lunes, 12 de agosto de 2013

Manuelita Saenz, la insepulta de Paita


 Por  Julio Yovera B *

“Tú fuiste la libertad
Libertadora enamorada.”
(Pablo Neruda, Cantos Ceremoniales)
En Paita las olas del mar son lentas e inspiran paz. Antaño fue parte del señorío de los tallanes de Colán y Amotape. En plena colonia, el punto más importante del litoral, después del Callao fue esta bahía. De aquí fueron embarcados los metales preciosos con destino a las arcas del imperio hispano, y, por eso, el puerto fue sitiado por piratas ingleses enloquecidos por el oro.
Aquí, en Paita, vivió, olvidada por la ingratitud y por la indiferencia una de las mujeres más representativas de América cobriza, representativa no porque fue la amante de un hombre como Bolívar, sino porque supo identificarse con la causa de los pueblos, que se levantaron convencidos que jamás habría libertad sin antes romper las cadenas de la opresión y la dominación.
En Quito, la capital de lo que hoy es la República de Ecuador, el 27 de diciembre de 1797, nació Manuelita Saenz Aizpuru. Su vida representa el itinerario de una mujer de dimensión continental, que tuvo el mérito de asumir la causa libertaria de la gran patria latinoamericana y la emancipación de su género, y lo hizo acompañada de la misma llama que alumbra hoy el corazón de los revolucionarios, sintiendo lo mismo que agitaba el alma del poeta Otto René Castillo, quien dijera al abrazar la causa de los pobres: “vamos patria a caminar, yo te acompaño”. Fue esa emoción la motivó a unirse a la gesta de la independencia, a enfrentarse al poder oscurantista y a tejer una red de amor que la unió a Bolívar hasta más allá de la vida. 
La progenitora de Manuelita, doña María Joaquina de Aizpuru, vivió poco; algunos afirman que su deceso estuvo relacionado con su nacimiento, aunque, dados los tiempos, no hay pruebas contundentes de ello. Su padre, Don Simón Saenz, la protegió y educó en instituciones católicas conservadoras muy propia de la época y tuvo dominio de conocimientos y habilidades que le permitieron un buen desempeño en el ámbito social. Además, dominó lenguas extranjeras, el francés sobre todo pues era costumbre, que con ésta, se comunicaran las “cultas” aristocracias y los sectores criollos emergentes.
Manuelita adornó su personalidad con el dominio de un pensamiento racional y un  romanticismo, que la impulsaron a ponerse lejos de la rutina y del ambiente apacible, y a buscar una vida más acorde con su espíritu de luchadora. Como era propio de las señoritas de su clase social, tuvo la compañía de dos muchachas esclavas: Natán y Jonatás: con ellas forjó una lealtad basada en la amistad y el afecto, vivió con ambas tiempos de  agitación libertaria, estaciones de amor y de gloria, y su final de crepúsculo. Cuando anciana ya, en la playa, frente a las olas lentas y musicales de Paita, soñaba que el Libertador continuaba en campaña y continuaba amándola. Y ella lo esperaba.
Tenía 19 primaveras cuando conoció al caballero inglés James Thorne; con él se casó en Lima, la capital del Virreinato del Perú, y fue aceptada por una sociedad frívola, que le garantizaba una vida social plena; pero, en sus fueros más íntimos, Manuelita era una mujer ceñida de rebeldía e inteligencia, y por eso  cuestionó una sociedad que haciendo de la mujer un objeto de placer, servía como joya y como motivo de comentario en los salones de la aristocrática sociedad virreinal.  
En esos ambientes coincidió con sus pares, haciéndose pronto, amiga de mujeres que querían también participar en aventuras conspirativas, sosteniendo a media voz, no el chisme de ocasión, sino conversaciones sobre la necesidad de ser libres y de apoyar a los soñadores que optaban a favor de la causa emancipadora. La vida de la dama Manuelita Saenz estuvo impulsada por el hálito de  la justicia social y el heroísmo.
Hay un dato que la crónica fácil ha dejado de lado. Lo de Manuelita no fue un tema hormonal y de arrebato. La tendencia libertaria fue toda una corriente de pensamiento y de acción. Hubo maestros que previamente desarrollaron ideas revolucionarias en los sectores criollos; hubo también filósofos, artistas, humanistas, educadores, religiosos, gente sencilla, que asumieron el ideario revolucionario. En el Perú, por ejemplo, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, predicó la necesidad de conquistar una patria americana y que los nacidos en este continente eran los que debían conducir la sociedad latinoamericana.
El Amauta José Carlos Mariátegui, al enfocar el tema de la Independencia, en sus 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, sostiene:

