martes, 29 de octubre de 2013

Situación improbable

Julio Yovera B.

Y si fuera verdad que existiera un paraíso poblado de ángeles
y puros;
y si fuera verdad que existiera un purgatorio donde expían
sus culpas los menos malos y los no tan puros;
y si fuera verdad que existiera el infierno donde el fuego
derrite piltrafas nada puras.
Jesús y Marx concertarían para que el cielo no reproduzca las lacras
de la tierra, que determinan las condiciones objetivas para que existan los no tan puros
y los nada puros.

Poema de circunstancia, después de conversar con un creyente de buena fe y con un ateo humanista. 



Mirando el bosque

Julio Yovera B. 





)Se desárbola 
Se desría
Se desfraterna
Se desaroma 
Se desoctubra
Se descolora
Se desparrama
Se desmemoria
Tiene fuerza aún
Este desmadre
(No te descuides…)
De Poemas de Circunstancias

La vigencia de Marx



Por Julio Yovera B.
El artículo del lúcido politólogo Antonio Zapata, publicado ayer en el diario La República, me suscita esta breve reflexión:
El reto primero es estudiar a Marx, después analizarlo, y, finalmente, criticarlo. No me parece demostración de honestidad intelectual, oponerse a Marx como lo hacen quienes nunca lo han leído.
No hay que perder de vista que Marx no creó ningún “marxismo”. Se interesó por conocer, más que la lógica del liberalismo, la lógica del capitalismo. Y puso su atención en el embrión de la economía capitalista: la mercancía. De este estudio dedujo la ley de la plus valía y la ley del valor. Las dos, dentro del sistema capitalista, engendran, de un lado una enorme pobreza y de otro, una enorme riqueza. Y pobreza no necesariamente a los “ociosos” que no trabajaban, sino a los que ataban su destino a la máquina y eran explotados por una jornada de hasta más de dieciséis o diecisiete horas, que equivalían a la muerte.
Posteriormente, cuando avanzó en sus estudios, llegó a la conclusión que la plus valía era la acumulación de la riqueza, producto del trabajo, que genera acumulación capitalista y que en verdad no es más que un hurto encubierto. Hasta antes de Marx ninguna corriente económica había podido explicar de manera científica, racional y lógica, este fenómeno.
Entonces los capitalistas le dedicaron todos sus odios. Paradójicamente todos los centros de estudios universitarios del mundo incorporaron a su sílabo de estudios los ítems: fuerzas productivas, relaciones de producción, modos de producción. Todo esto fue aporte de Marx.
Pero, no se quedó ahí. Estudio filosofía (el ser determina la conciencia). Sin ésta no habría podido encontrar las causas y el origen de las ideas. También estudió dialéctica y se hizo materialista dialéctico, que le permitió entender que el movimiento es una ley y que la historia es continuidad y cambio.
Ubicó las leyes fundamentales de la dialéctica. Precisó que las contradicciones en su grado extremo se hacen antagónicas, cuando ello ocurre, aparecen las revoluciones. Entonces el odio del empresariado se elevó a su ene potencia.
Hizo del materialismo dialéctico su método de estudio e investigación. Sustentó la necesidad de una sociedad nueva, que no surgiría de los deseos de alguna personalidad fantasiosa. Si las sociedades históricamente cambiaron, por qué no iba a cambiar una sociedad como la que vivió Marx? Si la vieja sociedad comunitaria primitiva, la inhumana sociedad esclavista, la ociosa sociedad feudal, habían cambiado, por qué la depredadora sociedad capitalista debía ser eterna? Entonces formuló su teoría de la viabilidad de la sociedad socialista y comunista. Y ahí están los resultados. Avances y retrocesos.
Hoy todos los sectores retrógrados del mundo quieren que se vea a Marx como una pieza de museo, como espécimen de periodos de grandes modificaciones físicas del planeta, cuando los dinosaurios iban desapareciendo.
Pero Marx, está ahí, con sus ideas, resistiendo y ayudando a entender el mundo de hoy. Claro, la criatura globalizada del capital lo sigue satanizando. No nos extraña.

