sábado, 28 de mayo de 2016

El MITO DEL HOMBRE SENIL

Por Julio Yovera.


De los críticos de PPK, ninguno de ellos lo rechaza por ser neoliberal (que va!), ni por ser lobista, sino por ser anciano. Dan la apariencia de lúcidos, pero no son más que convenidos; un día están en la TV y al día siguiente también, para decirnos que Keiko es vitalidad y juventud. Dios nos libre de esa juventud y esa vitalidad que solo sirven para el saqueo y el crimen.
PPK es anticomunista, antiizquierdista, antisocialista; pero una buena partede ese sector votaré por él. ¿Por qué? acaso se volvieron neoliberales? Nada qué ver. Sucede que en el ámbito de la conducción estratégica y del manejo táctico, si tienes dos adversarios no debes enfrentar a los dos al mismo tiempo. Concentra tus fuerzas y ayuda a la derrota del más peligroso. Y el más peligroso y ruin que amenaza al país es el fujimorismo. El voto viciado no analiza así y opta por el abstencionismo.
Quien escribe esta breve nota jamás será de PPK. Milita en la izquierda y lo hará hasta el final de su vida. Hace deslinde abierto contra la banda criminal de los Fujimori, a sabiendas a qué está expuesto.
Es lamentable el desconocimiento de los asesores de PPK que frente a la ofensiva de la corrupción sobre la edad del candidato, no saben qué decir.
Independientemente de la valoración ideológica, vale la pena tener en cuenta lo siguiente:
Nelson Mandela, llegó a ser presidente de Sudáfrica cuando tenía 75 años; y pasará a la historia como un estadista brillante.
Mujica es un ejemplo de senectud creadora y no por gusto fue presidente de Uruguay, y siendo un anciano condujo con éxito a su país. .
Teng Siao Ping, el líder chino post Mao, inició la modernización de su país dirigiendo el gobierno y el Partido cuando ya llegaba a los 80 años.
Quizá la lección más útil sea la siguiente: los prejuicios ideológicos son caldo de cultivo para la ignorancia.
Aún podemos derrotar al narco estado encarnado en el fujimorismo.

martes, 24 de mayo de 2016

¿Voto Viciado? LAS IZQUIERDAS FRENTE A UN RETO


Por Julio Yovera.
El neoliberalismo lo impuso por asalto la burguesía monopólica. Después del golpe de estado que dio Fujimori se abalanzó sobre el país para saquearlo. Logró también uno de sus objetivos estratégicos: arrinconar las concepciones y propuestas de izquierda, quien, sin advertirlo, fue perdiendo esa acumulación de masas que tuvo en los 60s y 70s. Incluso, algunos de sus representantes se hicieron trásfugas  o “balseros” (calificativo de Alfonso Barrantes), y se  “modernizaron”
El cleptócrata aprovechó la derrota militar de Sendero para presentarse como el “pacificador  del país”, al mismo tiempo que impuso la corrupción, el narcotráfico, las esterilizaciones criminales,  los diarios chichas, el robo. La política la redujo a asistencialismo, reparto de comida y baratijas. Se promulgó la Constitución neoliberal y se dieron los despido masivos y se entregaron nuestros recursos.  
Fue la masa en las calles las que derrotó a la banda, pero no al modelo. La propuesta de “desarrollo” se mantuvo. Los voceros de las distintas organizaciones políticas del orden existente y los medios de comunicación declararon en todos los púlpitos que se pueden hacer  cambios en el planeta pero no la economía.  
Humala, en el 2010, se posesionó como el candidato “nacionalista” y “progresista”. Sin embargo, la presión del poder fue tal que la “gran transformación” fue reducida a una simple “hoja de ruta”, que era más de lo mismo.   
En casi tres décadas, las izquierdas han padecido de marginalidad. El poder tiene mucho que agradecerle al aventurerismo dogmático, que impuso un estado de terror en el país; pero, también a esa izquierda domesticada y medrosa que perdió identidad e iniciativa.  
Pero, a pesar de todos los esfuerzos de la caverna por desaparecer a la izquierda y al progresismo, éstas no arriaron banderas. En el Congreso hubo quienes enfrentaron al neoliberalismo y, otros, desde el movimiento popular, en particular en las regiones de Cajamarca, Cusco, Arequipa, se batieron contra el modelo.
Y la recuperación de las izquierdas aún espontánea, fusión de representación parlamentaria con movimiento popular, hizo rabiar a la jauría derechista.
Ad portas de elegir al nuevo gobierno, vale la pena preguntarse: ¿Hay diferencia en la propuesta económica de la hija del delincuente preso, Keiko Fujimori, con la de PPK, reconocido lobista de los inversionistas del gran capital? No la hay. Los dos son devotos de la Constitución que impuso la dictadura. Los dos son fervorosos creyentes de ese dios que es el mercado.
El clan Fujimori es producto natural de esa epidemia cancerosa. Y esa es una de las razones del por qué un sector de la izquierda señala que ese es el blanco al que hay que apuntar y vencer. A PPK le cuesta hacerlo. Las limitaciones que tiene no son de edad ni de voluntad, sino de identidad. Su opción lo ata las manos. Así como otorongo no mata otorongo, neoliberal no mata neoliberal.
Elegir un candidato y una propuesta que no es la tuya no es un tema de “mal menor” como los sostienen algunos liberales progresistas e izquierdistas con buenas intenciones.
Esta segunda vuelta es muy singular, pues, tiene al frente una opción con rasgos fascistoides, que coludida con la hamponería, enseña sus colmillos tratando de amedrentar al pueblo, y exacerba los instintos más primitivos de los seres humanos.
Con dicha opción, de salir beneficiada por el voto, el país nuevamente será subastado y el narco tráfico operará impunemente. Joaquín Ramírez nos trae la imagen tenebrosa de lo que sería un narco Estado.
PPK ha demostrado una debilidad que hasta los neoliberales y grupos de poder cuestionan. Ellos apoyan a quien o quienes defiendan mejor sus intereses  Que defiendan leyes como la llamada Ley pulpín, donde cerraron filas con todas las fuerzas reaccionarias al interior del Congreso, nos anticipa un régimen que le sirva incondicionalmente a los grupos de poder.  
Las izquierdas han decidido votar contra la mafia  De salir airosa, nadie en su sano juicio dirá que se va a un cogobierno. El electorado consciente sabe que es necesario cerrarle el paso a la camarilla de narcos y ladrones, aunque para ello tenga que echarse a cuestas una cruz pesada: votar por PPK.
El voto viciado puede darle paz a la conciencia de quienes lo asumen, pero matemáticamente le sirve a la mafia. Y esa es la amenaza que hay desactivar y derrotar.   

