limitaciones y yerros, que los tuvo y los tiene, decimos que el gremio de los maestros peruanos se ha convertido en patrimonio de las organizaciones sociales del pueblo. Conductor de ese caminar que aún no concluye, fue el maestro Horacio Zeballos Games. 
La travesía ha sido larga, de sacrifico: persecución, cárcel, muerte con características de asesinato, despidos, traslados, subrogaciones; pero, si todo esto fue  “un presente” de la dictadura para todos los maestros, fue en Horacio que se concentró el odio irracional de un régimen que se bestializaba frente a un líder que no tenía más armas que su palabra ni más ejército que sus colegas, y con ellos se atrevió a desafiarlos, encararlos y combatirlos.
 La poesía como actitud vital  
Horacio, convertido ya en combatiente, cultivó la poesía y la hizo su bálsamo y su arma de lucha. En su trajinar llegó a publicar tres títulos: Pluma Esclava, Esclavos de Corbata, y Alegrías de la Prisión. Con esta última logró ascender a la cima de los elegidos, y en ese pedestal lo hemos dejado. Y es que los maestros reconocen y mantienen vivo el itinerario y el  ejemplo del fundador del SUTEP, pero, han echado –sin querer- silencio sobre el poeta, al extremo que hay el riesgo que su poesía sea cubierta de un catafalco de arena y de olvido. Esto es lo que tenemos que impedir y evitar. Y una de las formas de hacerlo es difundiéndolo y llevándolo al aula.
Horacio logró la condición de auténtico creador con su último libro Alegrías de la Prisión, epilogal porque la muerte truncó al poeta.  La mejor prueba que tenemos es la que aparece en la sinopsis de contratapa de su libro: “Su verdadera historia poética comienza sin embargo ahora y continuará con la próxima edición de los textos que concluye en estos días.” (4)
Esto es lo que dice el sello editorial Obramundo. Se colige que después de esta publicación, vendrían otras más. Sería lamentable que las creaciones últimas del poeta Horacio se hayan perdido. Aquí hay que emprender una investigación. ¿Quién la asume?
Horacio hizo una poesía intimista y lírica, lo que no le impidió llevar dentro de sí las razones y emociones de una militancia que realizó su personalidad de manera integral, al extremo de advertir que “El Partido forma y realiza. Toda acción retorna al pueblo, del que nace. En él se troca en futuro concreto, en revolución posible. Solo la militancia política activa, favorece una auténtica y profunda convicción revolucionaria. Dedico estas Alegrías de la Prisión a mi Partido, el P.C. del Perú.” (5)
Su último libro lo dedicó  a su Partido  En este aspecto, el poeta ratifica las tradiciones, para hablar solo de los peruanos, de los creadores cuya adhesión política y social no solo no los  separa del reino de la poesía, sino que con esa militancia, su poesía gana en calidad, intensidad y belleza. Sino veamos el caso de César Vallejo, quien ya militante reconoce que “todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él”. Sus Poemas Humanos, Poemas en Prosa y España, aparte de mí este Cáliz, son obras de valor universal por su estética e identidad con la humanidad.
 3.- Crónica y emoción
 A inicios de los 70s., y recién formado en el SUTEP, sus líderes y activistas son confinados en el Penal del Sepa, aquella prisión enclavada en la Amazonía y donde eran recluidos los delincuentes de más amplio y peligroso prontuario y los dirigentes sociales indoblegables que combatían al régimen.  Ahí estuvo Horacio e hizo su travesía por los reinos de la nostalgia. Así, recordando a la madre va pergeñando versos que después, con esfuerzo de artesano, va dando forma. Va “separando la paja del grano”, y seleccionando sus poemas que pasarían después a ser parte de su Alegrías de la Prisión:

“De los presos soy el último
dame por descontado en las filas del encanto.
De qué les sirve mi cuerpo
si el corazón lo tengo libre
Difícil no es vivir
sino entender porque se vive
Bebiendo el cristalino trago de tus senos
aprendí a no llorar
y no lloro.
Soy de los que se resolvieron en el mismo vientre
como la flor en la retama
Flores y pájaros trinan
en la ventana de mi exilio” (6)
(Poema 1, Alegrías de la Prisión)
 
En este poema hay crónica y hay emoción. El poeta está en presión, lo dice explícitamente. Cavila sobre su opción de vida elegida y ratificada su compromiso. En efecto, “difícil no es vivir sino entender porque se vive”: o se vive de manera trascendente, obrando por abrirle una nueva ruta a la humanidad o se vive de forma rutinaria y mediocre. Aun cuando se logre algún éxito material en la existencia este tipo de vida es absolutamente intrascendente.  
En todos los tiempos, frente a una humanidad de indiferentes, hubo gente dispuesta a transitar por las sendas de la lucha y ofrecer el ser en procura de un mundo mejor. Eso es algo que los seres egoístas y rentistas, acaparadores de riquezas  y de plusvalía jamás podrán comprender. Por eso, Horacio además de ser vigente como líder gremial debe serlo también como el poeta combatiente y el versificador de la ternura.
En este poema que hemos trascrito, una imagen presente y recurrente en su madre. De ella, bebiendo de los senos maternos y desde los tiempos en que se agitaba en el vientre, aprendió a no llorar y a florecer como la retama. De modo que no ve sombras fatídicas ni escucha llantos ni lamentos, sino que desde su exilo, las flores y los pájaros trinan en su alma.
Se hace en la lucha, en la prisión el poeta de la alegría y del optimismo.   
Su lenguaje de imágenes, capaces de expresar emociones, sentimientos, vivencias externas interiorizadas, ritmo, brevedad y concisión, lo presentan como un poeta que hace uso sobrio y preciso del lenguaje. Esa facultad es lo que hace que la poesía sea definida como la belleza de la palabra. Y esa cualidad la muestra a lo largo de toda la obra que estamos comentando.
Por eso, no es en absoluto arbitrario indicar que Horacio es un poeta auténtico. Tenemos el deber, los que estamos comprometidos en los ámbitos de la cultura antisistema, ponerlo en el sitial que le corresponde.  
 4.- Bipolaridad, entre la masa combatiente y la soledad
De palabra categórica. Solía afirmar con su corazón y negar con sus manos. Desde que se fundó el SUTEP, en el Cuzco de 1972, y desde que se le dio la elevada responsabilidad de conductor máximo del gremio, Horacio tuvo en desplazarse en condiciones de hostilización y persecución por todas las bases magisteriales del país.
En esta época se gesta el reconocimiento que le brindaron los maestros del Perú y que ha continuado hasta más allá de su muerte. Todos los que lo conocieron señalan que era un hombre de palabra serena, tierna y coloquial. Así también, a la hora de deslindar con otras posiciones y opciones que actuaban al interior de las filas del magisterio, era implacable y contundente, pero era cordial, tanto así que sus propios adversarios lo respetaban y hasta admiraban.
Usaba un lenguaje agitador para calificar a sus adversarios: representantes y autoridades del Gobierno. En esas circunstancias era mordaz, implacable y abundante en el uso de imágenes. Horacio – lo dicen sus compañeros más allegados- era experto a la hora de estampar adjetivos calificativos. El Horacio de la multitud era el líder gremial, el agitador perfecto, si cabe la frase, y era el poeta solidario y tierno, que lanzaba merecidas loas a los maestros que luchaban junto a él en pos de los sueños.
En los momentos que le tocó dirigir la masa para incorporarlas al combate, Horacio fue el jefe guerrero dispuesto a hacer frente a las peores adversidades. Forja una poesía que por su tono y su espíritu es en realidad un evangelio. Escuchemos lo que dice el guerrero a propósito de la lucha y de la ética de los luchadores.
 