“La Independencia de Hispanoamérica no se habría realizado, ciertamente, si no hubiese contado con una generación heroica, sensible a la emoción de su época, con capacidad y voluntad para actuar en estos pueblos una verdadera revolución. La Independencia, bajo este aspecto, se presenta como una empresa romántica. Pero esto no contradice la tesis de la trama económica de la revolución emancipadora. Los conductores, los caudillos, los ideólogos de esta revolución no fueron anteriores ni superiores a las premisas y razones económicas de este acontecimiento. El hecho intelectual y sentimental no fue anterior al hecho económico".
La gesta fue el resultado de una fusión de intereses económicos legítimos y de romanticismo revolucionario. En Manuelita prevaleció lo segundo, estuvo identificada con la causa libertaria y lo estuvo mucho antes que fuera la compañera de Bolívar. No en vano fue reconocida y premiada por José de San Martín, quien le otorgó la distinción de Caballeresa de la Orden del Sol del Perú. Esto después de tomada Lima y en el marco de las celebraciones, con motivo de la Independencia del Perú, el 28 de Julio de 1821.  Además, un medio hermano suyo era un oficial de las fuerzas libertarias que conducía Antonio José de Sucre.
Después de la Independencia del Perú, volvió a  Quito. América del Sur vivía el fervor de la lucha patriótica. El ejército libertador del norte, liderado por Bolívar, entraba a Quito y desde la calle y los balcones se expresaban las simpatías a los protagonistas que después de tres siglos, abrían el camino para el logro de una independencia que no era imposible.

 “Es Manuelita que cruzó
las calles cansadas de Lima,
la noche de Bogotá,
la oscuridad de Guayaquil,
Y el traje negro de Caracas.
y desde entonces es de día.

(Pablo Neruda, Cantos Ceremoniales)

Manuelita conoció a Bolívar en los avatares de la lucha y tiempo después describió así su encuentro con el Libertador:

 “Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tomé la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S. E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S. E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano. Quito, 16 de Junio de 1822.”

Pocos días después, en una fiesta de homenaje al Libertador, éste le hizo el siguiente comentario: 

“Señora, si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España”. 

Galantería direccionada por la causa, esa es la características de los amores que fusionan atracción personal con ideales. Desde entonces, sin atenerse al fardo de los prejuicios y al qué dirán, se convirtió en la compañera de Bolívar. Estuvo no solo en el lecho,  también en las campañas contra las fuerzas retardatarias, que querían detener la historia. Desde siempre se sabe que los derrotados no se cruzan de brazos o que quien asume una causa no siempre es fiel hasta el final.
Los líderes siempre son el blanco de atentados y de campañas de desprestigio. Justamente hubo un intento para asesinar a Bolívar, proveniente de un grupo de conspiradores resentidos. Manuelita salió al frente y frustró el atentado: esto fue en el Palacio de San Carlos, en Bogotá, Colombia,  el 25 de setiembre de 1828. Desde entonces el propio Simón la llamó Libertadora y la gente completó la frase y pasó a ser conocida como la Libertadora del Libertador.
Bolívar, fiel a su destino, siguió en campaña Después de muchas jornadas solo recibió incomprensión e indiferencia, llegó a la conclusión que había “arado en el mar”. La burguesía criolla nunca entendió la necesidad de forjar la gran nación de América del Sur, que fue el sueño gigante de Don Simón.

