Julio Yovera B.
Y si fuera verdad que existiera un paraíso poblado de ángeles
y puros;
y si fuera verdad que existiera un purgatorio donde expían
sus culpas los menos malos y los no tan puros;
y si fuera verdad que existiera el infierno donde el fuego
derrite piltrafas nada puras.
Jesús y Marx concertarían para que el cielo no reproduzca las lacras
de la tierra, que determinan las condiciones objetivas para que existan los no tan puros
y los nada puros.
Poema de circunstancia, después de conversar con un creyente de buena fe y con un ateo humanista.
CHILALO/ROJO es parte de la lucha de los contestatarios, de los indignados, de los que acorazan sus sueños con la esperanza de nuevos tiempos para el Perú y el mundo. CHILALO CUATROJOS, haciendo uso derecho, eligió andar por la izquierda. Aquí está, bajo la tempestad, construyendo y volando a contracorriente.
martes, 29 de octubre de 2013
Mirando el bosque
Julio Yovera B.
)Se desárbola
Se desría
Se desfraterna
Se desaroma
Se desoctubra
Se descolora
Se desparrama
Se desmemoria
Tiene fuerza aún
Este desmadre
(No te descuides…)
De Poemas de Circunstancias
Se desría
Se desfraterna
Se desaroma
Se desoctubra
Se descolora
Se desparrama
Se desmemoria
Tiene fuerza aún
Este desmadre
(No te descuides…)
De Poemas de Circunstancias
La vigencia de Marx
Por Julio Yovera B.
El artículo del lúcido politólogo Antonio Zapata, publicado ayer en el diario La República, me suscita esta breve reflexión:
El reto primero es estudiar a Marx, después analizarlo, y, finalmente, criticarlo. No me parece demostración de honestidad intelectual, oponerse a Marx como lo hacen quienes nunca lo han leído.
No hay que perder de vista que Marx no creó ningún “marxismo”. Se interesó por conocer, más que la lógica del liberalismo, la lógica del capitalismo. Y puso su atención en el embrión de la economía capitalista: la mercancía. De este estudio dedujo la ley de la plus valía y la ley del valor. Las dos, dentro del sistema capitalista, engendran, de un lado una enorme pobreza y de otro, una enorme riqueza. Y pobreza no necesariamente a los “ociosos” que no trabajaban, sino a los que ataban su destino a la máquina y eran explotados por una jornada de hasta más de dieciséis o diecisiete horas, que equivalían a la muerte.
Posteriormente, cuando avanzó en sus estudios, llegó a la conclusión que la plus valía era la acumulación de la riqueza, producto del trabajo, que genera acumulación capitalista y que en verdad no es más que un hurto encubierto. Hasta antes de Marx ninguna corriente económica había podido explicar de manera científica, racional y lógica, este fenómeno.
Entonces los capitalistas le dedicaron todos sus odios. Paradójicamente todos los centros de estudios universitarios del mundo incorporaron a su sílabo de estudios los ítems: fuerzas productivas, relaciones de producción, modos de producción. Todo esto fue aporte de Marx.
Pero, no se quedó ahí. Estudio filosofía (el ser determina la conciencia). Sin ésta no habría podido encontrar las causas y el origen de las ideas. También estudió dialéctica y se hizo materialista dialéctico, que le permitió entender que el movimiento es una ley y que la historia es continuidad y cambio.
Ubicó las leyes fundamentales de la dialéctica. Precisó que las contradicciones en su grado extremo se hacen antagónicas, cuando ello ocurre, aparecen las revoluciones. Entonces el odio del empresariado se elevó a su ene potencia.
Hizo del materialismo dialéctico su método de estudio e investigación. Sustentó la necesidad de una sociedad nueva, que no surgiría de los deseos de alguna personalidad fantasiosa. Si las sociedades históricamente cambiaron, por qué no iba a cambiar una sociedad como la que vivió Marx? Si la vieja sociedad comunitaria primitiva, la inhumana sociedad esclavista, la ociosa sociedad feudal, habían cambiado, por qué la depredadora sociedad capitalista debía ser eterna? Entonces formuló su teoría de la viabilidad de la sociedad socialista y comunista. Y ahí están los resultados. Avances y retrocesos.
Hoy todos los sectores retrógrados del mundo quieren que se vea a Marx como una pieza de museo, como espécimen de periodos de grandes modificaciones físicas del planeta, cuando los dinosaurios iban desapareciendo.
Pero Marx, está ahí, con sus ideas, resistiendo y ayudando a entender el mundo de hoy. Claro, la criatura globalizada del capital lo sigue satanizando. No nos extraña.
martes, 8 de octubre de 2013
Hubo una vez un héroe
Por Julio Yovera B.
(A Álvaro, mi nieto)
Trece años después que San Martín
proclamara nuestra independencia, el 27 de julio de 1834, en una casa de Los
Mercaderes de Piura, nació un niño que con el tiempo, se convirtió en un marino valiente, pero, sobre todo, se convirtió en un
hombre justiciero y honrado.
Hoy, personas de distintas condiciones sociales del país y del extranjero,
que llegan a la ciudad de Piura, dedican parte de su tiempo a visitar el museo de
la calle Tacna, nombre moderno que reemplaza al de Los Mercaderes, donde el
pequeño vivió en compañía de sus padres y hermanos. Así, rinden su homenaje a quien
es motivo de orgullo de los peruanos dignos.
Paita, el puerto de cielo limpio
y de luna clara, de mar sereno y de olas suaves, también lo reclama como su
hijo. Cuando se entra a esa discusión, el tiempo no cuenta, y los argumentos
son de nunca acabar.
El Paita de aquel tiempo era un puerto
conectado fluidamente con el mundo exterior, por eso las embarcaciones iban y
venían. El niño que quería ser marino, mirando más de una vez el horizonte
azul, fue asumiendo el propósito de embarcarse.
No cumplía aún los 9 años cuando le
dijo su progenitor:
-
Quiero recorrer el mar, dame permiso para
embarcarme.
-
¿Deseas navegar?, preguntó, inquieto, el padre.
-
Sí…-, respondió
resueltamente.
El padre no aceptó, pero el niño
insistió tanto que, finalmente, Don Juan Manuel permitió que su hijo realizara
su sueño. La madre Doña Luisa se mostró disconforme e inquieta, pero, la serenidad del esposo y los
rezos, le dieron calma y despidió con besos y bendiciones al niño que se iba
contento a surcar los mares, cuando bien podría pasar sus días hurgando los
olleros de los chilalos, tumbando tamarindos, persiguiendo lagartijas o, si
quería, pescar las lizas de un río de temporada que estaba a poca distancia de
su casa.