Así de simple. 

miércoles, 18 de mayo de 2016

TUPAC AMARU, EL VALOR DE SU GESTA LIBERTARIA


Túpac Amaru II, el valor de su gesta libertaria
Con esta modesta contribución, nos sacudimos un tanto del episodio de la coyuntura, y nos centramos en lo que debe ser no solo el imaginario, sino el ideario popular. Veamos.
El sacerdote católico Fray Bartolomé de las Casas, en su obra Brevíssima relación de la destruyción de las Indias, recoge un testimonio espeluznante de Fray Marcos de Niza, de la orden de San Francisco:
    yo mismo vi ante mis ojos a los españoles cortar manos, narices y orejas a indios e indias, sin propósito, sino porque se les antojaba hacerlo, y en tantos lugares y partes que sería largo de contar. E yo vi que los españoles les echaban perros a los indios para que los hiciesen pedazos, e los vi así a perrear a muy muchos. Asimesmo vi yo quemar tantas casas e pueblos, que no sabría decir el número según eran muchos. Asimesmo es verdad que tomaban niños de teta por los brazos y los echaban arrojadizos cuanto podían, e otros desafueros y crueldades sin propósito, que me ponían espanto, con otras innumerables que vi que serían largas de contar.[1]
Toda esta agresión sin nombre (habría que crear otra palabra porque la denominación de genocidio queda corta) fue suceso cotidiano, cometido por los invasores a nombre de su cultura occidental y cristiana, y con el único propósito de saquear el oro y la plata, que apetecían con una angurria que no se saciaba nunca. Era el saqueo, el exterminio de un sistema feudal foráneo contra nuestros pueblos ancestrales.
Nuestras viejas culturas, por siglos libres de opresión extranjera, devinieron en colonia, pero no se piense que nuestros ancestros fueran conformistas y que aceptaran con resignación su destino; pues no. Desde el momento que los invasores ingresaron, empezó a conspirarse contra ellos. Ya en 1537, Manco Inca, Sayri Tupac, Titu Cusi, Tupac Amaru I, se levantaron. Cierto. Fueron reprimidos cruelmente y derrotados, pero no se apagó la luz de la rebeldía. En 1742, se produjo el gran levantamiento de Juan Santos Atahualpa, el Guerrillero del Gran Pajonal, quien propinó derrota tras derrota al invasor. Murió en 1761 y nunca fue ni apresado ni vencido por el poder hispano.
Conforme devinieron los años, algunos dignos caciques intentaron gestionar, a través de la vía pacífica, con recursos legales, memoriales y documentos, mejoras a la situación de los nativos, que morían en las mitas y obrajes, extrayendo el metal precioso que iba a las arcas del Imperio. Uno de esos gestores fue Blas Túpac Amaru, quien a mediados de 1775 se embarcó con destino a España, a gestionar derechos para los suyos. Buena intención pero “El hecho es que en el trayecto de ida a la península, Blas Túpac Amaru fue asesinado en circunstancias que nunca llegó a esclarecerse”.[2]
Nada había que esperar de los opresores. Bajo determinadas condiciones, la suerte de los pueblos dominados, de los hombres esquilmados y humillados, no reposan ni en papeles, ni en procedimientos administrativos o legales. José Gabriel Condocanqui, cacique de Tungasuca, Pampamarca, Surimana, lo supo después que sus reclamos fueron desoídos por un poder indiferente. Llegó entonces a la conclusión que solo le quedaba el camino de la rebelión. En efecto, junto con su compañera y allegados, emprendió la lucha libertaria, teniendo el apoyo de una masa que se unía bajo su liderazgo y en pos de un programa que ofrecía dignidad y libertad para todas las etnias y sectores sociales.
Túpac Amaru II contagió rebeldía al pueblo y en ese proceso fue organizándose, consciente que la lucha tiene futuro solo si se apoya en las masas. En todo momento, el líder revolucionario, contó con el apoyo de su esposa y compañera Micaela Bastidas, de toda su familia, además de algunas personalidades bien posesionadas económicamente.
Mantuvo en jaque al poder imperial y tuvo victorias. Su hazaña impactó en las conciencias, sobre todo después que declaró abolido en la plaza de Tungasuca, el 10 de noviembre de 1780, los impuestos las alcabalas, las mitas y las aduanas. El bando fue dado en conocer a las poblaciones en los idiomas español y quechua. Había empezado la gesta libertaria de los de abajo y de todas las culturas. Meses de victorias. Finalmente fue apresado, cuando buscaba extender la rebelión; esto aconteció en los primeros días de abril de 1780.[3]
Destaco dos hechos: su extraordinaria grandeza para soportar la tortura con el único fin de mantener en silencio el nombre de sus aliados y colaboradores anónimos. El otro, la crueldad demencial de los colonialistas, quienes impusieron al Estado Mayor de la sublevación, a la familia del cacique y al propio Túpac Amaru, las más impensables atrocidades.
El 17 de mayo de mayo de 1781, fue ejecutado.
    Habiendo el indio y su mujer visto con sus ojos ejecutar estos suplicios (los de sus colaboradores, nota de J.Y.) hasta de su hijo Hipólito, que fue el último que subió a la horca, luego subió la india Micaela al tablado, donde asimismo, a presencia del marido se le cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito, porque teniendo el pescuezo muy delicado no podía el torno ahogarla y fue mester que los verdugos, echándole lazo al pescuezo, tirando de una y otra parte y dándole patadas en el estómago y pechos, la acabasen de matar. Cerró la función el rebelde José Gabriel, a quien se le sacó a media plaza. Allí le cortó la lengua el verdugo, y despojado de los grillos y esposas, le pusieron en el suelo, atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos éstos a la cincha de cuatro caballos tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes. Espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. No sé si porque los caballos no fuesen muy fuertes o el indio, en realidad, fuese de fierro, no pudieron absolutamente dividirlo, después de un largo rato lo tuvieron tironeando, de modo que le tenían en el aire en un estado que parecía una araña, tanto que el Visitador (José Antonio de Areche, nota de JY), movido de compasión, porque no padeciese más aquel infeliz, despachó de la Compañía (desde donde dirigía la ejecución) una orden, mandando le cortase el verdugo la cabeza, como se ejecutó.[4]
Lo que vino después ya se conoce, su cuerpo fue cercenado y llevado a diferentes lugares, como escarmiento para que el pueblo no se atreva a levantar jamás. Sin duda, la vieja táctica de paralizar al adversario infundiéndole miedo. Inútil aspiración de los opresores, 40 años después, independientemente del limitado proyecto de los criollos, se acabó la vieja forma de dominación española,
Túpac Amaru II es el símbolo que encarna el espíritu de la independencia, de la autonomía de los pueblos y es patrimonio de todos los que luchan por un mundo mejor. Su mejor legado es el de haber levantado bien alto el derecho de los pueblos y las naciones a su auténtica y definitiva liberación.
Por eso, poetas como Alejandro Romualdo Valle, han contribuido a hacerlo imperecedero, mortal e inmortal, real y mítico. El poeta nos dice en su “Canto Coral a Túpac Amaru, que es la libertad”, que después de todas las torturas, de todos los empeños por callarlo, por desaparecer su cuerpo y su memoria, igual que el Cristo:
Al tercer día de los sufrimientos, cuando se crea todo consumado, gritando: ¡libertad! Sobre la tierra, ha de volver.
Y no podrán matarlo.
En efecto, Túpac Amaru vive y esta es una forma de celebrar su vigencia.
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Citas Bibliográficas:
1.- De las Casas, Bartolomé. Brevíssima relación de la destruyción de las Indias, página 176, Editorial EDAF, S.A. Madrid España, 2005.
2.- Roel, Virgilio. Historia del Perú, Perú Republicano, Tomo VI, página 18, Editorial Juan Mejía Baca, Lima, Perú, 6° Edición, 1985.
3.- Ob. Cit. Página 30.
4.- Ob. Cit. Página 31