El ocaso de la vida pública del héroe vino a la par con su enfermedad. El 8 de mayo de 1830, moría en Santa Marta, sin más bienes que sus males y sus sueños frustrados.  Desde entonces se inicia el éxodo solitario de Manuelita, cuya  sola presencia traía el recuerdo de un hombre al que los sectores criollos retrógrados querían borrar de la memoria.
El poder se ensañó con ella, al extremo que se le anuló toda posibilidad de retornar a su natural Quito, y resignada y con un fardo de recuerdos, se estableció frente al mar de Paita. En este puerto transcurrió su vida, hasta que finalmente se fue sin dejar más huellas que su nostalgia y su pureza.

“En Paita preguntamos
Por ella, la Difunta;
Tocar, tocar la tierra
De la bella Enterrada.
No sabían”
(Pablo Neruda, Cantos Ceremoniales)
¿Cómo transcurrió la vida de Manuelita, en Paita? ¿Cómo la de cualquier vecina? No. Ello siguió siendo siempre la Libertadora abandonada por el poder, ignorada por la élite económica, pero, era la persona que recibía el afecto de personas de otra élite, la de los hombres honrados y cultos, la de los rebeldes soñadores, que llegaban desde los confines del mundo a encontrarse con ella, que era la encarnación de la libertad y el amor.

“Detuve al niño, al hombres,
Al anciano,
Y no sabían donde falleció Manuelita,
Ni cuál era su casa,
Ni donde estaba ahora
El polvo de sus huesos”
(Pablo Neruda, Cantos Ceremoniales)
Guiseeppe Geribaldi, el patriota italiano, Ricardo Palma, el autor de Las Tradiciones Peruanas; el poeta Joaquín Olmedo y de modo más continuo Don Simón Rodríguez, el guía espiritual del Libertador, llegaban a visitar a la dama solemne y apasionada. 
Muchos estudiosos se han preguntado ¿Por qué en Paita, el puerto que por largos años de vida republicana fue abandonado por las autoridades y que le hizo perder las condiciones y las perspectivas estratégicas al punto de convertirlo  en un lugar que daba la impresión que el tiempo se había detenido, fue elegido por Manuelita para afincar y morir? No lo sabemos. Acaso su paisaje marino casi tropical, acaso la forma de su mar que parece el punto azul de un puerto que despide o da la bienvenida. Acaso la forma de una casas antiguas que resisten al tiempo.
Recordemos. En pleno proceso de reformas en la década del 70 del siglo pasado, con la experiencia del Gobierno del General Velasco, Paita intentó recuperar su auge. Lamentablemente la imposición del modelo neoliberal subastó el puerto, felizmente no han podido privatizar su belleza que aflora a toda hora y desde todos lados. No en vano, desde tiempos inmemoriales,  se acuñó y sigue escuchando la frase: “la luna de Paita y el sol de Colán”, para referir la hermosa embrujadora del puerto y el sol intenso de los arenales de uno de sus distritos.Pero volvamos a Manuelita. Sigamos los versos de Neruda.

 “Y aquí vivió
Sobre estas mismas olas,
Pero no sé dónde fue,
No sé
Donde dejó al mar su último beso,
Ni dónde la alcanzó la última ola”.
(Pablo Neruda, Cantos Ceremoniales)
Mujer de cultura superior,  al final de su vida ejerció oficios modestos y dignos; y para que no quede la menor sombra sobre su honestidad e integridad, nos dejó esta luz de ejemplo  y de pureza: al morir su esposo fue incapaz de ir a la devolución de la dote de 8,000 pesos, que según costumbre, había dado su padre al momento de sus nupcias.

Esa es la vida de una mujer que en una oportunidad señaló al cronista e historiador O´Leary, “Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero”. Sus días la pasó acompañada de sus fieles Nathán y Jonatás.

La  Libertadora murió el 23 de noviembre de 1856, víctima de una epidemia que asoló el puerto. Sus mejores joyas fueron sus recuerdos y este mensaje que conservó de su amado Simón hasta el fin de sus días:

"El hielo de mis años se reanima con tus bondades y gracias. Tu amor da una vida que se está expirando. Yo no puedo estar sin tí. No puedo privarme voluntariamente de mi Manuela no tengo tanta fuerza como tu para no verte. Apenas vasta una inmensa distancia. Te veo, aunque lejos de tí. Ven...ven...ven...luego.”