No estuvo mucho tiempo en el mar.
La embarcación en la que navegaba naufragó frente a las costas de Colombia, y
el pequeño tuvo que volver al hogar. Para la madre fue un milagro, para el
padre un buen pretexto. Ahí quedaría todo, pensaron, mas, el niño no se dio por
vencido. Al poco tiempo, insistió, y otra vez, logró embarcarse. Durante 7 años
recorrió mares, océanos y puertos. Llegó a conocer el secreto de los arrecifes,
de los témpanos y los anuncios de los vientos.
Cuando llegó a la juventud ya era un viejo y curtido
marinero. Ingresó entonces a la Marina e hizo una brillante carrera. Se vinculó
también a los avatares propios de la vida ciudadana, lo que le trajo
consecuencias. Fue dado de baja y tuvo que desempeñar distintos trabajos pues
el joven se había convertido en un adulto con responsabilidades.
Llegamos al año de 1879. Los
grupos de poder de Chile tenían una nada simulada ambición por el territorio y las riquezas
naturales de nuestra patria y no se
detuvieron ante nada para obtenerlos. Primero le declararon la guerra a
Bolivia y después al Perú. Esta guerra
sirvió para demostrarnos que existían peruanos que no les interesaba el país y carecían
de voluntad y coraje para defenderlo.
El marino fue llamado por las
autoridades y ocupó su puesto en la armada. Se conoció entonces en toda su
dimensión la grandeza de este hombre. Asumió el mando del monitor Huáscar, y
con sus marinos, se convirtió en la esperanza de la patria y la pesadilla del
adversario.
Aparecía y desaparecía con sus
huestes. Cuando menos lo esperaban, como si saliera del fondo de las aguas,
sorprendía al enemigo. Los chilenos llegaron a creer que el Huáscar estaba conducido
por un fantasma.
No era un fantasma sino un marino,
que desde niño había conocido los secretos de los océanos y que en el seno de
un hogar piurano, sus padres le habían inculcado valores como el amor a la
patria y el respeto a la vida.
Cuando derrotó a la escuadra chilena
Esmeralda, como resultado del enfrentamiento, el comandante Arturo Pratt, murió.
El marino no se ensañó y no se apoderó de ningún bien del vencido. Tuvo la
nobleza de remitir a la viuda las prendas del esposo y una carta en la que destaca
el coraje del vencido. Ella, conmovida, le respondió y lo llamó Caballero,
haciendo alusión no a título o pergamino alguno, sino a la nobleza de espíritu
del peruano.
Nobleza que no tuvo el enemigo,
cuando el 8 de octubre de 1879, rodea, cerca, abate y se ensaña con el Huáscar
y sus ocupantes.
En una guerra la muerte es una
posibilidad. Así lo entendió nuestro héroe, sabía que en cada viaje se jugaba
la vida. Un principio de toda guerra es conservar las fuerzas propias y
destruir las del adversario. Porque lo sabía, dijo con absoluta serenidad y
firmeza:
“Os puedo asegurar que si el Huáscar no regresara victorioso,
yo tampoco he de regresar”
Ese héroe que así habló así y del que
nos hemos ocupado se llamó Miguel Grau Seminario.
Su ejemplo fue, es y seguirá siendo
una fuente de valor y fortaleza para todos nosotros.
domingo, 6 de octubre de 2013
La creación del Partido de Mariátegui
Una interpretación
histórico-cultural
Por Julio
Yovera B
Conmemoramos
el 85° aniversario de la creación del Partido, cúspide de la obra heroica de
José Carlos Mariátegui La Chira. Para quienes analizan la historia desde el
rótulo o la etiqueta, Mariátegui y sus camaradas, el 7 de octubre de 1928, firmaron
el Acta de Fundación del partido socialista, no del partido comunista. Y de ahí
no dan un paso más.
Vayamos
por partes. El Partido que fundó Mariátegui fue el resultado de un largo proceso
que se inició en 1918, cuando junto a otros peruanos formó el Comité de
Propaganda y Organización Socialista. En Europa, donde permaneció desde octubre
de 1919 hasta inicios de 1923, su simpatía se convirtió en aproximación y
adhesión. “Desde 1918- escribe-,
nauseado de política criolla, me orienté resueltamente hacia el socialismo,
rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y
bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo.”. Además, reiteró un propósito: “Tengo
una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo
peruano.”(1). Para lograrlo, se trazó objetivos de mediano y largo
aliento, asimiló la teoría del socialismo científico, utilizó el método dialéctico
para estudiar, investigar y teorizar la
realidad. Su epistemología de la ciencia tuvo la ventaja de la fusión de la
teoría y la práctica.
A
su retorno de Europa ejerció el periodismo político y cultural en las revistas
Variedades y Mundial, las primeras publicaciones modernas serias de inicios del
siglo XX. A partir de setiembre de 1926 fundó y dirigió la Revista Amauta, que llegó
a tener una enorme influencia en el mundo intelectual, académico, artístico, cultural
y laboral de esa época. Mariátegui escribe en el primer número de Amauta: “El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer
los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos.” (2) En sus páginas escribieron los más reconocidos
intelectuales de la humanidad progresista del mundo y las personalidades del
país. Nombres como el de Miguel de Unamuno, Henry Barbusse, Waldo Frank, Jorge
Luis Borges, Maiakovsky, Breton, Neruda, García Lorca, se hicieron conocidos
entre el público lector de Amauta; a la vez, intelectuales como Gamaniel Churata,
Oquendo de Amat, Alberto Hidalgo, José María Eguren, Martínez de la Torre,
Magda Portal, Martín Adán, Jorge Basadre, Luis Valcárcel, tuvieron una tribuna
desde donde difundieron sus obras.