martes, 10 de mayo de 2016

LA VIDA LUMINOSA DE JAVER HERAUD

Por Julio Yovera B. *
El Perú de los 60s.
Javier Heraud Pérez había cumplido 21 años cuando fue acribillado el 15 de mayo de 1963 en el río Madre de Dios, en Puerto Maldonado. Se muerte estremeció el ámbito intelectual, cultural y literario de la época, no era para menos, se trataba de un poeta laureado y reconocido; además, provenía de una clase media holgada y cultivada. Tengamos en cuenta que sus estudios secundarios los realizó en el prestigioso Colegio Markham y los superiores en la Pontificia Universidad Católica del Perú. La opción de vida que eligió no fue resultado de marginación personal alguna, de resentimiento o desesperanza, sino producto de su amor, su  solidaridad y sus ideales.
La sociedad peruana llegó a la segunda mitad del siglo XX con manifestaciones abiertas de convulsión  social y de polarización política entre cambio radical o conservación del estado de cosas. En la estructura económico-social la presencia del capital imperialista (Cerro de Pasco Corporation, Southern Perú Mining, Nothern Mining Corporation, Marcona Mining Corporation, International Petroleum Company) era hegemónica. Al mismo tiempo, la clase feudal terrateniente  concentraba en el 83 % del total de la tierra cultivable de los andes. (de La Puente).
En ese convulsionado escenario la clase obrera luchaba por mejorar sus condiciones de vida y los campesinos, a su vez, iniciaban una serie de acciones orientadas a recuperar las tierras que les habían usurpado. La sociedad semi feudal y semi colonial, rigurosamente investigada por José Carlos Mariátegui, estaba gestando una crisis que hacía avizorar el probable advenimiento de una situación revolucionaria. .
Las organizaciones, conscientes de la gravitación del ande y de las zonas rurales,  fijaron su atención en el Perú andino; el objetivo era organizar al campesinado, levantarlo a la lucha y convertirlo en protagonista de su libertad.. Se asumió que abriendo escenarios guerrilleros, las masas campesinas ocuparían su lugar y  “tomarían el cielo por asalto”.
En el escenario internacional, los pueblos del mundo luchaban y algunos  triunfaban y sentaban las bases de un nuevo orden. En Cuba, en China, en Vietnam, en Angola, en los países de centro América, la lucha armada era no solo una posibilidad  sino una ruta.
En la década del 50 el país estaba gobernado por la dictadura de Odría. Los partidos existentes eran molde del orden establecido. El APRA no obstante el sacrificio de algunos de sus líderes, asesinados unos, en el destierro otros,  perfilaba contradicciones y ambigüedades. Esta conducta llevó a su juventud a la creación de una fracción que se conoció como  APRA Rebelde y que lideró Luis de La Puente; después tomó el nombre de Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Los líderes del Partido Comunista también fueron al destierro. Su problema mayor provenía de una lectura sectaria y dogmática, que demostraba cuán lejos estaban del pensamiento del Amauta José Carlos Mariátegui.
En el 60 se formaron los sindicatos campesinos, Lares y La Convención en el departamento del Cusco, y fueron una demostración que el campesinado empezaba a convertirse en clase consciente, en sujeto social histórico.  En 1962 hubo elecciones generales, Haya de la Torre resultó vencedor en esta contienda; la derecha no aceptó los resultados, y, nuevamente, se instaló un gobierno militar presidido por Pérez Godoy primero, Lindley después.
Las organizaciones políticas de izquierda, por propia experiencia dedujeron que la vía democrática electoral era inviable en sociedades retrógradas. Se aceleró entonces la formación de organizaciones de carácter político militar: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, El MIR, el Frente de Liberación Nacional y el Ejército de Liberación Nacional. De ese proceso surgieron personajes como Javier Heraud, Edgardo Tello, Héctor Béjar, Alaín Elías, Guillermo Lobatón, Máximo Velando. Los dos primeros conocidos por su estela de poetas y por su destino de guerrilleros asesinados por los “descuartizadores de la luz y el canto” (Zeballos)
El río de Javier
Javier Heraud tuvo lo suficiente para “sentirse realizado”. De haber sido indiferente nadie le hubiera enrostrado nada, pero su ser lo empujó a cultivarse en la solidaridad. Fue un convencido que la felicidad debía pertenecer a todos y, de no ser así había que luchar para conquistarla. Eso lo llevó a hermanarse con los que sufren; a dar residencia en su corazón a las causas justas; a portar sobre sí una parte del destino de todos, y rebelarse contra toda forma de injusticia.
De otro lado, era innata su capacidad para crear una forma de poesía que la crítica literaria saludaba. Lo suyo era canto puro y por ello nadie habría sospechado el menor atisbo de vocación guerrillera en su alma de poeta. Nadie leyendo su poesía abría sospechado que en él habitaba un hombre dispuesto a subir al monte y tratar de acabar con ese orden que lacera por siglos la vida de los pueblos.
Sus poemas son cantos a la vida, a las estaciones, al río, en él encontró y desarrolló mejor que nadie la metáfora exacta para compararlo con su devenir vital. Si los versos de Jorge Manrique refieren que: “nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar, que es el morir”, Javier se encargaría de describir el ciclo completo de ese río que fue –que es- su vida, e hizo una obra hermosa e intensa. Leamos los siguientes versos:
“Yo soy un río un río
un río cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso.
Me deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de día,
y de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.
Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo y fuerte
pero a veces no respeto
ni a la vida ni a la muerte.”
En este poema Javier Heraud se mostró como un maestro del lenguaje, combinó imágenes que captó con su mirada de poeta y, al mismo tiempo, hizo aflorar desde su mundo interior emociones y conceptos implícitos, llenos de vitalidad y de coherencia. A la vez que tierno se mostró apasionado y amoroso pero también bravo y enérgico.
Poética y compromiso social
Heraud llegó a la política por los caminos de la poesía; de ello no debe deducirse que la utilizó simplemente como un medio pues no fue así. Hasta cuando se adentró a cumplir su destino de guerrero, su poesía fluía de su espíritu y adquiría naturaleza propia. En una conversación que sostuvimos con Jorge Heraud, hermano del poeta, nos refirió que éste era un ser brillante, muy agudo e inteligente, pero sobretodo, sensible y dotado para la creación.
Si nos atenemos, en estricto, solamente a la obra poética de Javier advertimos que no hay atisbos explícitos de esa poética confrontante, a lo Maiakovsky, que caracteriza a algunas corrientes poéticas militantes y que, deliberadamente, convierte a la  poesía en trinchera o en puño de clase; lo que no significa en modo alguno que sea mala poesía, por lo menos no en el caso del poeta soviético. Veamos:
“Adelante, automóviles!
¡Al mitin, motocicletas!
¡Lo pequeño, a la derecha!
¡Ceded el paso a los camiones!
¡Los caminos se pusieron en fila india!
Escuchad lo que dicen los caminos
¿Qué dicen?
“Nos asfixiamos de tanto viento y polvo,
retorciéndonos en los rieles por estepas hambrientas.
Por dóciles kilómetros sin empedrar,
estamos hartos de arrastrarnos tras los presidiarios.
Queremos saturarnos de asfalto,
ceder bajo el peso del expreso.
¡Levantaos!
¡Basta de dormir
carreteras mecidas por el polvo!
¡Vamoooos!”
(Fragmento del poema 150,000)
Esta expresión poética nos retrae una barricada obrera. En cambio, la poesía de Javier Heraud no tiene esas características, al contrario, es sencilla; no buscó la complejidad, ni la forma ni en el contenido. Cuando publicó “El río”, en 1960,  la crítica de todos los tonos lo saluda y le augura un porvenir luminoso. Ese mismo año, con su poemario “El viaje” compartió con César Calvo el primer premio en los Juegos Florales “El Poeta Joven del Perú”, que convocaba el escritor Marco Antonio Corcuera, promotor de los “Cuadernos Trimestrales de Poesía”
