Por Julio Yovera.
El neoliberalismo lo impuso por
asalto la burguesía monopólica. Después del golpe de estado que dio Fujimori se
abalanzó sobre el país para saquearlo. Logró también uno de sus objetivos
estratégicos: arrinconar las concepciones y propuestas de izquierda, quien, sin
advertirlo, fue perdiendo esa acumulación de masas que tuvo en los 60s y 70s. Incluso,
algunos de sus representantes se hicieron trásfugas o “balseros” (calificativo de Alfonso
Barrantes), y se “modernizaron”
El cleptócrata aprovechó la
derrota militar de Sendero para presentarse como el “pacificador del país”, al mismo tiempo que impuso la
corrupción, el narcotráfico, las esterilizaciones criminales, los diarios chichas, el robo. La política la
redujo a asistencialismo, reparto de comida y baratijas. Se promulgó la Constitución
neoliberal y se dieron los despido masivos y se entregaron nuestros recursos.
Fue la masa en las calles las que
derrotó a la banda, pero no al modelo. La propuesta de “desarrollo” se mantuvo.
Los voceros de las distintas organizaciones políticas del orden existente y los
medios de comunicación declararon en todos los púlpitos que se pueden hacer cambios en el planeta pero no la economía.
Humala, en el 2010, se posesionó como
el candidato “nacionalista” y “progresista”. Sin embargo, la presión del poder
fue tal que la “gran transformación” fue reducida a una simple “hoja de ruta”,
que era más de lo mismo.
En casi tres décadas, las
izquierdas han padecido de marginalidad. El poder tiene mucho que agradecerle
al aventurerismo dogmático, que impuso un estado de terror en el país; pero,
también a esa izquierda domesticada y medrosa que perdió identidad e iniciativa.
Pero, a pesar de todos los
esfuerzos de la caverna por desaparecer a la izquierda y al progresismo, éstas
no arriaron banderas. En el Congreso hubo quienes enfrentaron al neoliberalismo
y, otros, desde el movimiento popular, en particular en las regiones de
Cajamarca, Cusco, Arequipa, se batieron contra el modelo.
Y la recuperación de las
izquierdas aún espontánea, fusión de representación parlamentaria con
movimiento popular, hizo rabiar a la jauría derechista.
Ad portas de elegir al nuevo
gobierno, vale la pena preguntarse: ¿Hay diferencia en la propuesta económica
de la hija del delincuente preso, Keiko Fujimori, con la de PPK, reconocido
lobista de los inversionistas del gran capital? No la hay. Los dos son devotos
de la Constitución que impuso la dictadura. Los dos son fervorosos creyentes de
ese dios que es el mercado.
El clan Fujimori es producto
natural de esa epidemia cancerosa. Y esa es una de las razones del por qué un
sector de la izquierda señala que ese es el blanco al que hay que apuntar y vencer.
A PPK le cuesta hacerlo. Las limitaciones que tiene no son de edad ni de
voluntad, sino de identidad. Su opción lo ata las manos. Así como otorongo no
mata otorongo, neoliberal no mata neoliberal.
Elegir un candidato y una
propuesta que no es la tuya no es un tema de “mal menor” como los sostienen
algunos liberales progresistas e izquierdistas con buenas intenciones.
Esta segunda vuelta es muy
singular, pues, tiene al frente una opción con rasgos fascistoides, que
coludida con la hamponería, enseña sus colmillos tratando de amedrentar al
pueblo, y exacerba los instintos más primitivos de los seres humanos.
Con dicha opción, de salir
beneficiada por el voto, el país nuevamente será subastado y el narco tráfico operará
impunemente. Joaquín Ramírez nos trae la imagen tenebrosa de lo que sería un
narco Estado.
PPK ha demostrado una debilidad que
hasta los neoliberales y grupos de poder cuestionan. Ellos apoyan a quien o
quienes defiendan mejor sus intereses Que defiendan leyes como la llamada Ley pulpín,
donde cerraron filas con todas las fuerzas reaccionarias al interior del Congreso,
nos anticipa un régimen que le sirva incondicionalmente a los grupos de poder.
Las izquierdas han decidido votar
contra la mafia De salir airosa, nadie
en su sano juicio dirá que se va a un cogobierno. El electorado consciente sabe
que es necesario cerrarle el paso a la camarilla de narcos y ladrones, aunque
para ello tenga que echarse a cuestas una cruz pesada: votar por PPK.
El voto viciado puede darle paz a
la conciencia de quienes lo asumen, pero matemáticamente le sirve a la mafia. Y
esa es la amenaza que hay desactivar y derrotar.
Así de simple.



No hay comentarios:
Publicar un comentario