martes, 8 de octubre de 2013

Hubo una vez un héroe


Por Julio Yovera B.
 (A Álvaro, mi nieto)
Trece años después que San Martín proclamara nuestra independencia, el 27 de julio de 1834, en una casa de Los Mercaderes de Piura, nació un niño que con el tiempo, se convirtió en un  marino  valiente, pero, sobre todo, se convirtió en un hombre justiciero y honrado.  
Hoy, personas de distintas  condiciones sociales del país y del extranjero, que llegan a la ciudad de Piura, dedican parte de su tiempo a visitar el museo de la calle Tacna, nombre moderno que reemplaza al de Los Mercaderes, donde el pequeño vivió en compañía de sus padres y hermanos. Así, rinden su homenaje a quien es motivo de orgullo de los peruanos dignos.  
Paita, el puerto de cielo limpio y de luna clara, de mar sereno y de olas suaves, también lo reclama como su hijo. Cuando se entra a esa discusión, el tiempo no cuenta, y los argumentos son de nunca acabar.     
El Paita de aquel tiempo era un puerto conectado fluidamente con el mundo exterior, por eso las embarcaciones iban y venían. El niño que quería ser marino, mirando más de una vez el horizonte azul, fue asumiendo el propósito de embarcarse.
No cumplía aún los 9 años cuando le dijo su progenitor:
-          Quiero recorrer el mar, dame permiso para embarcarme.
-          ¿Deseas navegar?, preguntó, inquieto, el padre.
-          Sí…-,  respondió resueltamente.
El padre no aceptó, pero el niño insistió tanto que, finalmente, Don Juan Manuel permitió que su hijo realizara su sueño. La madre Doña Luisa se mostró disconforme e  inquieta, pero, la serenidad del esposo y los rezos, le dieron calma y despidió con besos y bendiciones al niño que se iba contento a surcar los mares, cuando bien podría pasar sus días hurgando los olleros de los chilalos, tumbando tamarindos, persiguiendo lagartijas o, si quería, pescar las lizas de un río de temporada que estaba a poca distancia de su casa.
No estuvo mucho tiempo en el mar. La embarcación en la que navegaba naufragó frente a las costas de Colombia, y el pequeño tuvo que volver al hogar. Para la madre fue un milagro, para el padre un buen pretexto. Ahí quedaría todo, pensaron, mas, el niño no se dio por vencido. Al poco tiempo, insistió, y otra vez, logró embarcarse. Durante 7 años recorrió mares, océanos y puertos. Llegó a conocer el secreto de los arrecifes, de los témpanos y los anuncios de los vientos.
Cuando  llegó a la juventud ya era un viejo y curtido marinero. Ingresó entonces a la Marina e hizo una brillante carrera. Se vinculó también a los avatares propios de la vida ciudadana, lo que le trajo consecuencias. Fue dado de baja y tuvo que desempeñar distintos trabajos pues el joven se había convertido en un adulto con responsabilidades.  
Llegamos al año de 1879. Los grupos de poder de Chile tenían una nada simulada  ambición por el territorio y las riquezas naturales de nuestra patria y no se  detuvieron ante nada para obtenerlos. Primero le declararon la guerra a Bolivia y después al Perú.  Esta guerra sirvió para demostrarnos que existían peruanos que no les interesaba el país y carecían de voluntad y coraje para defenderlo.
El marino fue llamado por las autoridades y ocupó su puesto en la armada. Se conoció entonces en toda su dimensión la grandeza de este hombre. Asumió el mando del monitor Huáscar, y con sus marinos, se convirtió en la esperanza de la patria y la pesadilla del adversario.
Aparecía y desaparecía con sus huestes. Cuando menos lo esperaban, como si saliera del fondo de las aguas, sorprendía al enemigo. Los chilenos llegaron a creer que el Huáscar estaba conducido por un fantasma.
No era un fantasma sino un marino, que desde niño había conocido los secretos de los océanos y que en el seno de un hogar piurano, sus padres le habían inculcado valores como el amor a la patria y el respeto a la vida.
Cuando derrotó a la escuadra chilena Esmeralda, como resultado del enfrentamiento, el comandante Arturo Pratt, murió. El marino no se ensañó y no se apoderó de ningún bien del vencido. Tuvo la nobleza de remitir a la viuda las prendas del esposo y una carta en la que destaca el coraje del vencido. Ella, conmovida, le respondió y lo llamó Caballero, haciendo alusión no a título o pergamino alguno, sino a la nobleza de espíritu del peruano.
Nobleza que no tuvo el enemigo, cuando el 8 de octubre de 1879, rodea, cerca, abate y se ensaña con el Huáscar y sus ocupantes.
En una guerra la muerte es una posibilidad. Así lo entendió nuestro héroe, sabía que en cada viaje se jugaba la vida. Un principio de toda guerra es conservar las fuerzas propias y destruir las del adversario. Porque lo sabía, dijo con absoluta serenidad y firmeza:    
“Os puedo asegurar que si el Huáscar no regresara victorioso, yo tampoco he de regresar”
Ese héroe que así habló así y del que nos hemos ocupado se llamó Miguel Grau Seminario.
Su ejemplo fue, es y seguirá siendo una fuente de valor y fortaleza para todos nosotros.





