miércoles, 20 de abril de 2011

Semana Santa en Catacaos



Por Julio Yovera B.

De diversos lugares y también del país hermano los creyentes llegan a rendir homenaje al Cristo Yacente. Los que nacimos en este valle volvemos a caminar por las calles estrechas del pueblo y tenemos la sensacción que el tiempo no pasó cuando nos paramos en la Plaza de Armas, al costado se levantan las columnas y las paredes de la Iglesia Matriz, hechas de fe y de esfuerzo. Es la Semana Santa.


Los pasajes evangélicos han experimentado -como todos los pueblos del país- un sincretismo peculiar: los santos varones, los siete potajes, el doliente y el depositario, las matracas y los lamentos del tutiro, tienen definitivamente raíces tallanes. La banda de Santa Cecilia, mañana por la noche le arranca a los instrumentos, sus melodías tristes, desgarradas, fúnebres. Recordamos al maestro Oliva, creador nato de las piezas musicales de la Semana Santa.

El Domingo de Resurrección, la Plaza de Armas de mi pueblo querido se viste de palomas y cintas coloridas. Ha vencido la vida a la muerte. Se echan al aire juegos artificiales y todos, después de dejar al Cristo Resucitado en su templo, empiezan a beber la chicha espumosa y degustar una comida de príncipes tallanes.Se abrazan por la victoria. Cristo ha resucitado.

Desde este valle del sol, Chosica, le envío un saludo a los paísanos y les pido que eleven sus oraciones para el logro de un Perú mejor y por un Catacaos que conserve siempre lo que es su cultura ancestral, solidaria y pujante.

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