Neruda, el poeta de “Canto General” y de “España en el corazón”, estuvo en Paita, antes de 1961. Toda indica que el motivo que lo impulsó a venir a esta bahía, fue el recuerdo de Manuelita, que en el paiteño de antaño conservaba como un hada de la tradición popular. Manuelita estaba en las conversaciones, vivía con su semblante de princesa y con una sencillez de mujer de pueblo.
El poeta anduvo por las calles con olor de mar, con arena llena de pequeñas conchas marinas. No sabemos cuántos días estuvo acá el escritor comunista que aprendió a hacer crónicas donde todo lo que se ve y siente es metáfora, donde todo es poesía, solo que con una particularidad: nada es invención, todo lo que escribió pues es la historia de los pueblos de nuestro continente.
El poeta indagó afanosamente en el cementerio del puerto, caminó pabellones tras pabellones, leyó nicho tras nicho, cruz tras cruz, ninguno le pudo indicar que ahí descasaba Manuelita Sanez, y cuando descendió por el camino arenoso que llega a la Plaza del Puerto, fue cincelando los versos que después pasarían a ser uno de las más hermosas aunque olvidadas obras del poeta: la insepulta de Paita.
Ahora se sabe que la casa existe, al lado de La Figura, el mascarón, semejante al que gustaba coleccionar el poeta. Esa casa debería ser un altar para los seres bien nacidos de América Latina. No solo Neruda sino todos nosotros, debemos sentir y comprender que los pueblos del Sur, al mismo tiempo que diferentes, son únicos y que una arteria vital de ese cuerpo es el Perú en todos sus caminos y en todas sus sangres. 
Hemos querido a modo de homenaje dejar a lo largo de este breve artículo los versos del poeta, que terminada describiendo a Paita tal como fue. La razón es simple hemos querido también darle este homenaje al pueblo en el que iniciamos nuestra carrera docente y al que hemos vuelto no hace mucho.

“Soñolienta y vacía
Paita se mueve
Al ritmo
De las pequeñas olas de la rada
Contra el muro calcáreo.
Paita
Quedó dormida
En sus arenas.

Manuelita insepulta,
Desgranada
De las atroces, duras
Soledades”

(Pablo Neruda, Cantos Ceremoniales)

Manuelita Saenz está en nuestra memoria y en nuestro corazón, y mañana cuando hayamos hecho realidad el sueño de Bolívar: la unidad de patria latinoamericana, Paita será el destino del peregrinaje de quienes comparten sus sueños,  y por eso mismo llegarán a este lugar a honrar a la insepulta de Paita.

 (*) El autor de este artículo inició su carrera docente en el Colegio San Francisco de Paita.
Bibliografía:
7 Ensayos de José Carlos Mariátegui.
Cantos Ceremoniales, Pablo Neruda.
Manuelita en Paita, José Estrada.




miércoles, 7 de agosto de 2013

Educación y Cultura

PALABRAS DE HELI OCAÑA, PRESIDENTE DE LA DERRAMA MAGISTERIAL, CON MOTIVO DE LA PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN "PENSAMIENTO EDUCATIVO PERUANO"

Maestros y maestras, público presente.

Derrama Magisterial, entidad que auspicia esta Feria Internacional del Libro en su edición 18, es una institución previsional del magisterio peruano que se ha propuesto liderar los procesos de investigación, innovación, publicaciones, capacitaciones y actualizaciones a favor del magisterio nacional. Es nuestra filosofía la promoción de la mejora educativa y cultural del país, queremos ser parte y desde ya venimos siendo parte de la historia nacional para consolidar esa nación con identidad y amor propio, donde el maestro y el ciudadano común se sientan orgullosos de su presente y constructor de su futuro.

Precisamente para hacer realidad tales anhelos necesitamos conocer  a profundidad nuestra historia, nuestro horizonte pasado y los procesos concretos en diferentes aspectos de la vida nacional para poder, dentro de la integralidad, saber la filosofía de la educación de cada etapa, sus matices y variantes que influyeron en la vida de los que nos antecedieron.