Otro
espacio de su accionar fue la Universidad Popular Manuel González Prada, creada
a propuesta de la Federación de Estudiantes del Perú, en 1920. En ella, José
Carlos ejerció una cátedra sobre la Historia de la crisis mundial, que eran sus
reflexiones de estudios e investigaciones hechos en los países del viejo continente y que,
además, le sirvió para ampliar el ámbito de comprensión cognitiva de sus
alumnos obreros y estudiantes. En ese espacio proyectó su calidad docente, y,
no obstante, que careció de título universitario era brillante su nivel
intelectual, y sencillo, fraterno y cordial con sus alumnos. En su cátedra
señaló que a diferencia de otros países del continente, en el Perú no existían maestros
que a la vez fueran modelos para los jóvenes, Mariátegui se conviertió en un
guía de los obreros y estudiantes, además, desarrolló una propuesta que hoy la
teoría pedagógica la muestra como uno de sus más importantes avances, “el
aprender a aprender a través de una dinámica de interaprendizaje”. Mariátegui
se anticipó en ocho décadas y puso en práctica los nuevos modelos pedagógicos. En
su primera conferencia dijo:
“Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan
estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna
libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial,
sino a estudiarla yo mismo con ellos. Yo no enseño, compañeros, desde esta
tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no
tengo en este estudio sino el mérito modestísimo de aportar a él observaciones
personales de tres y medio años de vida europea, o sea de los tres y medio años
culminantes de la crisis, y los ecos del pensamiento europeo contemporáneo.” (3)
Fueron
siete años de propaganda, de exposición de ideas, de investigación, de
estudio, de ejercicio intelectual. De
acuerdo a su concepción, la clase obrera estaba destinada a hacer la historia, a
ella se dirigió y logró establecer una relación sólida con los más entusiastas
activistas del quehacer gremial y cultural obrero. Así pues las reuniones que se
realizaron para sentar las bases del Partido y que tuvieron lugar en La
Herradura primero, y en Barranco después, son el corolario de un proceso que
venía de atrás, que se había iniciado antes de su viaje a Europa.
Los
tiempos de Mariátegui (segunda y tercera décadas del siglo XX) fueron de
ascenso de la marea social. A nivel
internacional, el orden capitalista salía de una guerra por las disputas de las
colonias e ingresaba a una de sus peores crisis. El Amauta señaló lo siguiente:
una parte de las organizaciones y movimientos marxistas de Europa se sacudían de
las tesis reformistas y dirigían su mirada a Rusia, ahí los bolcheviques se
habían echado abajo el reino de los zares e instauraban el gobierno de los
obreros y campesinos. En el mundo capitalista los obreros se levantaban, y en
las sociedades atrasadas, las clases populares creaban movimientos anticolonialistas
y de liberación nacional. Se formaban los frentes de clases o frentes únicos, y
en ellos participaban los marxistas.
Europa
fue el escenario de la guerra entre imperios pero también fue el escenario de
deslinde entre los viejos partidos reformistas y los jóvenes partidos
revolucionarios. Los primeros eran parte de la II Internacional y los segundos
de la recién creada III Internacional. Las dos se declaraban marxistas pero era
evidente que la historia estaba del lado de los que abiertamente declaraban la guerra al viejo
orden. La reacción violenta de la burguesía no demoró, y en Italia:
“La burguesía, asustada por la violencia bolchevique, apeló a la violencia fascista.”
(4). Esto demostró que las clases dominantes no son víctimas de la lucha de
clases, como quieren aparentar, sino conscientemente partícipes y alentadoras
de ésta. En todo caso este fenómeno social es independientemente de la voluntad
de los hombres. .
En
el Perú de inicios del siglo XX, las relaciones económicas de producción predominantes
no eran ya propiamente feudales, sino capitalistas. Después de 1920, el dominio
económico de Estados Unidos sobre el Perú se consolidó en sectores
fundamentales como la industria manufacturera y textil; la minería (extracción
de cobre, plata, petróleo); los sectores de servicios: transporte ferroviario y
urbano. En todo este proceso, se dinamizan dos clases sociales: los dueños del
capital y la clase obrera, y también un sector que se incorporan a la sociedad
como empleados y una élite intelectual. Mariátegui y todos los
agitadores y propagandistas obreros, los escritores y artistas progresistas, son
producto de esta nueva realidad. Solo nos falta puntualizar que los “dueños del
capital” eran extranjeros y, por tanto, la burguesía peruana no era más que intermediaria
u operadora y administradora del capital foráneo.
A
esta sociedad, Mariátegui denominó semi feudal y semi colonial, entendiendo por
semi feudalidad no un modo de producción propio, sino la existencia de una
feudalidad supérstite (lo decimos en sus palabras) en una sociedad que se “modernizaba”,
que insertaba formas de producción capitalista pero dentro de patrones
impuestos desde el imperio (5).
Lima,
la capital del Perú, en la década del 20 no tenía más de 200 mil habitantes
(según censo de la época). Los obreros adquirirían niveles de protagonismo en movilizaciones
y luchas sociales en calles y plazas hasta entonces desconocidas en la tres
veces coronada villa de los tiempos coloniales. Se producen protestas por el
abaratamiento de las subsistencias y por las 8 horas de trabajo. En el ámbito
universitario, el grito de Córdova por la reforma llegaba también a los
claustros de la universidad peruana. Todas estas luchas son no solo
respaldadas, sino estudiadas por José Carlos. De manera que cuando se va
“becado” a Europa ya portaba una clara identificación con las tendencias que
representaban los intereses de los sectores populares y progresistas. Aunque es
cierto, en el viejo continente hizo “su mejor aprendizaje”.
El
posición socialista de Mariátegui se abrió paso en medio de confrontaciones; hubo
de deslindar, primero, con las tendencias anarquistas, muy activas y muy
hostiles contra el pensamiento del Amauta, y, posteriormente, hizo lo mismo con
las posiciones de Haya de la Torre. Los primeros eran partidarios de una
confrontación abierta, sin más estrategia que la que traza la lucha gremial, argumentaban
que la política contaminaba al obrero, y por eso éste debía ser ajeno a ella.
Mariátegui, apenas retornado de Europa trabajó por la formación ideológica y
política de los obreros. Advirtió en distintas ocasiones que los obreros
conscientes tienen la obligación de formarse para ejercer dominio de la
ideología, la ciencia y la cultura. (6)
Con Haya de la Torre la polémica fue
de otro tipo. Hasta 1927, el proyecto de Haya era una propuesta de frente único
antiimperialista y de elevado contenido nacional-continental: acción contra el imperialismo yanqui,
unidad política de la América Latina, nacionalización de tierras e industrias,
internacionalización del Canal de Panamá, y solidaridad con todos los pueblos y
clases oprimidas del mundo (7). Conforme avanzaban los hechos sociales y en un proceso
rico de estudio y asimilación de modos de pensamiento, de reflexión ideológica
y teórica, Mariátegui avanzó, y Haya de la Torre retrocedió. .