Un aspecto del poco se habla es el del ejercicio magisterial de Javier Heraud, en efecto, el poeta fue docente en la Gran Unidad Escolar “Melitón Carvajal”. La vida de los hombres trascendentes tiene hondos recodos y misterios. Heraud fue probablemente el docente más joven del Perú, y algo más, también fue profesor del Colegio Nacional “Nuestra Señora de Guadalupe”, es decir, de la misma institución donde, cuatro décadas atrás, un hombre iluminado por el fuego de la poesía se dedicaba a la educación de los niños. Ese hombre se llamaba César Vallejo.
La obra del poeta Heraud quedó trunca. Cecilia, su hermana, ha dicho: “Javier no tuvo oportunidad, la  vida no le dio la oportunidad de madurar su poesía, no en el sentido de que la poesía que él escribiera fuera inmadura, no, sino que él pudo llegar a un sitial más, mucho más elevado. Javier tiene una poesía muy sencilla, pero a la vez muy honda, era un trascurrir de vivencias, de pensamientos que los hilvanaba”  (Vida y muerte de Javier Heraud)
Aquel joven que se sentía río, miró a su pueblo ya no solo con ojos de poeta; con la ayuda de la teoría marxista se detuvo a mirar las noches sin lunas de los parias, el abandono y la tristeza de los pueblos. Fue entendiendo que había un poder que asfixiaba los sueños e impedía el progreso. Decidió entonces actuar, simplemente no quería ser “el hombre triste, que agota sus palabras”.
Se interesó entonces por la actividad política, ingresó al Movimiento Social Progresista; creyó encontrar la opción que buscaba. Viajó a Europa, a Moscú y a China. Se entusiasmó con la construcción de lo que hasta entonces era la experiencia más terrenal de una sociedad nueva.
Mario Vargas Llosa, cuando aún era un escritor con ideales, dijo del poeta:
“Su entusiasmo político estaba acompañado de un enorme entusiasmo literario también. Estaba muy entusiasmado con Bertolt Brecht, con la idea de una literatura que de alguna manera reflejara convicciones políticas nuevas”. (ob. Cit.) Destinos tan opuestos los de ambos. Javier Heraud ascendió en convicciones e ideales y Mario Vargas se hizo un escritor a fin al sistema.
Después de cerca de dos años de militancia en el Movimiento Social Progresista, Javier renunció; lo hizo de manera firme y serena:
“No había salido aún de las filas del Movimiento Social Progresista porque me quedaba una última esperanza: la de entrar en el cauce de la verdadera Revolución, aquella que se enraíza en la ciencia y tiene vigencia universal. Infelizmente ha sucedido todo lo contrario. Ni la Revolución de la que hablan sus dirigentes es la Revolución Proletaria ni el Socialismo que pregonan es el Socialismo Científico. Se carece de una ideología seria y el reformismo campea por doquier” (ob. Cit.)
Decidió ingresar al Ejército de Liberación Nacional. Cuba fue su motivación. A ella  se dirigió, en 1962. Su propósito era estudiar cine. En la Cuba de Martí y de Fidel entendió que las palabras no bastaban, que la poesía si bien es un relámpago maravilloso, una fogata libertaria, no son suficientes para acabar con un orden injusto.  Estaba en su camino, en su opción. Heraud se hizo guerrillero.
Decidió ingresar con sus demás compañeros por Bolivia. En plena travesía por el río Madre de Dios fue sorprendido y acribillado. Se ensañaron brutalmente contra él. En ningún momento las fuerzas represivas dejaron de disparar proyectiles cuyo uso estaban prohibidos.
Heraud asumió ese destino no porque le gustara la violencia, menos por una postura de heroicidad “poética”. No. El poeta se fue convenciendo que frente a una clase dominante, que no le interesaba en absoluto el destino del país ni el bienestar de las mayorías, las gestas guerrilleras eran decisivas para abrir nuevos caminos.
Porque la patria es hermosa
Al poeta se le puede calificar de soñador, de romántico, pero no de ser un vulgar violentista.  Además, su decisión de irse al monte estuvo dictada por el amor a los que sufren. Lo dijo de manera muy precisa en este poema que firmó como Rodrigo Machado, su nombre de combate:
“Pero voy al combate y a la guerra
por amor a mi patria, a mi Perú,
por amor a mi suelo, a mis paisajes,
por amor a los pobres de mi tierra,
por amor a mi madre, a sus cariños,
por amor a mi padre, a sus durezas,
por amor a hermanos y amigos,
por amor a la vida y a la muerte,
por amor a las cosas de los días,
por amor a los días del otoño,
por amor a los fríos del invierno.
No sé que pasará conmigo y mis
hermanos en la lucha,
pero supe vivir y morir como
hombre digno,
queriendo respetar y salvar al que
todo lo sufre,
quiero abrir nuevos soles salvadores.
El final de la historia lo dirán
mis compañeros
arriba, abajo, encima de la historia
y contarán a mis hijos
historias verdaderas,
y para siempre vivirá la esperanza”
Pocos como él. Desde los tiempos de la lucha patriótica de Mariano Melgar no se conocía historia parecida. En todos los periodos el oficio de poeta es motivo de sospecha, y el de poeta revolucionario es peligroso. La lista es larga, Edgardo Tello, Otto René Castillo, Roque Daltón, Miguel Hernández, Federico García Lorca, son conocidos entre nosotros, pero hay muchos más.
 Javier Heraud es un ejemplo para una juventud que al acerársele lo encuentra puro como un río no contaminado, sólido como “un cedro fuerte y perenne”,  tierno “como un trémulo amante”. El poeta es un ejemplo de lo que significa ser joven, no solo desde el ámbito político, sino desde la condición de hijo, hermano, amigo, ciudadano.
 Como dijo Pablo Neruda: “Honor a su memoria luminosa. Guardaremos su nombre bien escrito. Bien grabado en lo más alto y en los más profundo para que siga resplandeciendo. Todos lo verán, todos lo amarán mañana, en la hora de la luz.”
 No concluiré esta nota sin decir que Javier Heraud es la encarnación de la pureza y del desprendimiento, del amor y el sacrificio. Sabemos que sus padres sufrieron una enorme y profunda herida. Tuvieron, sin embargo, el enorme orgullo de saberse progenitores de un hijo noble, que los amó en todo instante, que amó a su pueblo siempre.
 Los restos mortales del poeta ya no están en Puerto Maldonado, ahora reposan en un lugar que es accesible para que la familia y los amigos visiten a este eterno joven que, además de revolucionario fue poeta luminoso, aunque quizás sea más exacto decir que este extraordinario poeta fue, además, un auténtico guerrero.
 Y así como sus padres siempre lo sintieron vivo y así como sus hermanos sienten que Javier está con ellos:
“Mamá, papá,
he vuelto.
Hermanos,
aquí estoy
como antes,
cantando en
las noches
del invierno,
con mi seco
corazón
de pan y piedra.”
Así también, los hombres que no han renunciado a los sueños sienten que Javier está vivo y también están vivos sus ideales.
•             Fuentes consultadas: Conversación con el Ingeniero Jorge Heraud Pérez, Vida y muerte de Javier Heraud, de Cecilia Heraud Pérez (Mosca Azul Editores), Historia del Perú, Edición de Juan Mejía Baca, Poesía de Vladimir Maiakosvski, fotocopia. Ensayo sobre la sociedad Peruana, de de La Puente, Luis, tomado de:
http://www.marxists.org/espanol/delapuente/1964/rev-peru.htm
CARTA DE JAVIER HERAUD A SU MADRE
Nov 62. La Habana. Cuba.
Querida madre:
No sé cuándo podrás leer esta carta. Si la lees quiere decir que algo ha sucedido en la Sierra y que ya no podré saludarte y abrazarte como siempre. ¡si supieras cuánto te amo!, ¡si supieras que ahora que me dispongo a salir de Cuba para entrar en mi patria y abrir un frente guerrillero pienso más que nunca en ti, en mi padre, en mis hermano tan queridos!
Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tu me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia.
Porque sé que mi patria cambiará, sé que tú también te hallarás dichosa y feliz, en compañía de mi padre amado y de mis hermanos. Y que mi vacío se llenará pronto con la alegría y la esperanza de la patria.
Te besa
Tu hijo