La obra denominada “Colección del Pensamiento Educativo Peruano”, primer y único proyecto editorial de gran magnitud que estudia y analiza el desarrollo y evolución de la educación en el Perú desde la época Inca hasta la actualidad, es el esfuerzo institucional que comprometió la labor de dos Directorios anteriores, marcó nuestra tarea actual y dará ruta a la nueva representación que nos suceda.
Esta importante obra ha sido realizada por un equipo de historiadores y educadores de gran trayectoria, liderado por el Dr Manuel Burga Díaz. La investigación que se presenta en 15 volúmenes, abarca desde el siglo XV hasta la actualidad.

Es un proyecto editorial y, al mismo tiempo, un programa académico y de investigación, que busca contribuir al conocimiento de la evolución del pensamiento educativo peruano: desde las originales formas educativas desarrolladas en el período incaico hasta el siglo XX-XXI, época del Proyecto Educativo Nacional (PEN) y la revolución tecnológica, en el que parece culminar un largo proceso de ensayos y reformas educativas.

En un periodo difícil, donde se evidencia poca inversión en la educación y la cultura pública, esta valiosa colección es una labor de verdadero compromiso con la educación y la nación. Es un estímulo fecundo para que el maestro peruano sienta la compañía de su institución y sobre todo comprenda que es también parte de este proceso histórico dinámico y global.

Desde ya, nos comprometemos seguir trabajando con ahínco, movilizando nuestras propias fuerzas y de nuestros aliados.

Sabemos que la patria nos necesita y todos tenemos que responder con firmeza para lograr nuestras metas ansiadas para tener una educación de calidad, equidad y al servicio de todos.

Esta colección en cierta medida es un llamado a la reflexión, al compromiso y al emprendimiento con ideales de democracia, inclusión, libertad, independencia y más cultura. Cultura que nos hace nobles, humildes y desprendidos. Es que la educación tiene que tener esos fines y objetivos.

El Dr Burga, responsable de la presentación será quién nos explique el contenido de la colección que desde hoy se añade a la vitrina de la cultura de cada uno de ustedes, de la educación del país, de americana y del mundo.

Quiero terminar expresando, necesitamos revalorar y reencontrarnos con la historia y con quienes construyeron parte del edificio de la educación: Los maestros. Esta colección nos permite revalorar y reencontrarnos con la historia y con quienes lo construyeron. Es un  homenaje a ellos, es un reencuentro con ellos y  un compromiso permanente con ellos; porque sin ellos no tendrá efecto ninguna reforma educativa por más hermosa que sea.

Parafraseando a Mariátegui, es hora de pensar con cabeza propia. Revalorando a Arguedas el Perú es de todas las sangres y con el ejemplo de Vallejo decimos, hay hermanos mucho qué hacer.
Muchas gracias.
Heli Ocaña Alejo

Presidente de Derrama Magisterial.