domingo, 6 de octubre de 2013

La creación del Partido de Mariátegui

Una interpretación histórico-cultural

Por Julio Yovera B

Conmemoramos el 85° aniversario de la creación del Partido, cúspide de la obra heroica de José Carlos Mariátegui La Chira. Para quienes analizan la historia desde el rótulo o la etiqueta, Mariátegui y sus camaradas, el 7 de octubre de 1928, firmaron el Acta de Fundación del partido socialista, no del partido comunista. Y de ahí no dan un paso más.   
Vayamos por partes. El Partido que fundó Mariátegui fue el resultado de un largo proceso que se inició en 1918, cuando junto a otros peruanos formó el Comité de Propaganda y Organización Socialista. En Europa, donde permaneció desde octubre de 1919 hasta inicios de 1923, su simpatía se convirtió en aproximación y adhesión. “Desde 1918- escribe-, nauseado de política criolla, me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo.”. Además, reiteró un propósito: “Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano.”(1). Para lograrlo, se trazó objetivos de mediano y largo aliento, asimiló la teoría del socialismo científico, utilizó el método dialéctico para estudiar, investigar y teorizar  la realidad. Su epistemología de la ciencia tuvo la ventaja de la fusión de la teoría y la práctica.    
A su retorno de Europa ejerció el periodismo político y cultural en las revistas Variedades y Mundial, las primeras publicaciones modernas serias de inicios del siglo XX. A partir de setiembre de 1926 fundó y dirigió la Revista Amauta, que llegó a tener una enorme influencia en el mundo intelectual, académico, artístico, cultural y laboral de esa época. Mariátegui escribe en el primer número de Amauta: “El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos.” (2) En sus páginas escribieron los más reconocidos intelectuales de la humanidad progresista del mundo y las personalidades del país. Nombres como el de Miguel de Unamuno, Henry Barbusse, Waldo Frank, Jorge Luis Borges, Maiakovsky, Breton, Neruda, García Lorca, se hicieron conocidos entre el público lector de Amauta; a la vez, intelectuales como Gamaniel Churata, Oquendo de Amat, Alberto Hidalgo, José María Eguren, Martínez de la Torre, Magda Portal, Martín Adán, Jorge Basadre, Luis Valcárcel, tuvieron una tribuna desde donde difundieron sus obras.
Otro espacio de su accionar fue la Universidad Popular Manuel González Prada, creada a propuesta de la Federación de Estudiantes del Perú, en 1920. En ella, José Carlos ejerció una cátedra sobre la Historia de la crisis mundial, que eran sus reflexiones de estudios e investigaciones  hechos en los países del viejo continente y que, además, le sirvió para ampliar el ámbito de comprensión cognitiva de sus alumnos obreros y estudiantes. En ese espacio proyectó su calidad docente, y, no obstante, que careció de título universitario era brillante su nivel intelectual, y sencillo, fraterno y cordial con sus alumnos. En su cátedra señaló que a diferencia de otros países del continente, en el Perú no existían maestros que a la vez fueran modelos para los jóvenes, Mariátegui se conviertió en un guía de los obreros y estudiantes, además, desarrolló una propuesta que hoy la teoría pedagógica la muestra como uno de sus más importantes avances, “el aprender a aprender a través de una dinámica de interaprendizaje”. Mariátegui se anticipó en ocho décadas y puso en práctica los nuevos modelos pedagógicos. En su primera conferencia dijo:
“Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial, sino a estudiarla yo mismo con ellos. Yo no enseño, compañeros, desde esta tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no tengo en este estudio sino el mérito modestísimo de aportar a él observaciones personales de tres y medio años de vida europea, o sea de los tres y medio años culminantes de la crisis, y los ecos del pensamiento europeo contemporáneo.” (3)