sábado, 7 de mayo de 2016

LA MADRE EN LA POESÍA PERUANA

Texto para un Plan Lector del Docente de Aula.



Por Julio Yovera.               
La madre es el símbolo de la ternura, del amor y del sacrificio. Ningún hijo en la tierra  ha dejado de sentir que de ella nos viene la vida en toda su plenitud. Si esto ocurre con los seres sencillos y silvestres; cuando de la madre se trata las palabras de los poetas adquieren las formas más bellas y puras. No por gusto el lenguaje es el medio de socialización por excelencia y no en vano la poesía trasmite las emociones y los sentimientos más hondos del creador, tanto que su lectura suele conmocionar en todo su ser al lector o receptor.
En esta oportunidad –víspera de la Día de la Madre- en una sociedad agresiva, donde la mujer es una víctima de la violencia, hemos seleccionado un conjunto de poemas de homenaje a la Madre, que corresponden exclusivamente a poetas peruanos. Lo hacemos porque en algún momento de nuestra historia se extravió la patria y tenemos el deber de encontrarla.
Cuando analizamos estas creaciones, que son patrimonio nuestro, nos damos cuenta que los poetas, en distintos tiempos, espacios y circunstancias, tienen en común lo siguiente:
-           Todos ellos reconocen la influencia decisiva que la madre tuvo en sus vidas.
-           Sus convicciones lo llevan a emprender una vida solidaria, de entrega y sacrifico.
En efecto, los poetas que referimos militaron en las olas de una humanidad esperanzada en los cambios que conllevan a luchar por un mundo mejor. Y si como se dice, el hogar es la primera escuela, colegimos entonces que la madre es la primera maestra.
A continuación una breve galería de poetas y sus creaciones a la Madre. A ellas nuestro profundo homenaje.  