“La cuestión: el Apra: alianza o
partido, que ustedes declaran sumariamente resuelto, y que en verdad no debiera
existir siquiera, puesto que el Apra se titula alianza y se subtitula frente
único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el
Partido Nacionalista Peruano, que ustedes han decidido fundar en México, sin el
consenso de los elementos de vanguardia que trabajan en Lima y provincias” (8)
El tema central de discrepancia, además
del método propio de la politiquería, que utilizó Haya para “ganar correlación”,
fue centralmente el carácter de clase del Partido: o era una propuesta
revolucionaria, con un programa claro, definido y de ideología socialista o era
un partido de naturaleza pluriclasista, reformista y con una amalgama de
“doctrina”. En el primer caso se trataba de un proyecto socialista serio, en el
segundo caso era una expresión más de la política criolla. En todo ese proceso,
Mariátegui hizo lo que le corresponde a un hombre de principios: estudió la
realidad y actuó conforme a su concepción. En ese proceso avanzó con
perseverancia y convicción a la organización de los trabajadores, de los
intelectuales, y, además, elaboró teoría.
El Perú no era Europa, acá no había
nación sino nacionalidades, etnias (que entonces se llamaban razas) y por eso
polemizó con aquellos que negaban el aporte a la causa de la emancipación de
los movimientos indigenistas y por eso discrepó con la táctica de la III
Internacional, central del movimiento comunista mundial que se creó en 1920, y
con la cual Mariátegui mantuvo diferencias, pues, si bien la contradicción
fundamental del mundo contemporáneo se daba
entre capitalismo y socialismo, no se debería adoptar como estrategia
revolucionaria, en países como el nuestro, aquella que postulaba la
confrontación de clase contra clase.
Para Mariátegui, las clases sociales
interesadas en la transformación del país, en sociedades semi coloniales como
la nuestra, no se agotan en el espectro social clasista, pues, los movimientos
nativistas, indigenistas (como él les llamó) organizados en las comunidades, forman
parte de las fuerzas sociales de la revolución. Es más, Mariátegui encontró
gérmenes de un socialismo o cooperativismo agrario en los movimientos de las
comunidades indígenas. Esto no le entendió y menos lo aceptó la III
Internacional (9).
Mariátegui es un revolucionario
integral, su visión de la realidad es multidimensional. No es un socialista de lectura
folletinesca. En las obras de Marx fijó la base de su formación en los tres ámbitos
conocidos como las piedras angulares del socialismo científico: la economía
política, la teoría socialista y el método, y la concepción filosófica. A
partir de esas disciplinas, asimiló todo el conocimiento de las ciencias
sociales de su tiempo, del arte, la literatura, la cultura, la historia, pero
además se nutrió de la herencia cultural de su pueblo. Por eso es que el
marxismo de Mariátegui no hay nada que se le pueda motejar de dogmatismo.
Una vida así, choca contra los grupos
de poder del orden existente, y, por eso, las fuerzas reaccionarias, lo
hostilizaron y lo persiguieron, no solo a él sino a las tendencias que
representaban el cambio y el progreso. Entonces, deduzcamos, un proyecto
transformador, de cambio en función de las mayorías no solo no será saludado
nunca por los grupos de poder, sino que será silenciado y llegado el caso
satanizado, denigrado y atacado.
Cuando las tendencias socialistas
avanzan, en todos los países, con regímenes “democráticos” y “civilizados” o retrógrados
y oscurantistas, siempre el poder ha levantado el garrote y los ha golpeado. El
caso de Mariátegui es aleccionador, lo mismo que el caso de Haya de La Torre,
por citar solo las cabezas de las dos propuestas. Uno va a la cárcel, otro va
al destierro. Amauta es clausurada y el famoso ardid del “complot comunista” es
usado por primera vez en el país. La finalidad fue golpear y buscar ablandar a
los líderes, que por cierto, en caso de Mariátegui jamás lo consiguió.
El Amauta no cejó en su esfuerzo de fundar el
Partido. Los más comprometidos con su propuesta, estuvieron ahí, en la playa de
La Herradura, “escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más
solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento
una buena dirección al Partido que se trataba de fundar.” (10). Esto aconteció
el 16 de septiembre de 1928, cuatro de los asistentes eran obreros: Julio
Portocarrero, Avelino Navarro, Manuel Hinojosa, Borja; un vendedor ambulante:
Bernardo Regman, el propio Martínez de la Torre; no asistió por razones de
salud, José Carlos Mariátegui. En esta reunión se llegaron a importantes
acuerdos: 1, constituir la célula inicial del Partido, el que debía afiliarse a
la III Internacional. “y cuyo nombre sería el de Partido Socialista del Perú,
bajo la dirección de elementos conscientemente marxistas” (11)
Tres
semanas después, el 7 de Octubre de 1928, se fundaba el partido Socialista del
Perú, bajo la dirección de José Carlos Mariátegui y se aprobó por primer vez en
la historia del país, un Programa que
partiendo de la realidad, diagnosticada e investigada por el Amauta
principalmente, afirmaba propuestas, metas, objetivos; los que no dejaban la
menor duda, el Partido que se había fundado era un auténtico Partido marxista.
La
organización explicitaba el carácter de clase del Partido (solo concebible en
una organización marxista), afirmaba el carácter internacional de la economía
peruana y también el carácter del movimiento revolucionario. Mariátegui
consideró que en sociedades atrasadas como la nuestra, el movimiento obrero revolucionario
debía asumir el reto de incorporar a sus filas a las fuerzas no proletarias,
como los campesinos y sectores de la pequeña burguesía y aun de la burguesía nacional.
Advirtió con una genialidad extraordinaria lo que los marxistas de otras
latitudes también dedujeron, en sociedades como las nuestras, la revolución
será por etapas e ininterrumpida, es decir, en su primera fase será una
revolución democrática, nacional y popular, culminada ésta, la revolución deviene
en socialista.
El
Partido que fundó Mariátegui fue un Partido de clase, que deslindó con las
concepciones nacionalistas, que se resistían al socialismo por prejuicios
ideológicos y porque subestimaban el rol de la clase obrera. En el Programa se
señaló que en le etapa del imperialismo las tesis nacionalistas estaban
agotadas. Igualmente es admirable la atención que brinda a las organizaciones y
movimientos indígenas, que los marxistas tendrán que incorporar para aprovechar
al máximo sus potencialidades.
Asimismo,
incorporó al Programa el tema de la educación, lo que de por sí demuestra la
importancia que le daba a esta actividad, “solo el socialismo puede resolver el
problema de una educación efectivamente
democrática, en virtud de la cual cada miembro de la sociedad reciba toda la
instrucción a la que su capacidad le dé derecho” (12).