“Maestro
en tu libro de lucha
he aprendido
que no traicionar es un mandamiento
Me enseñaste a vencer montañas
y ciudades
a no retroceder como el agua constante
Vives en mi sangre
y el pueblo abraza tu esperanza
Eres el Huascarán que de puro hermoso causa espanto
En ti aprecio al Urubamba que baja vivando
y al amanecer pareces el Titicaca que se ahoga
en las orillas de mis ojos
Nada importan abrojos y enemigos
para vencer requiero tu ternura
la trasparencia humana
tus brazos de cóndor
Quiero lealtad
como los niños que siembras con tus palabras
Un ideal color de lirio un país como tú
donde el fusil hable y derrame cantos
Maestro
cuando te miro me acuerdo que estoy venciendo
y no tengo miedo a los descuartizadores
de la luz y el canto” (7)
(Poema 29, Alegrías de la Prisión)
Horacio también es el poeta de la subjetividad, de la emoción y hasta del simbolismo lúdico. Este Horacio aparece en toda su dimensión cuando se expresa en versos llenos de imágenes, cargado de una forma de intimidad poética, que es en verdad una forma de resistencia. En ese sentido, podemos decir que Alegrías de la Prisión tiene un valor intrínseco y por eso es poesía auténtica.
La fuente de Alegrías de la Prisión es el amor en sus vastas dimensiones: a los maestros, a la madre, a la patria, a la amada, a los amigos entrañables, la libertad, la naturaleza. Y la posibilidad casi única de escribir ese tipo de poesía está en el silencio. Si es en la prisión, al autor francamente ya no le importa. 
Su ser es totalizador y ha decido abrazar todas las consecuencias que trae consigo esa manera de vivir la existencia. Los que se han acercado a su poesía han advertido que hay en él un creador innato y que el poeta fue ganado por el mar de la lucha y la protesta. Ello no es cierto. Horacio vivió como quería y cantó de la única forma que podía hacerlo: con poesía.
Por eso, pudo dejarnos poemas como éstos:

“Se ve la luna como un muchacho cimarrón
y los amantes se ocultan en su espalda gris
Gira luna
gira lunarejita
A la media noche te haremos la despedida
dame la dicha del búho para mirarte
sin que me mires
Para ir a tu encuentro me vestirán de fiesta
los pingüinos me prestarán su frac” (8)
(Poema 20, Alegrías de la Prisión)
Han pasado los años y los maestros lo recuerdan como su líder y lo citan con versos reiterados, pero aún falta estudiarlo e investigarlo. Hace falta proyectarlo. Ponerlo en el Plan Lector. En un proceso de profundización de la cultura individualista que fomenta el neoliberalismo sería altamente beneficioso y positivo que lo lean los maestros, los estudiantes, los jóvenes; que lo lean no desde la cita a la cita, sino desde la obra completa a la reflexión serena. De Horacio se puede utilizar cualquier poema suyo para poder ejercitar sensibilidad, infundir valores y establecer el conector lógico y dialéctico con la realidad cotidiana.
Los maestros que trajinamos por estas sendas del señor, tenemos una gran responsabilidad. Somos conscientes que no hemos entendido aún en toda su dimensión la vida de Horacio, y la causa es porque aún nos falta entender y sentir su poesía. Entendemos que no es fácil acometer esa tarea. Para empezar, se debería ir a la reedición de su obra; luego, ponerla en el Plan Lector de los Marcos Curriculares como se le empiezan a llamar a los Diseños. Con esa propuesta y una buena metodología y técnica de comprensión de textos, la frase aquella de que el maestro enseñando también está luchando  tendrá pleno sentido.
Entonces, aquí también hay una tarea, una responsabilidad.

Citas bibliográficas:
1.- Savater, Fernando, Figuraciones mías. Ariel, 2013.
2.- Horacio Zeballos, Alegrías de la Prisión, Obramundo, 1979.
3.- Ob. Cit.
4.-  Ob. Cit.
5.- Ob. Cit.
6.- Ob. Cit.
7.- Ob. Cit.

8.- Ob. Cit.

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