1

CÉSAR VALLEJO MENDOZA
POETA MILITANTE Y SOLIDARIO
La madre de Vallejo se llamó María de los Santos Mendoza Gurrionero y su padre Francisco de Paula Vallejo Benites. Nació en Santiago de Chuco (La Libertad) en marzo de 1892, y murió en París (Francia) en abril de 1938
Su progenitora fue una mujer que lo protegió en los años que estuvo a su lado. Cuando se fue su madre, en agosto de 1918, el poeta tenía 26 años de edad. Vivía en Lima y había concluido ya su primer libro de poesía LOS HERALDOS NEGROS, que publicó en 1919. 
El poeta no asistió a los funerales y en un estado de abatimiento por la ausencia de la mujer que le prodigó un amor de dimensión cósmica, escribió para ella un poema que formará parte de su libro Trilce, que rompe con todas las normas de la poética hasta entonces conocida.
Vallejo fue un escritor íntegro, no solo desde el punto de vista estético sino ético. Abrazó la causa de los desheredados de la tierra y unió su vida y su destino a ellos.
Después de andar en busca de una razón de vida, que le permitiera realizarse, abrazó la causa revolucionaria y se echó a andar.
Se fue a Europa, después de sufrir una prisión injusta, precisamente cuando había retornado a Santiago, a reencontrarse con su gente y de ir al encuentro de la madre amada, que yacía sepultada en el cementerio de su natal Santiago de Chuco. 112 días de prisión (6 de noviembre de 1920- 26 de febrero de 19219 le afirmaron que si el hombre tiene sueños justos, caerán sobre él las injusticias.
En Europa se vincula a los intelectuales más representativos de su tiempo. Desde París viaja por varios países y va a la Unión Soviética.
Cuando ocurrieron los sucesos de la guerra civil en España, se traslada hacia ese escenario y se convierte en un miliciano de la palabra. Más aún, se hace militante comunista. Se afilia al Partido Socialista que había fundado José Carlos Mariátegui, en 1928; y también se afilia al Partido Comunista Español.
El Amauta José Carlos Mariátegui, dice de él y su poesía:
“Vallejo, en su poesía, es siempre un alma ávida de infinito, sedienta de verdad. La creación en él es, al mismo tiempo, inefablemente dolorosa y exultante. Este artista no aspira sino a expresarse pura e inocentemente. Se despoja, por eso, de todo ornamento retórico, se desviste de toda vanidad literaria. Llega a la más austera, a la más humilde, a la más orgullosa sencillez en la forma. Es un místico de la pobreza que se descalza para que sus pies conozcan desnudos la dureza y la crueldad de su camino. He aquí lo que escribe a Antenor Orrego después de haber publicado Trilce: “El libro ha nacido en el mayor vacío. Soy responsable de él. Asumo toda la responsabilidad de su estética. Hoy, y más que nunca quizás, siento gravitar sobre mí, una hasta ahora desconocida obligación sacratísima, de hombre y de artista: ¡la de ser libre! Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás. Siento que gana el arco de mi frente su más imperativa fuerza de heroicidad. Me doy en la forma más libre que puedo y ésta es mi mayor cosecha artística. ¡Dios sabe hasta dónde es cierta y verdadera mi libertad! ¡Dios sabe cuánto he sufrido para que el ritmo no traspasara esa libertad y cayera en libertinaje! ¡Dios sabe hasta qué bordes espeluznantes me he asomado, colmado de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir a fondo para que mi pobre ánima viva!” Este es inconfundiblemente el acento de un verdadero creador, de un auténtico artista. La confesión de su sufrimiento es la mejor prueba de su grandeza”. (7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana)
El poeta que expresa como ningún otro el sentimiento andino ancestral, sintió siempre la presencia de la madre, como si ésta fuera la luz que lo iluminaba siempre.
 De la noticia sobre la muerte de la “madre inmortal”, surge este poema de hijo agradecido:

LXV

Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.

Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.

 Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.

Así, muerta inmortal.
Así.
(Trilce, César Vallejo)


2

CARLOS OQUENDO DE AMAT
TERNURA POÉTICA Y PASIÓN DE VIDA

Hablar de Carlos Augusto Luis Antonio Humberto Nicolás Oquendo de Amat es referirnos al poeta mágico, que nos trasmite sus sueños en imágenes de colores. Nació el 17 de abril de 1905 (Puno, Perú) y muere en marzo en 1936 (Guadarrama, España), a la edad de 31 años.
Su madre se llamó Azaida Amat Machicao y su padre Carlos Oquendo Belisario Álvarez, éste era médico de profesión pero cargado de inquietudes políticas y de pensamiento progresista, lo que le generó dificultades de todo tipo. Su madre era descendiente del virrey Manuel Amat y Junient.
En 1918 su padre y muere. 5 años después también se extingue la vida de su madre. Tuvo que enfrentar apremios muy grandes para sobrevivir.
Publicó en 1929 en la Editorial Minerva 5 Metros de Poemas, que son efectivamente cinco metros de papel que se van desdoblando a medida que se hace la lectura. La edición aparece con fecha de diciembre de 1927. Todos sus poemas son particularmente simbólicos y por eso se dice que es uno de los representantes del vanguardismo poético, pero, la verdad es que solo en un país cargado de contrastes geográficos y sociales puede escribirse una poesía que esté ceñida de belleza íntima y de pureza social.
Oquendo fue comunista, pero además, cuadro y dirigente consciente de sus responsabilidades históricas. Se trasladó a Arequipa destacado por el naciente partido a cumplir con la responsabilidad de darle organicidad y vigencia a la creación heroica de José Carlos Mariátegui.
En 1929, en Bolivia, fue apresado y luego expulsado por su activismo político. Pese a todo ello, se mantuvo incólume en su militancia. Fue desterrado por la dictadura de Sánchez Cerro.
Se  fue a España y ahí muere con una tuberculosis que le minó su cuerpo pero no su obra. Sus restos se perdieron en el torbellino de la guerra.
De él dijo el escritor Mario Vargas Llosa, cuando éste era un hombre de ideas progresistas: 
“Hace aproximadamente treinta años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Breton, moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y Cinco metros de poemas de una delicadeza visionaria singular. Tenía un nombre sonoro y cortesano, de virrey, pero su vida había sido tenazmente oscura, tercamente infeliz. En Lima fue un provinciano hambriento y soñador que vivía en el barrio del Mercado, en una cueva sin luz, y cuando viajaba a Europa, en Centroamérica, nadie sabe por qué, había sido desembarcado, encarcelado, torturado, convertido en una ruina febril. Luego de muerto, su infortunio pertinaz, en lugar de cesar, alcanzaría una apoteosis: los cañones de la guerra civil española borraron su tumba de la tierra, y, en todos estos años, el tiempo ha ido borrando su recuerdo en la memoria de las gentes que tuvieron la suerte de conocerlo y de leerlo. No me extrañaría que las alimañas hayan dado cuenta de los ejemplares de su único libro, encerrado en bibliotecas que nadie visita, y que sus poemas, que ya nadie lee, terminen muy pronto trasmutados en humo, en viento, en nada, como la insolente camisa colorada que compró para morir. Y, sin embargo, este compatriota mío había sido un hechicero consumado, un brujo de la palabra, un osado arquitecto de imágenes, un fulgurante explotador del sueño, un creador cabal y empecinado que tuvo la lucidez, la locura necesarias para asumir su vocación de escritor como hay que hacerlo: como una diaria y furiosa inmolación.” (Discurso al momento de recibir el premio Rómulo Gallegos, Caracas, Venezuela, 1967)


Ese hombre llamado Oquendo de Amat, cargado de dolor por la humanidad, con un ideal confeso y una militancia llena de furor y fe, escribió este poema que algunos sugieren que debe gravarse en la memoria de cada hijo.