jueves, 25 de julio de 2013

Ipanaqué Martel, pintor del tiempo y de la arena



Por:  Julio Yovera Bayona *

Paulino Ipanaqué Martel estudió artes plásticas en la Escuela Regional de Bellas Artes Ignacio Merino de Piura, pero su producción no tiene que ver con escuelas ni corrientes académicas. A lo más, ciertas influencias de las corrientes post vanguardistas que emergieron en el mundo como una manera de transitar contra el orden artístico establecido y con la necesidad de innovar la realidad desde los sueños.
En ese sentido, Paulino es un pintor por convicción y por pasión, como lo fue entre los nuestros, José Sabogal, Sérvulo Gutiérrez, Julia Codesidos, los pintores cuyos ojos descubrieron, además de los colores de la naturaleza de un Perú diverso, la vida corpórea y animista de los seres de los más diversos tonos ancestrales. Con ellos empieza la pintura del Perú profundo.
Paulino es tenaz, persistente, tiene esa constancia que los conocedores de los secretos de la vida de los tallanes, la etnia ancestral de lo que hoy llamamos el Bajo Piura, identifican con la laboriosidad de los chilalos, el pájaro artesano que fabrica su nido con la arcilla y que anuncia con su silbido madrugador el nuevo día.   
A fuerza de auscultar y de trazar líneas, formas, colores y perspectivas a su arte, éste le ha ido brindando sus secretos; de modo que, en él, se ha producido ese maravilloso proceso donde, la imaginación, el trabajo, el esfuerzo, la técnica y los sueños, hacen que la obra de arte emerja como una llamarada entre las sombras de la noche, como una vena de agua entre la tierra árida o como un árbol fresco bajo un sol inclemente que impone su fuego al tiempo y la arena.
Ipanaqué Martel nació en Catacaos, por lo mismo, lleva el arte en sus genes tallanes, la cultura pre inca de Cutivalú, Lachira, Marcahuillca, Amotaxe y que le ha dado al país pintores, músicos, escultores, poetas, científicos y luchadores sociales reconocidos. No sabemos aún qué designios hacen que los cataquenses sean excelentes artistas. En esa tierra de  algarrobos nació Genaro Silva, Félix Rebolledo, Manolo Delgado, los hermanos Aquino, y tantos otros excelentes pintores.
Ahí nació el prístino médico José Cayetano Heredia, el padre de la medicina peruana; el líder sindical petrolero Alejandro Taboada, mártir de la clase obrera; la rebelde Micaela Yarlequé Poicón, que osó defender el patrimonio de los comuneros saqueado por el poder gamonal con la complicidad de las autoridades y de los politiqueros. De esa tierra es el abuelo del más grande intelectual socialista latinoamericano, José Carlos Mariátegui. De esa tierra proviene el hermano que hoy inaugura su exposición “A través del tiempo y la Arena”.   
La temática de la pintura de Paulino es el desierto, el sol, las noches de luna intensa, las flores luminosas, rojas de aurora y amarillas de esperanza. Y en medio de ese mundo, suele pintar a su gente – nuestra gente- caminando en pos de un nuevo amanecer. En suma, el pintor ha hecho de su pueblo la razón de ser de su obra. 
En este mes Julio, en el que se conmemora la independencia del país de la dominación española, Paulino inaugura su Exposición en este  Congreso de la República, en el que alguna vez estuvieron hombres preclaros y muy honestamente comprometidos con los destinos del país, como Miguel Grau, Julio C Tello, José Antonio Encinas, Raúl Porras Barrenechea, Horacio Zeballos, Javier Díez Canseco.
Decía José Carlos Mariátegui que se debía luchar no solo por la conquista del pan, sino también de la belleza. Y es que la belleza en el arte es producto de un esfuerzo supremo de creación. No olvidemos que un país para crecer y desarrollarse necesita de la materialidad de sus exportaciones, pero requiere de identidad. Y esa identidad no es más que espíritu. Son los artistas en todas las modalidades y en todas las formas, los constructores del espíritu.  
Que esta muestra de Ipanaqué Martel sirva para conocer mejor nuestra patria. Que se exhiban las flores de todos los tonos, que la vida de una parte del Perú se muestre en todo su esplendor.
Y nos alegra que un pintor de la talla de Paulino, que ha sido admirado y saludado en Londres, New York, París, empiece a ser conocido y reconocido en nuestra patria.
Muchas gracias.

+ Intervención en el Congreso de la República (22 de Julio del 2013), con motivo de la Inauguración de la obra de Paulino Ipanaqué Martel, titulada A través del tiempo y la arena.


miércoles, 24 de julio de 2013

Mercedes Sosa: la rebelde convicción de su canto

Entrevista de Julio Yovera Ballona. 






En abril de 1974, Mercedes Sosa estuvo en Lima y en Piura. Recuerdo que Renán Estrada, entonces director del diario Correo de Piura, me llamó a su oficina para decirme: la señora Mercedes Sosa viene,  tienes que entrevistarla. Nunca me dijo por qué me eligió a mí para tan grata jornada, tampoco le pregunté.
El viernes 5,  fui a verla al ex hotel de Turistas. Me acompañaba Aldo Cango, digamos que era el Chino Dominguez de Piura. Nos recibió y, mientras desayunábamos íbamos preguntando y anotando lo que nos decía. La entrevista se publicó el domingo 7 de abril en las páginas 11 y 13. Cuando me trasladé a Lima y en los ajetreos propios de quienes abrazamos un compromiso con una izquierda más exigente que la de ahora, perdí la entrevista.