Fueron siete años de propaganda, de exposición de ideas, de investigación, de estudio,  de ejercicio intelectual. De acuerdo a su concepción, la clase obrera estaba destinada a hacer la historia, a ella se dirigió y logró establecer una relación sólida con los más entusiastas activistas del quehacer gremial y cultural obrero. Así pues las reuniones que se realizaron para sentar las bases del Partido y que tuvieron lugar en La Herradura primero, y en Barranco después, son el corolario de un proceso que venía de atrás, que se había iniciado antes de su viaje  a Europa.  
Los tiempos de Mariátegui (segunda y tercera décadas del siglo XX) fueron de ascenso de la marea social.  A nivel internacional, el orden capitalista salía de una guerra por las disputas de las colonias e ingresaba a una de sus peores crisis. El Amauta señaló lo siguiente: una parte de las organizaciones y movimientos marxistas de Europa se sacudían de las tesis reformistas y dirigían su mirada a Rusia, ahí los bolcheviques se habían echado abajo el reino de los zares e instauraban el gobierno de los obreros y campesinos. En el mundo capitalista los obreros se levantaban, y en las sociedades atrasadas, las clases populares creaban movimientos anticolonialistas y de liberación nacional. Se formaban los frentes de clases o frentes únicos, y en ellos participaban los marxistas.
Europa fue el escenario de la guerra entre imperios pero también fue el escenario de deslinde entre los viejos partidos reformistas y los jóvenes partidos revolucionarios. Los primeros eran parte de la II Internacional y los segundos de la recién creada III Internacional. Las dos se declaraban marxistas pero era evidente que la historia estaba del lado de los que  abiertamente declaraban la guerra al viejo orden. La reacción violenta de la burguesía no demoró, y en Italia:
 “La burguesía, asustada por la violencia bolchevique, apeló a la violencia fascista.” (4). Esto demostró que las clases dominantes no son víctimas de la lucha de clases, como quieren aparentar, sino conscientemente partícipes y alentadoras de ésta. En todo caso este fenómeno social es independientemente de la voluntad de los hombres. .
En el Perú de inicios del siglo XX, las relaciones económicas de producción predominantes no eran ya propiamente feudales, sino capitalistas. Después de 1920, el dominio económico de Estados Unidos sobre el Perú se consolidó en sectores fundamentales como la industria manufacturera y textil; la minería (extracción de cobre, plata, petróleo); los sectores de servicios: transporte ferroviario y urbano. En todo este proceso, se dinamizan dos clases sociales: los dueños del capital y la clase obrera, y también un sector que se incorporan a la sociedad como empleados y una   élite intelectual. Mariátegui y todos los agitadores y propagandistas obreros, los escritores y artistas progresistas, son producto de esta nueva realidad. Solo nos falta puntualizar que los “dueños del capital” eran extranjeros y, por tanto, la burguesía peruana no era más que intermediaria u operadora y administradora del capital foráneo.  
A esta sociedad, Mariátegui denominó semi feudal y semi colonial, entendiendo por semi feudalidad no un modo de producción propio, sino la existencia de una feudalidad supérstite (lo decimos en sus palabras) en una sociedad que se “modernizaba”, que insertaba formas de producción capitalista pero dentro de patrones impuestos desde el imperio (5).