MADRE

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
Y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
Como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante.

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso.

Entre ti y el horizonte
Mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos
Porque ante ti callan las rosas y la canción.

Carlos Oquendo de Amat,
(Escrito en 1925, publicado en “5 metros de poemas” en l927.


3
JAVIER HERAUD
POETA Y QUIJOTE
Javier Heraud murió cuando apenas tenía 21 años de edad. De él no se puede decir que conoció la pobreza y por eso se hizo revolucionario, que es la forma recurrente como los comisarios culturales del sistema suelen “explicar” la opción que asumen los que deciden hacer de su vida un apostolado en la lucha por un mundo mejor. La finalidad obvia de quienes sostienen tamaños desaciertos es pretender menoscabar la grandeza de los hombres de ideas sublimes.
Javier nació en un hogar de clase media, en el distrito de Miraflores el 19 de enero de 1942. Su madre se llamó Victoria Pérez Tellería y su padre Jorge Heraud Cricet. Sus primeros años transcurren dentro de un hogar que le daba todas las condiciones para realizase y ser feliz en el sentido común de la palabra.
Mostró una inclinación precoz por el estudio. Cursó su secundaria en el Colegio Markham  y sus estudios universitarios en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde ingresó en el primer puesto en su examen de admisión en el año 1958.
También se matriculó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con el propósito de estudiar derecho, pero ello no le entusiasmaba y más lo hizo por no desoír el consejo de su padre.
En su auroral juventud se vinculó a los poetas de su generación: César Calvo, y Antonio Cisneros, entre otros.  En 1960 publica El Río, una poesía cargada de música y vitalidad. A finales de ese año obtiene con César Calvo el premio El poeta joven del Perú, con su libro El Viaje.
Pocos conocen que Javier Heraud ejerció la docencia en instituciones educativas como el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, lo que debe ser una de las fortalezas de esta prestigiosa institución educativa, de los alumnos y los maestros del Perú. 
Su sentido solidario lo llevó a adherirse a las ideas socialistas. Después de viajar a la Unión Soviética y China, y de estar en París y Madrid, convencido que el Perú requería un cambio, viajó a Cuba con la intención de estudiar cine, pero llega a la conclusión que no basta declararse revolucionario para serlo y decide, por convicción, integrarse a la guerrilla, que por entonces se le veía como el camino seguro para terminar con las lacras del sistema. Como él dijera: “se cansó de ser el hombre triste, que agotaba sus palabras”.  
El 15 de mayo fue acribillado su cuerpo pero su poesía y sus convicciones viven y son un ejemplo para la juventud.    
El poeta Pablo Neruda (Chile) con motivo de la muerte del poeta escribió lo siguiente:
“Universidad de Chile
ISLA  NEGRA,  Juliio de 1963

He leído con gran emoción las palabras de Alejandro Romualdo sobre Javier Heraud. También el valeroso examen de Washigton Delgado, las protestas de Cesar Calvo, de Reinaldo Naranjo, de Arturo Corcuera, de Gustavo Valcárcel. También leí la desgarradora relación de Jorge A. Heraud, padre del poeta Javier.
Me doy cuenta de que una gran herida ha quedado abierta en el corazón del Perú y que la poesía y la sangre del joven caído siguen resplandecientes, inolvidables.
Morir a los veinte años acribillado a balazos “desnudo y sin armas en medio del río Madre de Dios, cuando iba a la deriva, sin remos...” el joven poeta muerto allí, aplastado allí en aquellas soledades por las fuerzas oscuras. uestra América oscura, uestra edad oscura.
 No tuve la dicha de conocerlo. Por cuando ustedes lo cuentan, lo lloran, lo recuerdan, su corta vida fue un deslumbrante relámpago de energía y de alegría.
Honor a su memoria luminosa. Guardaremos su nombre bien escrito. Bien grabado en lo más alto y en los más profundo para que siga resplandeciendo. Todos lo verán, todos lo amarán mañana, en la hora de la luz”.



A continuación una Carta del poeta Javier Heraud a su Madre:

                                                                                                         


Queridísima Madre:

Mamá: podría mentirte si te digo: hoy estoy contento. No, no es cierto. ¿Por qué? Pues hoy es el día de la madre y no estoy junto a ti; hoy es el día de la madre y no sucede como en 19 años anteriores: corriendo a tu cama con algún regalo para darte, o un beso, o un corazón pegado en cartulina. Por otro lado, mi tristeza aumenta al  no tener noticias. ¡Hace justo un mes y medio que salí de casa y sin una carta tuya! Nada, absolutamente nada sé de Uds., ni cómo están, ni qué hacen, ni qué pasa por allá.
Esta carta te llegará retrasada. No he podido escribirte antes: esperaba carta tuya, tenía la certeza de que me llegaría antes de hoy y no ha sido así. Por eso he querido esperar hasta hoy, segundo domingo de mayo, para envolver, para poner en un papel todo mi corazón de hijo agradecido, todo mi corazón anhelante de cariño, y enviártelo en este día que está lleno de recuerdos infantiles y hogareños para mí. En este momento en la radio tocan música de Listz y me invade una melancolía especial. ¡Mi casa, mi familia, todo un orgullo pasado y futuro!
A las 7 y media las muchachas que cocinan en la casa, mientras tomábamos desayuno, repartieron una rosa roja a todos los muchachos que tienen madre. ¡Si supieras con qué orgullo recibí la mía y en ese momento leía un editorial de un periódico sobre el día de la madre, un hermoso editorial, y yo tuve que hacer inmensos esfuerzos para que no se dieran cuenta que lloraba, sí: interna y externamente! Mamá, ¿qué pasa, por qué no me escriben, por qué no recibo noticias de Uds.? Escríbeme directamente, pon mi dirección en un sobre y mándamela directamente a Cuba, yo me siento aquí maravillosamente: estoy como en mi patria, ¡aquí todo es tan hermoso! No sabes cuánto agradezco ser hijo tuyo, ser miembro de una familia como la mía, tener un padre así y tales hermanos, y mi mamama tan sabia, y todos en general.
Como comprenderás, mi preocupación constante es por Uds.; yo no sé cómo están. ¿Y Gustavito? Si supieras cómo pienso en él, mi pequeño hermano. Escríbeme a diario y  directamente, si te cansas, que me escriban todos mis hermanos, todos los días; que cada uno me cuente qué hace, a mi papá dile que lo quiero más que nunca, que tengo deseos de escribirle, pero sin carta de Uds. no sé sobre qué escribirles. Ya sabes, que cada uno de ellos me escriba a diario, hasta el Gustavito. Envíenme sus cartas directamente a Cuba, que creo que llegan así. Yo estoy maravillosamente. Llevo una vida ordenada: me levanto a las 7, me baño, tiendo mi cama, tomo desayuno, voy a la Universidad, almuerzo a las 12 y media, descanso una hora, leo, si tengo clases las tardes (casi no tengo) voy a la U., o al cine, o paseo y tomo un refresco, voy al teatro y me acuesto a las 11 ó 12. Es una vida tranquila. Mis estudios de cine no sé cómo hacerlos, por el momento estudio literatura, aunque creo que el mes que viene comenzaré a practicar en el Instituto de Cine. Mi salud es perfecta, los dientes me fastidian un poco pero pronto iré al dentista. La asistencia médica es gratuita, las cartas nos las mandan gratis, nos dan 30 pesos (dólares) mensuales que más alcanzan de sobra. Madre, mamá, con todo el corazón de hijo agradecido te saludo y beso en tu día, a ti, a tu madre, mi mamama, y a la madre de mi papá.