Todo
ello lo formuló, y de manera explícita lo dijo desde una concepción
marxista-leninista. “La praxis del socialismo marxista en este periodo es la
del marxismo leninismo” (13). Complementariamente, el Partido adhiere a su Programa una
propuesta de demandas, que debían enarbolar los trabajadores.
Han
transcurrido 85 años desde que Mariátegui fundó el Partido. La verdad, después
de su muerte ningún miembro del núcleo gestante estuvo a la altura de los retos.
Titánica tarea la de reemplazar al Amauta. Rabines lo que hizo fue negar y
tratar de opacar su legado.
Periodos
de martirologio, de desprendimiento, de deportaciones y sacrificio de sus dirigentes,
cuadros y militantes y, sin embargo, sobran los dedos de las manos para contar aquellos
líderes que sin llegar al nivel del Amauta pudieran haber estado en la
capacidad para otear el horizonte y abrir un camino propio. Nada d ello
ocurrió. El Partido devino en una secta, se perdió el sentido de protagonismo
histórico, se hizo a un lado el estudio y la investigación, se rompió el lazo
con los intelectuales y artistas. Se dejó de ver la política como “la gran
actividad creadora”, como la expresión de “ese inmenso ideal humano”, que era
como la entendía Mariátegui. (14)
A
nombre del marxismo y del proyecto de Mariátegui se dividió el Partido en
función de alineamientos y seguidismos. Desde las posiciones más burocráticas,
de un lado, se rindió culto al reformismo y gremialismo, y, de otro, apareció
el fundamentalismo que hizo de la violencia y del crimen su filosofía y su “política”,
con el agravante que la derecha los utilizó muy bien para desprestigiar las
propuestas socialistas.
Y
pese a todo, cuando el capitalismo se impone sin ningún reparo, cuando el
mercado es elevado a la categoría de religión, cuando el capital monopólico
esquilma a los pueblos, cuando las mafias imperialistas saquean los recursos
naturales de los pueblos, sobre explota a los trabajadores, agrede la
soberanía, atenta contra el medio ambiente, sentimos que el Partido de Mariátegui es una necesidad histórica, y su
existencia, un imperativo.
En
esa necesidad reside la posibilidad cierta de unirnos y recuperar protagonismo, fortalecer el
partido en el espíritu del Amauta. Los marxistas tenemos la imperiosa necesidad
de ubicarnos en los tiempos del siglo XXI. Hay investigar y encontrar
respuestas a los problemas del país y del mundo de hoy. No hacerlo es darles
ventajas a los depredadores de la vida y enemigos de la humanidad. .
Notas
bibliográficas:
(1)
MARIÁTEGUI, José
Carlos. Carta al periodista argentino Enrique Espinoza, director de la Revista
La vida literaria, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, Empresa
Editora Amauta, Lima, 1960.
(2)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Presentación de Amauta (Setiembre de 1926), Ideología y política,
Empresa Editora Amauta, Lima, 1959
(3)
MARIÁTEGUI, José Carlos, Primera conferencia (Junio
de 1923), Historia de la crisis mundial, Empresa Editora Amauta, Lima, 1985.
(4)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Biología del fascismo (1925), La escena contemporánea, Empresa Editora
Amauta, Lima,1964.
(5)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Principio programáticos del Partido Socialista (1928), Ideología y política,
Empresa Editora Amauta, Lima, 1959.
(6)
Ob. Cit.
(7)
MARTÍNEZ DE LA
TORRE, Ricardo, Aportes para una interpretación marxista de la historia social
del Perú, Tomo II, F.CC.SS. UNMSM. S/ME.
(8)
MARIÁTEGUI, José Carlos, Invitación a la vida
heroica. Antología. Instituto de Apoyo Agrario, Lima, 1989.
(9)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Ob. Cit.
(10)
Ob. Cit.
(11)
Ob. Cit.
(12)
Ob. Cit.
(13)
Ob. Cit.
(14)
Ob. Cit.
A nuestros mártires...
Julio Yovera B.
(A la manera de Qué extraña manera de estarse muertos, de César Vallejo, LXXV, Trilce)
(A la manera de Qué extraña manera de estarse muertos, de César Vallejo, LXXV, Trilce)
Qué hermosa manera de estar vivos,
De haber vencido
en cada respiro, en cada paso,
De haber vencido
en cada respiro, en cada paso,
De haberle encontrado sentido
A la existencia
Y dejar a la muerte con la muerte.
Qué hermosa manera
De haberse hecho militante de la historia.
De enfrentar el día
Caminando en pos de la esperanza.
Qué hermosa manera
De imaginar el mundo de mañana
De amarnos como hermanos
De amarnos como hermanos
Y de sentirnos río de la misma causa.
sábado, 5 de octubre de 2013
Vargas Llosa y Zavala Cataño en cuestión
La delgada línea entre la libertad y el compromiso *
Artículo publicado en noviembre del 2010, me pareció oportuna su "actualización"
Julio Yovera B.
Al escritor y artista marxista se le pide coherencia entre su palabra y su prédica. El mismo la asume de manera consciente. A los no marxistas de origen y a los no marxistas de huída, los cuestionamos y los juzgamos. Es nuestro derecho. Sin embargo, el juicio de valor que la historia les hace, tiene en cuenta su obra y no su vida.
Octavio Paz (1914-1998), el Nobel de literatura de 1993, ha trascendido no porque alguna vez dijera que sus no pocos años dedicados a la lucha por los ideas revolucionarios los percibía inútiles. La historia no lo recuerda ni lo concibe trascedente por su postura ideológica o política, sino por su incuestionable genialidad para hacer con sus palabras un reino de belleza.
Una pequeña muestra de lo que decimos:
“Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.”
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.”
Lo mismo aconteció con Jorge Borges (1889-1986), el magnífico cuentista argentino, autor de Ficciones, El Aleph, entre muchas obras más, quien ingresó a la inmortalidad antes de morirse y que se le negó sistemáticamente el derecho de saberse elegido del Parnaso suizo. Su obra la estimamos brillante, no porque se definiera de derecha y hasta partidario de dictaduras sanguinarias como la del carnicero Videla, sino porque todos sus lectores de todas las altitudes, lo consideramos un exquisito matemático, que convirtió la literatura en teorema.
Nos gustaría que los artistas fueran hombres que abracen los ideales de lucha por la inmensa humanidad, pero el alma humana no es lineal. Si el espíritu del hombre, de por sí es complejo, el del artista es un laberinto creador, Y así como no pocos artistas son ajenos al drama humano y hasta reaccionarios, hay, para orgullo nuestro, muchos que se incorporan a los sueños de los desheredados de la tierra.