Tiempo después  Roque Pablo Mondragón pudo recuperarla, mas, el huayco de Chosica, como saben los que conocen mi casa, se llevó mis papeles y demás. Creí que nunca la recuperaría; sin embargo, pocos meses antes que Rafemole partiera, en uno de mis retornos a Piura, me dio un sobre  y me dijo: he recuperado parte de tus escritos publicados en CORREO; lo abrí y le di una mirada rápida, estaba la entrevista, que hoy doy a conocer  en este espacio virtual. De modo que la publicación es un homenaje a Mercedes Sosa, la voz más representativa de la canción popular latinoamericana  y a Rafemole, el hermano bueno de los poetas, los escritores, los periodistas, los políticos honrados, los dirigentes gremiales.

La entrevista la publico exactamente como apareció en el diario.
“Lo que yo interpreto motiva al pueblo y lo ayuda a despertar”
“La canción apolítica es la canción política de la Reacción”
“Víctor Jara era consecuente con el pueblo, por eso lo han matado”

América ha despertado. Los hombres reclaman la alegría. Mueren creciendo y viven siempre. La lucha es a muerte: el águila agresiva con el cóndor; el primero con sus metrallas; el segundo, con sus hondas y piedras. América chola lucha su derecho legítimo a la vida: “le canto a la vida que me ha dado tanto”.
Mercedes Sosa canta para aquellos que luchan por la libertad. Canta el himno del trigo y el maíz, la yuca y el olivo: “campesino, campesino, cuando la tierra sea nuestra”. ¿Pero, qué sucede? ¿Quién es ésta recia y brava “invasora” que se atreve a tanto? Es MERCEDES SOSA, la nativa mensajera de la canción rebelde.

CORREO: Mercedes, ¿por qué cantas?
MERCEDES: Vos escribes y cumples una tarea; yo canto para cumplir una tarea. Mi tarea es agradable. En una lucha específica tenemos una tarea específica, la mía es entregar canciones al pueblo, cantar para él.
(Pienso en tu actuación acá en Piura. Esperabas a los obreros, campesinos, estudiantes, pero a esa hora, a esa misma hora, los campesinos estaban acompañados de la noche, sumidos en sus rústicos y grises caseríos; los obreros después del fatigado trabajo de la fábrica, estaban bajo sus techos de esteras agrupados en los llamados pueblos jóvenes)

CORREO: ¿Te consideras una artista del pueblo?
MERCEDES: Los explotados tienen sus artistas, siempre los tuvo: yo soy para ellos y vivo por ellos. En el arte hay un aspecto creativo y otro recreativo; el último es el resultado del primero. Las canciones frívolas, por ejemplo, incrementan la frivolidad. Mis canciones al recrear cumplen una función social y política. Los artistas “apolíticos” no han existido nunca. Los “apolíticos” han sido creados por la reacción.

CORREO: Dejas entrever que la música se divide en dos campos: música revolucionaria y música reaccionaria. Entonces, la belleza…  
MERCEDES: ¡Un momento! Vayamos por partes. La música revolucionaria que interpreto motiva al pueblo y lo ayuda a despertar, pero hay que saber embellecer la canción. La música es un arte. La música revolucionaria tiene un elevado nivel estético. La belleza musical es del pueblo. Aun cuando nos odien no pueden negar que nuestra música tiene belleza y es revolucionaria. No estoy de acuerdo con el panfleto musical.
(Pienso: tiene razón. La música “pura” y “apolítica” es obra de la agresión cultural del imperialismo para reforzar su dominación económica. Promocionan a los cantantes frívolos para que ellos siempre la vacuidad ideológica en las mentes dominadas del pueblo)

CORREO: ¿Qué reflexión harías sobre la sociedad actual y sus artistas?
MERCEDES: La sociedad actual no es homogénea, hay clases sociales; hay explotadores y hay explotados. Los artistas, todos, absolutamente todos, están con los explotadores o con los explotados. Entonces, los artistas son revolucionarios o son reaccionarios. Los artistas reaccionarios no se declaran tales pero eso no niega lo que son.