Escríbeme, escríbanme todos y pronto. Te besa mil veces Javier.
P.S. Mi dirección aquí es: Javier Heraud. Calle 30, № 965. Entre 26 y 47, Altura del Vedado,
La Habana — CUBA.
¡ESCRÍBANME! ¡ESCRÍBANME DIRECTO!
13 de mayo, 1962”.




4

HORACIO ZEBALLOS
EL LÍDER POETA
Horacio Zeballos aparece en el escenario de la lucha social en el Sur. Nacido en 1943 (Carumas, Moquegua) y murió en marzo de 1884 (Lima), desde muy niño cultivó con pasión la poesía. Sus más cercanos familiares señalan que solía recitar en las actuaciones que se hacían en su institución educativa.  Su madre fue la señora Sabina Gámez Melgarejo y su padre don Cerelino Zeballos Medina.
Ya adolescente se a la capital del departamento, Moquegua, allí estudió secundaria, y, luego, se trasladó a la ciudad de Arequipa, donde inició su formación académica, graduándose de docente.
De inmediato se integró a la actividad gremial. Consideraba que los maestros deben estar unidos y es que por entonces los docentes peruanos estaban organizados sindicalmente por niveles y hasta por especialidad. Se dedicó a organizar el SUTEP. Fue en el Cusco, en julio de 1972, cuando se realiza el Congreso fundacional, que sale elegido Secretario General del gremio en el primer periodo del gobierno militar que dirigía el general Juan Velasco y que había emprendido importantes reormas..  
Horacio, en sus fueros más íntimos se atrincheró en la poesía y la cultivó con éxito. Publicó Pluma Esclava, Esclavos de Corbatas, El eco de mi Voz  y Alegrías de la Prisión, este último es un conjunto de poemas que hablan de las emociones que le producen sus experiencias de vida, particularmente los largos años de prisión que tuvo, incluyendo su estadía en El Sepa, el llamado infierno verde enclavado en el corazón de la Amazonía.
Blandiendo un verbo que iluminaba a los maestros, dijo: “la cárcel tiempla como el fuego al acero o como el fuego a la vela”. A él lo templó como el acero y por eso se convirtió en el líder indiscutible de los maestros peruanos.  
Algunos críticos han encontrado en su poesía la misma intensidad intimistas de Oquendo de Amat. Fue un poeta hondo y luminoso. Resulta grato leerlo porque es un poeta que si bien expresa poesía que íntima, su mensaje siempre es social, de protesta y de esperanza.
Alegrías de la Prisión es una creación en la que sonríe y mira con ojos de poeta los sueños de los luchadores.  
En los años de persecución y prisión, la madre solía aparecerse en Lima, en el local del SUTEP, y causaba asombro y simpatía cuando hacía uso de la palabra.
“Yo no he venido a dolerme por la lucha de mi hijo, he venido a expresarle a mi hijo y a ustedes mi apoyo;  y reclamo ocupar el lugar que me toca para seguir, juntos, luchando por una causa justa. Y cuando le tocaba estar preso en el Hospital, por razones de salud, la señora Sabina y Alicia Rojas, iban a visitarlo. Cuando la vigilancia se descuidaba, Horacio recibía y entregaba los documentos entre el dirigente y las bases. Jamás dejó de haber comunicación”. (Testimonio de una maestro)
Murió cuando tenía 41 años y hay quienes sostienen que la lucha social hizo que se perdiera un gran poeta, pero esta apreciación no es del todo completa. Y es que en los apremios de su vida, Horacio dejó poemas que nos permiten sentir la pureza de sus ideales y su compromiso en un destino mejor.
En la parte que corresponde a la Dedicatoria, en su libro Alegrías de la Prisión, escribe: “El Partido forma y realiza. Toda su acción retorna al pueblo, del que nace. En él se troca en futuro concreto, en revolución posible. Sólo la militancia política activa favorece una auténtica y profunda convicción revolucionaria. Dedico estas Alegrías de la Prisión a mi Partido, el P.C. del Perú”.
El crítico Oscar Valdivia Ampuero escribió en el Prólogo:  
“Considerando en toda su magnitud el fondo humano y social del que ha sido arrancado la experiencia raigal, no es difícil pensar que Alegrías de la Prisión, cuya palabra nos acerca un tanto, por su frecuente trasparencia y plenitud a la poesía de Carlos Oquendo de Amat que el autor de Alegrías confiesa haber leído sólo después de terminar su libro, constituirá una muestra paradigmática de poesía con intención social que no desdeña ni reniega de la belleza, la hondura y autenticidad del sentimiento y la austeridad verbal más escueta”
(De la 1ª edición de Obramundo, octubre, 1980)


3
Uva
vieja
dulce
convertida en pasa de tanto esperarme
De ti aprendí a abrir murallas deshojando las
rosas
            del tiempo
A comprender la adversidad con la misma
sonrisa
            de un niño.
Tu tristeza alegre tu lealtad de río
la conservo en el cuadro de mi sala.
Esta prisión que vivo tiene más de tu aliento
que de martirio.
El  tiempo abre voluntades cicatriza heridas
A veces hay que perder la guerra para vencer
la paz.
Madre
desde que nos separamos tu voz que no  termina
viene en el agua
Y tu bastón se va doblando en el  heroico
cotidiano batallar. 
(Alegrías de la Prisión)