Lima, la capital del Perú, en la década del 20 no tenía más de 200 mil habitantes (según censo de la época). Los obreros adquirirían niveles de protagonismo en movilizaciones y luchas sociales en calles y plazas hasta entonces desconocidas en la tres veces coronada villa de los tiempos coloniales. Se producen protestas por el abaratamiento de las subsistencias y por las 8 horas de trabajo. En el ámbito universitario, el grito de Córdova por la reforma llegaba también a los claustros de la universidad peruana. Todas estas luchas son no solo respaldadas, sino estudiadas por José Carlos. De manera que cuando se va “becado” a Europa ya portaba una clara identificación con las tendencias que representaban los intereses de los sectores populares y progresistas. Aunque es cierto, en el viejo continente hizo “su mejor aprendizaje”.   
El posición socialista de Mariátegui se abrió paso en medio de confrontaciones; hubo de deslindar, primero, con las tendencias anarquistas, muy activas y muy hostiles contra el pensamiento del Amauta, y, posteriormente, hizo lo mismo con las posiciones de Haya de la Torre. Los primeros eran partidarios de una confrontación abierta, sin más estrategia que la que traza la lucha gremial, argumentaban que la política contaminaba al obrero, y por eso éste debía ser ajeno a ella. Mariátegui, apenas retornado de Europa trabajó por la formación ideológica y política de los obreros. Advirtió en distintas ocasiones que los obreros conscientes tienen la obligación de formarse para ejercer dominio de la ideología, la ciencia y la cultura. (6)  
Con Haya de la Torre la polémica fue de otro tipo. Hasta 1927, el proyecto de Haya era una propuesta de frente único antiimperialista y de elevado contenido nacional-continental: acción contra el imperialismo yanqui, unidad política de la América Latina, nacionalización de tierras e industrias, internacionalización del Canal de Panamá, y solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo (7). Conforme avanzaban los hechos sociales y en un proceso rico de estudio y asimilación de modos de pensamiento, de reflexión ideológica y teórica, Mariátegui avanzó, y Haya de la Torre retrocedió. .  
“La cuestión: el Apra: alianza o partido, que ustedes declaran sumariamente resuelto, y que en verdad no debiera existir siquiera, puesto que el Apra se titula alianza y se subtitula frente único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el Partido Nacionalista Peruano, que ustedes han decidido fundar en México, sin el consenso de los elementos de vanguardia que trabajan en Lima y provincias” (8)
El tema central de discrepancia, además del método propio de la politiquería, que utilizó Haya para “ganar correlación”, fue centralmente el carácter de clase del Partido: o era una propuesta revolucionaria, con un programa claro, definido y de ideología socialista o era un partido de naturaleza pluriclasista, reformista y con una amalgama de “doctrina”. En el primer caso se trataba de un proyecto socialista serio, en el segundo caso era una expresión más de la  política criolla. En todo ese proceso, Mariátegui hizo lo que le corresponde a un hombre de principios: estudió la realidad y actuó conforme a su concepción. En ese proceso avanzó con perseverancia y convicción a la organización de los trabajadores, de los intelectuales, y, además,  elaboró teoría.
El Perú no era Europa, acá no había nación sino nacionalidades, etnias (que entonces se llamaban razas) y por eso polemizó con aquellos que negaban el aporte a la causa de la emancipación de los movimientos indigenistas y por eso discrepó con la táctica de la III Internacional, central del movimiento comunista mundial que se creó en 1920, y con la cual Mariátegui mantuvo diferencias, pues, si bien la contradicción fundamental del mundo contemporáneo se daba  entre capitalismo y socialismo, no se debería adoptar como estrategia revolucionaria, en países como el nuestro, aquella que postulaba la confrontación de clase contra clase.