Uno de ellos fue Nazim Hikmet (1902-1963), el poeta comunista turco, que desde la cárcel, no dejó de cantar a su esperanza y su partido. El es un ejemplo de coherencia entre vida y obra. Los marxistas y los que no lo son tienen derecho a beber su poesía a manos llenas, pero solo los marxistas –esa es su gloria - tienen el derecho de exhibir su militancia como un emblema. Leámoslo:
“Hermanos,
Los de Europa, los de Asia, los de América:
Yo no estoy en prisión ni en huelga de hambre.
Me he tendido en el césped, esta noche de mayo,
Y los ojos de ustedes me miran de muy cerca,
lucientes como estrellas,
En tanto que sus manos
son una sola mano estrechando la mía,
como la de mi madre,
como la de mi amada,
Los de Europa, los de Asia, los de América:
Yo no estoy en prisión ni en huelga de hambre.
Me he tendido en el césped, esta noche de mayo,
Y los ojos de ustedes me miran de muy cerca,
lucientes como estrellas,
En tanto que sus manos
son una sola mano estrechando la mía,
como la de mi madre,
como la de mi amada,
como la de mi vida.”
(El quinto día de una huelga de hambre)
César Vallejo (1892-1938), el escritor comunista del Perú, fue un brillante creador y un consecuente revolucionario. Desde sus años juveniles conoció el desprecio de los poderosos y sus mediocres críticos, supo de la cárcel, del destierro. Francia, la cuna de la libertad, lo expulsó acusándolo de ser “un indeseable”, y sin embargo, no se amilanó el hombre, no se doblegó el militante. Su poesía debe ser leída y escuchada por los marxistas y los no marxistas. No debemos permitir que los comerciantes de la educación, como el clan Acuña Peralta, trafiquen con su nombre y lo conviertan en un poeta dulzón y provinciano. Apreciémoslo:
“¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima apesar suyo,
del verdugo apesar suyo
y del indiferente apesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaberas!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…”
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima apesar suyo,
del verdugo apesar suyo
y del indiferente apesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaberas!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…”
(Poema XIV, España, aparta de mí este cáliz)
También existen escritores que empezaron cobijados en la derecha, y hastiados de la sociedad burguesa de su tiempo, devinieron revolucionarios. Nos viene a la mente el ejemplo de Víctor Hugo (1802-1885), que si bien no se incorporó a la Comuna (el primer esfuerzo por forjar un Estado de trabajadores) cuestionó la vocación expoliadora de la burguesía y la hipocresía del alto claro. La obra de Víctor Hugo, en particular Los Miserables, será una lectura obligada de los buenos lectores contumaces y hasta de los estudiantes responsables de la carrera de sociología.¿Cómo valora José Carlos Mariátegui al artista? No lo hace en función de su militancia política, sino de su obra. José María Eguren es el poeta menos “social” de los poetas “puros”, y, sin embargo, el Amauta lo saludó como un poeta extraordinario, y, por eso mismo, lo difundió con pasión en su Revista Amauta.
Podemos negar la calidad literaria de Mario Vargas Llosa porque no es marxista? ¿Podemos negar la historia y juzgar políticamente la obra artística de Víctor Zavala Cataño?
No compartimos el pensamiento neoliberal de Mario Vargas Llosa, que destila odio cuando de juzgar a los marxistas e izquierdistas se trata. Su “investigación” periodística hecha sobre el recién desaparecido Néstor Kirchner (1950-2010) es un ofertorio de la mala fe al alatar de la estupidez (Semanario Hildebrandt en sus trece)
No compartimos el pensamiento fundamentalista de Víctor Zavala Cataño, que se alineó con la llamada quinta espada, que no era en absoluto el desarrollo del marxismo, sino su negación.
Me siento identificado con el pensamiento de Ernesto Toledo, no porque a ambos nos expulsaron de la cátedra, sino porque su juico a mi modo de ver, es correcto.
Si el postulado: “análisis concreto de la situación concreta” no fuera solo un cliché, sino un método de análisis estaríamos premunidos para superar los mecanicismos de todas las taxonomías (incluidas las de Bloom)
Por lo demás, en un predio que no debate estos temas, hacerlo no es una provocación, sino una seria intención de echar abajo el muro que separa política y cultura.
jueves, 3 de octubre de 2013
RESPETO A LA DIGNIDAD E INTELIGENCIA
César Lévano es un hombre digno.
Su vida ha estado y está llena de pasión por ideales y por causas que se
inspiran en la esperanza de lograr algún día un país que camine seguro en pos
de horizontes elevados, donde todos los peruanos seamos dueños de nuestras
propias vidas y que logremos nuestros sueños.
César Lévano es un hombre
inteligente. Sus notas, sus ensayos y sus investigaciones, nos dan la dimensión
de un escritor con un horizonte cultural vasto, una sensibilidad humanística y
una rigurosidad en el estilo. Así pues hace mucho don César se ha convertido en
un Maestro.
Debe ser por eso que la miseria
espiritual lo acosó siempre. Ahora mismo, viene a mi mente la frase del Amauta
José Carlos Mariátegui, en el Perú hay que ser mediocre para no ser odiado. Encontramos explicable entonces la reacción
irracional de un fascista llamado Aldo Mariátegui, que impotente para argumentar
nada, arroja contra el Maestro Lévano, una parte de las miles de toneladas de
lodo que caben en su pútrida alma.
Hay odios que son medallas, que
la escoria le coloque uno a César Lévano, es un orgullo; que doloroso sería que
la escoria lo elogiara.
Maestro César, usted goza de
nuestro afecto y respeto.
Julio Yovera Ballona.
DNI N° 02677704.
Lima, 3.10.2013.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Playa de Vice
Vuela el aroma de sal
A posarse en los manglares.
A su costado brilla el pez luminoso,
Y el cielo azul se hunde
En el bosque de aguas.
La playa deja oír su sinfonía
De partitura interminable.
El corazón bracea
Y las gaviotas halan su esperanza
martes, 24 de septiembre de 2013
La experiencia guerrillera del MIR
Elio Portocarreo y la
historia que nunca se contó
Por Julio Yovera
B.
Ficha del Libro:
Título: La historia que nunca contamos,
La experiencia
guerrillera del MIR de 1965.
Autor: Elio Portocarrero Ríos.
378 páginas.
Impreso por: Trycckt hos Författares Bokmaskin, Stockhoml 2011.
