EL
TRABAJO DE OTONIEL ALVARADO, EL HOMBRE QUE DESENMASCARÓ A ACUÑA
Escribe: Julio Yovera.
Otoniel Alvarado Oyarce es
el docente universitario que se hizo conocido en los agitados días de la primera
vuelta de la campaña electoral, cuando tuvo el coraje de poner en evidencia a
uno de los candidatos favoritos en campaña, César Acuña Peralta, cuyo “mérito”
no era solo tener “plata como cancha”, sino también ser un casi perfecto
plagiario, pues el rector fundador de la universidad que lleva el nombre del
poeta peruano universal César Vallejo había montado su nombre en uno de los
libros del eminente docente
En estos días, donde ya no
hay campaña electoral, me encuentro con un libro más del maestro Otoniel, y
cómo sé que el periodismo común y corriente, que es el que más abunda en
nuestro medio, se entretiene en lo intrascendente; y el periodismo de
investigación serio vuela porque la corrupción se propala como un plaga y como
un incendio, me decido hacer una breve comentario de uno de los trabajos del
profesor.
Si hay una palabra que sea cabal
para calificar la vida de Otoniel Alvarado esa es “Maestro”. Quienes lo
conocemos no nos quedamos sorprendidos de sus publicaciones.
Desde hace buenos años, un
colectivo de teóricos e investigadores de la educación, trabajan y producen sin
más apoyo que el de su propio interés y por contribuir al modelamiento de un
Proyecto Nacional de Educación y en él
una propuesta del tipo de universidad que requiere un país como el nuestro: de
reiterada economía primario exportadora, de carencia de una política de Estado
en los aspectos científico-culturales, de un reconocimiento hondo que somos un
país pluricultural y multiétnico.
Por eso, es alentador que
tengamos en el libro “EDUCACIÓN Y DESARROLLO, Deslinde Epistemológico”, un
material que nos permite reflexionar y avanzar a una cabal comprensión de este
fenómeno social de la que poco se habla y casi nadie estudia.
Nos parece importante que el
doctor Alvarado reflexione sobre estos temas, en las cuales –valiéndose de
anécdotas que involucran a personajes peruanos, lo que de por sí ya es un
acierto– argumenta la necesidad de construir escuelas, hacer escuela pues esto
es más importante que fundar un Partido. Y que hay asignaturas que tienen como
objetivo “hacer pensar”, y, que esta actividad no debería faltar nunca en
ningún sistema y en ningún modelo de educación.
El libro “EDUCACIÓN Y
DESARROLLO” traza una ruta de análisis desde la espistemología de las ciencias.
Según ésta, el fenómeno educativo y el desarrollo están imbricados por su
naturaleza teórica pero también por la dinámica de la realidad y exigencia de
los tiempos. El desarrollo personal – social solo es posible si es que marcha
bien el sistema educativo.
Desde su enfoque, Alvarado
pone en relieve por los menos tres hechos considerables:
Ahí donde la educación ha
sido un factor dinámico de la sociedad, los filósofos y teóricos han cumplido
un papel de primer orden, y algunos de ellos destacaron como humanistas, es
decir, fueron seres comprometidos con la formación del hombre. Tenemos, entre
otros, a: Kant, Rosseau, Comte, Ilich, Makarenko.
La educación que cumple mejor
su función en el tiempo y en una determinada sociedad se ha caracterizado
porque las clases sociales dirigentes la vincularon a un proyecto de
desarrollo, lo que implica hacer planificación. En las sociedades donde todo se
enfrenta al tanteo, no es posible hacer nada duradero ni valioso.
En el Perú, hay una enorme
improvisación en educación. No hay proyectos nacionales ni institucionales. El
pragmatismo del modelo remplaza a lo que es duradero y sostenido en el tiempo.
Esta publicación a cargo de
la Escuela de Post Grado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán
y Valle, La Cantuta, es un aporte al desarrollo de una teoría de la educación
peruana.
Este aporte del maestro
Alvarado debiera ser material de
consulta de los que aspiran a gobernar. Solo así, los habilidosos plagiadores
aprenderán a respetar los derechos de autor y a concebir propuestas que le
sirvan a una sociedad urgida de mejoras. La nuestra es una de ellas.
He pensado en todo esto
mientras me entero de que mi colega Otoniel viene siendo blanco de las
desazones de quien ingresa a los laberintos kafkianos de la justicia peruana.
Ahora el profesor Alvarado parece vérselas con esa clase de jueces y secretarios
que un día encerraron al poeta César Vallejo en una injusta celda.


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