CORREO: Las canciones que tú cantas, que canta Soledad Bravo, que cantó Victor Jara y otros, se les llama canciones de protesta; estás de acuerdo con este calificativo?
MERCEDES: No, no es correcto llamarlas canciones de protesta. La burguesía a través de sus canciones también protesta, tú conoces lo intrascendente y frívolo de estas protestas.   La música enloquecedora de los jóvenes norteamericanos son protestas a lo complementario, no a lo fundamental de la dominación imperialista.
El hecho de estar con tus canciones, con tu vida al lado del pueblo es motivo suficiente y poderoso para que los explotadores sepan quién eres. Sé –tú lo sabes- el disgusto que crean tus canciones entre los reaccionarios por interés y convicción.

CORREO. ¿Tienes enemigos?
MERCEDES: Sí… tengo muchos enemigos, son los mismos que tiene el pueblo, pero, hoy no quiero hablar de los enemigos, sino de los amigos.

CORREO: Tú has escogido un medio muy nuestro para llegar con tus canciones a las masas: el folklore. ¿Por qué?
MERCEDES: Porque tomarlo y usarlo significa recatar nuestra cultura que fue saqueada, triturada y deshecha por los españoles; lo que hicieron es imperdonable. Nos tuvieron de rodillas muchos siglos pero ahora volvemos a pararnos.
(Volvemos a pararnos….)

CORREO: ¿Qué conoces de Vallejo?
MERCEDES: Antes quiero decirte que la burguesía “quiere” y “ama” a una personalidad “exquisita” de Vallejo y niega al Vallejo comunista, al Vallejo militante. En todos los fardos escritos por la burguesía sobre Vallejo hay una intención: negarlo.
Hemos musicalizado dos poemas de Vallejo “Terceto Autóctono” y “A mi hermano Miguel”
(Le hablé de Masa y me dijo que quería llevarlo a las pampas y luego dispensarlo por el mundo)

CORREO: Queremos que nos hables de los sucesos de Chile, de Víctor Jara, ¿puedes?
MERCEDES: En Chile triunfó la bestia. 
En “Plegaria de un Labrador” está Víctor Jara, es el creador del pueblo que tiene sed de auroras. Es una canción hermosa que voy a cantar siempre. Víctor tiene una composición que no va a poderse cantar se llama “Muchacha de un Telar”.

CORREO. ¿Por qué no se va a poder cantar?
MERCEDES: Porque “Muchacha de un Telar” es el canto a la liberación de la mujer chilena que estaba empezando. Es un canto a la mujer que estaba dejando de ser prisionera de la fábrica, prisionera del horario y del salario.

CORREO: ¿Crees en la revolución chilena?
MERCEDES: Creo  en la revolución, en una sola, la de los explotados.
Supe de la muerte de Víctor en España. En España está Franco, todo está controlado, pero hay hechos que no pueden ocultarse. Imagínate lo que fue para mí tener noticias de una muerte tan lamentable. A  Víctor lo asesinaron horriblemente, antes las manos, esas manos que solo sabían tocar la guitarra, pero que estaban dispuestas a tomar el fusil.
Los asesinos han matado y tenemos que odiarlos, que saberlos odiar. Tenemos que cantar la vida y condenar la muerte. En los hechos de Chile estuvo presente la solidaridad revolucionaria, el internacionalismo de los pueblos.
Finalmente, quiero decirte algo, siempre, hasta que me muera hablaré de Víctor Jara, en mí ya nunca estará presente la zamba alegre. No se puede estar alegre si lo que se expresa es el sufrimiento. Después de lo de Chile, nunca, nunca, fue tan duro como ahora.
Dejamos a Mercedes. Salimos por las calles de esta Piura calurosa y recordamos que allá en su patria, la zamba está sangrando desde el alma.


(Han pasado los años. Mercedes ya no está. La recuerdo joven,  bastante triste, y me animé a rescatar esta entrevista publicada en un diario al que serví y que después me acusó con especial desprecio, como si no me hubieran conocido nunca. Pero, también de esa época viene el enorme afecto que tengo por los amigos que decidimos hacer un arte con sello libertario)