ISBN 978-91-9737-0
Ayavaca es cuna de hombres trabajadores,
sencillos y cordiales; es también la tierra de personalidades notables como Hildebrando
Castro Pozo, el intelectual que desde una posición socialista y con el rigor de
las ciencias sociales de su tiempo, estudió las comunidades campesinas; Juan Luis Velásquez Guerrero, autor de Perfil
de Frente, amigo de Vallejo, quien asumió la pasión de la poesía y la vocación
del político revolucionario; Lizardo Montero, Florentino Gálvez Torres, Ignacio
Paucar, Jorge Hurtado Pozo, José Hurtado Pozo, entre otros más. También el
líder fascista del Perú, Luis Alberto Flores Medina, nació en Ayavaca.
De Ayavaca es el Señor Cautivo,
ese ícono de la fe que creyentes de distintas partes del mundo católico llegan
a visitarlo y a agradecerle por la gracia recibida. En Octubre, ese pueblo
enclavado en una de las vertientes de los andes occidentales, se convierte en
la Meca del peregrinaje peruano.
Ayavaca es la sede de Yantuma, de
Cerro Negro, de los montes de Olleros, de la ciudadela de Aypate, de las
figuras misteriosas de los laberintos pétreos, de los páramos de Cuyas. Ayavaca es la tierra de los bravos guayacundos
que resistieron, a sangre viva, la invasión quechua. Es la sede donde hoy se juega el destino de una parte
del país sintetizada en esa dicotomía que polariza: o agricultura, turismo y
medio ambiente o minería y contaminación.
Esa tierra fue, por su ubicación
estratégica, una de los tres frentes guerrilleros que abrió el Movimiento de
Izquierda Revolucionaria, MIR, organización que planificó, impulsó y desarrolló
una de las experiencias de insurrección que se dieron en el Perú de la década
del 60 y que lideró el comandante Luis Felipe de la Puente Uceda.
Hasta ahora no había un documento,
una sistematización de esta experiencia. Hoy, gracias al esfuerzo de uno de sus
protagonistas, Elio Portocarrero Ríos, natural de Ayavaca, tenemos un libro,
que no obstante su carácter de testimonio de parte, y por eso mismo, cargado de
emoción y probablemente de subjetividad, es un documento valioso que nos
permite conocer uno de los capítulos heroicos de la lucha del pueblo peruano y
latinoamericano en pos de su liberación.
Llegamos al libro de una manera
casual, pese a que nuestro amigo, el
infatigable promotor cultural, periodista
Raúl Fernando Moscol León (RAFEMOLE), lamentablemente fallecido y por entonces
Decano de la orden, en Piura, después de presentar y comentar el libro (viernes
9 de marzo de 2012), nos comunicó telefónicamente que había guardado un
ejemplar para quien escribe estas líneas. Hace poco, Junior Velasco, joven
universitario de la Coordinadora de Izquierda de Piura, me prestó el libro y en
3 días de intensa lectura puedo decir que su lectura nos ayudó mucho a conocer
mejor esta experiencia.
Cuando se ama la tierra, por muy
lejos que se esté, siempre se le añora y la distancia, paradójicamente, hace
que el ausente se arraigue más a ella. Recuerdo el caso de César Vallejo.
Quienes lo conocieron y acompañaron en París, refieren que siempre hablaba de su
Santiago de Chuco, que lo llevaba en el alma y que en cierta ocasión,
interrogado por las autoridades sobre su origen y procedencia, no aludió al
Perú, sino a su tierra natal. De otro lado, me contaron no hace mucho, que Don Alejandro
Pozo, ayavaquino, en los últimos años de su vida, en pleno invierno parisino,
paraba un taxi y preguntaba si podían llevarlo a su casa de Ayavaca. Hago esta digresión porque la portada del
libro no exhibe una foto del mítico comandante, tampoco hay una alegoría a la
epopeya, no. En la portada se exhibe la foto de Aypate, la ciudadela inca, obra
magnífica construida cuando el poder quechua avanzaba hacia el norte. Puedo afirmar que Elio ha escrito su libro
en el extranjero pero arraigado a su tierra.
En la obra, Portocarrero describe
con emoción y aprecio infinitos a sus camaradas líderes como Luis de La Puente,
Máximo Velando, Guillermo Lobatón, Walter Palacios, Héctor Gadea, hace
referencia a compañeros como Gonzalo Fernández Gasco, Julio Rojas, Gerardo
Benavides, Jorge Merino Jiménez, Raúl More, Luis Pizá, el Dr. Albán Ramos, Mario
Calle, entre otros muchos más. A los históricos, a los que murieron, llegamos a
tenerles profundo respeto; con los que aún viven, con una parte de ellos, hemos cultivado una relación cordial, y, con
otros, hemos sentido admiración y afecto. Hace algunos años, con Walter Palacios
tuvimos en Santiago de Chuco un grato encuentro, fue con motivo de la Telúrica
de Mayo, cónclave mundial que organiza Capulí, Vallejo y su Tierra, en homenaje
al poeta planetario. Don Walter nos dijo algo que nos conmovió, “antes de irme,
he venido a encontrarme con Vallejo y a reencontrarme con Lucho”. Y es que, en
efecto, las casas de ambos son templos que se visitan para reflexionar sobre
sus vidas y el destino de nuestros pueblos.
Volviendo al texto, más allá de
discrepancias o de probables diferencias que el autor guarde con algunos de los
personajes que refiere, lo cierto es que ahí están los que intentaron –los que
se atrevieron – a “tomar el cielo por asalto” y eso ya es bastante.
Cada capítulo, diez en total, nos
deja una lección, una enseñanza. Aquí no vamos a referir cada uno de ellos, lo
que hacemos es comentar brevemente algunos. Hay un capítulo dedicado a la
sinuosa historia del APRA, cómo fue que el partido que emergió con un neto carácter
antiimperialista terminó convirtiéndose en un partido sin personalidad
histórica, al extremo de traicionar a sus postulados, a su militancia, a su
pueblo. Degeneración ideológica y oportunismo tienen que ver con ello.
Vista los fenómenos sociales desde
una perspectiva dialéctica, vale decir revolucionaria, la oligarquía, las
clases dominantes están descalificadas para
emprender un proceso realmente liberador. En el Perú de hoy, cuando
vemos que todos los gobiernos, no obstante que algunos de ellos llegan al poder
con promesas de reformas, se ratifica como válido el pensamiento del Amauta
José Carlos Mariátegui Lachira, en el Perú no tuvimos nunca clase dirigente,
sino dominante y coincidimos con el autor del libro cuando dice que la
burguesía criolla llegó tarde a la historia.
Un capítulo conmovedor es el que se
refiere a la descripción física y espiritual de Luis de la Puente Uceda, el
líder del movimiento guerrillero y con seguridad uno de los hitos sobresalientes
de los revolucionarios del mundo, que se entregó con pasión y mística a la tarea
de trocar el camino hacia la liberación de la patria, entendiendo ésta como parte
de la lucha por la libertad de la humanidad. Elio Portocarrero, basándose, de
un lado, en sus largos años de amistad y, segundo, tomando como fuente el texto
del Dr. Sigifredo Orbegoso sobre el jefe guerrillero, tiene frases de
admiración para el hombre que como pocos no ordenaba nada a sus huestes si es
que él primero no lo hacía, y que, como pocos también, unió la acción a la
palabra:
(Lucho) “Siempre tuvo el respeto,
cariño y admiración de los que lo rodeaban…” “siempre estaba alegre y trasmitía
ese estado de ánimo a todos los compañeros, pero cuando se molestaba, su rostro
se ponía tenso y rojo. Por eso lo llamábamos el “colorado” cariñosamente.
Siempre tuvo nuestra admiración y respeto y a la vez, merecedor de gran
confianza en su persona, por parte de los que lo rodeábamos”. Podemos conocer
esa elevada ética que lo hacía ser absolutamente respetuoso con los bienes del
pueblo, “los recursos del pueblo son sagrados” solía decir y esto era para él
un principio que nada ni nadie podía quebrantar.
Fue de La Puente quien diseñó los
planes militares, partiendo de la concepción que la revolución se hace y que en
sociedades como la nuestra, un camino seguro, que garantizaría el éxito de la
hazaña guerrillera sería el de instaurar bases con capacidad de movimiento y
con vínculos sólidos con la población. Esto, como el mismo autor reconoce, no
siempre lo entendieron sus camaradas. En oportunidades se priorizó más el
trabajo gremial de las masas campesinas, lo que iba en contra de los acuerdos
tomados en su C.C.
El trabajo de Portocarrero también
explica cómo se fue tejiendo la organización y como es que se deciden la
creación de los tres escenarios estratégicos: del Norte, del Centro y del Sur.
Obviamente porque su experiencia fue en la zona de Ayavaca, nos narra con más
detalle las actividades del frente del
Norte. Admirable su relación, acaso porque era natural de ahí, con la población,
no solo con el campesinado sino con todos
los sectores sociales, incluyendo las autoridades, que les daban refugio; acertada también la decisión de tomar una zona
de difícil acceso, que le permitiría a la guerrilla una facilidad de desplazamiento
para ingresar o salir del país desde o hacia el Ecuador, y para avanzar desde
la base guerrillera a la costa o sur andino o hacia la zona amazónica.
En el libro aparece de manera
explícita la solidaridad que en todo momento mantuvo la revolución cubana, que
fiel a su internacionalismo, apoyó las gestas que buscaban liberarse del yugo
que por siglos han impuestos los imperios.
Al mismo tiempo, es desalentador
los fracasos permanentes por lograr la unidad de las fuerzas de izquierda. Esto
se ha convertido en un estigma difícil de superar. No se pudo en el pasado
histórico lograr la unidad del pueblo para hacer frente a retos comunes.
Fracasó todo intento de unidad con propuestas revolucionarias insurreccionales,
como fracasaron también los intentos de unidad para hacer frente a la lucha
política electoral. En las dos formas de
lucha, la unidad no se ha logrado hasta ahora. Pese a los esfuerzos, el MIR, el ELN, los llamados “becados”, la unidad no
fue posible y esa fue una de las debilidades que aún marca a nuestro pueblo.
El libro es autocrítico y nos
deja una lección. Las organizaciones pueden estar bien preparadas, muy bien
organizadas, cohesionadas ideológica, política y militarmente, pero un solo
error equivale a la derrota. El libro, aun cuando no lo dice de manera
explícita, deja entrever que si ben el CC era un colectivo, había una distancia
enorme entre el nivel logrado por Luis de La Puente con los demás miembros de
la dirección. La autoridad política, ideológica y militar del comandante era el
nervio de su cohesión. Cuando cayó, ninguno de los que le sucedieron tenía la
capacidad para darle salida favorable a los problemas.
Los principales líderes fueron
cayendo, otros tuvieron a adecuar su vida a las nuevas condiciones. Y,
entendemos, que la duda jugó su rol. El imperialismo suele crear desconfianzas,
maquinar. Eso también sucedió en el MIR, aún no está esclarecida la situación
del destacado guerrillero Enrique Amaya, sobre cuya vida, la CIA ha afirmado
que, con él infiltró a la organización, cosa que es refutada por Portocarrero.
En suma, el libro ayuda, nos
vuelve la mirada a un pasado reciente, nos permite admirar el coraje de un
núcleo de hombres que en pos de ideales dejaron familia, amores, en tanto que otros
perdieron la vida. Hay en el trabajo de Portocarrero un homenaje a Basilio Chanta
Granda, nombre que escuché por primera vez cuando era estudiante de la Ex
Escuela Normal de Piura, cuando los compañeros dirigentes estudiantiles
vinculados al MIR de entonces, lo coreaban en sus consignas, para demostrar que
cuando un revolucionario muere, nunca muere. Con el libro he llegado a conocer
su procedencia campesina y su pureza revolucionaria.
El libro, en el Perú, ha sido ignorado.
Nadie, ni crítico ni comentarista de publicaciones ni politólogos, han dicho
una palabra sobre este trabajo, que ayuda a entender mejor la experiencia
guerrillera y que, por eso mismo, debe resultar incómodo abordar a aquellos que
suelen calcular o graduar sus opiniones. Nosotros lo hacemos porque creemos que
la palabra de un guerrillero que habla de su experiencia, es un valioso
testimonio de parte; más aún, cuando las grandes metas e ideales que los llevó
a la acción, aún son vigentes. Si con las reformas del general Velasco se
avanzó, lo que ha venido después ha sido un permanente retroceso. Otra gran lección: la revolución es un acto de
amor, de respeto a las masas, al pueblo. Los que agreden a las masas a nombre
de la revolución sencillamente están descalificados para llamarse
revolucionarios. Esto lo dice, Elio Portocarrero, que junto con todos sus
camaradas tuvieron el coraje de intentar hacer la revolución.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




