Para Mariátegui, las clases sociales interesadas en la transformación del país, en sociedades semi coloniales como la nuestra, no se agotan en el espectro social clasista, pues, los movimientos nativistas, indigenistas (como él les llamó) organizados en las comunidades, forman parte de las fuerzas sociales de la revolución. Es más, Mariátegui encontró gérmenes de un socialismo o cooperativismo agrario en los movimientos de las comunidades indígenas. Esto no le entendió y menos lo aceptó la III Internacional (9).  
Mariátegui es un revolucionario integral, su visión de la realidad es multidimensional. No es un socialista de lectura folletinesca. En las obras de Marx fijó la base de su formación en los tres ámbitos conocidos como las piedras angulares del socialismo científico: la economía política, la teoría socialista y el método, y la concepción filosófica. A partir de esas disciplinas, asimiló todo el conocimiento de las ciencias sociales de su tiempo, del arte, la literatura, la cultura, la historia, pero además se nutrió de la herencia cultural de su pueblo. Por eso es que el marxismo de Mariátegui no hay nada que se le pueda motejar de dogmatismo.
Una vida así, choca contra los grupos de poder del orden existente, y, por eso, las fuerzas reaccionarias, lo hostilizaron y lo persiguieron, no solo a él sino a las tendencias que representaban el cambio y el progreso. Entonces, deduzcamos, un proyecto transformador, de cambio en función de las mayorías no solo no será saludado nunca por los grupos de poder, sino que será silenciado y llegado el caso satanizado, denigrado y atacado.
Cuando las tendencias socialistas avanzan, en todos los países, con regímenes “democráticos” y “civilizados” o retrógrados y oscurantistas, siempre el poder ha levantado el garrote y los ha golpeado. El caso de Mariátegui es aleccionador, lo mismo que el caso de Haya de La Torre, por citar solo las cabezas de las dos propuestas. Uno va a la cárcel, otro va al destierro. Amauta es clausurada y el famoso ardid del “complot comunista” es usado por primera vez en el país. La finalidad fue golpear y buscar ablandar a los líderes, que por cierto, en caso de Mariátegui jamás lo consiguió.
 El Amauta no cejó en su esfuerzo de fundar el Partido. Los más comprometidos con su propuesta, estuvieron ahí, en la playa de La Herradura, “escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento una buena dirección al Partido que se trataba de fundar.” (10). Esto aconteció el 16 de septiembre de 1928, cuatro de los asistentes eran obreros: Julio Portocarrero, Avelino Navarro, Manuel Hinojosa, Borja; un vendedor ambulante: Bernardo Regman, el propio Martínez de la Torre; no asistió por razones de salud, José Carlos Mariátegui. En esta reunión se llegaron a importantes acuerdos: 1, constituir la célula inicial del Partido, el que debía afiliarse a la III Internacional. “y cuyo nombre sería el de Partido Socialista del Perú, bajo la dirección de elementos conscientemente marxistas” (11)
Tres semanas después, el 7 de Octubre de 1928, se fundaba el partido Socialista del Perú, bajo la dirección de José Carlos Mariátegui y se aprobó por primer vez en la historia  del país, un Programa que partiendo de la realidad, diagnosticada e investigada por el Amauta principalmente, afirmaba propuestas, metas, objetivos; los que no dejaban la menor duda, el Partido que se había fundado era un auténtico Partido marxista.
La organización explicitaba el carácter de clase del Partido (solo concebible en una organización marxista), afirmaba el carácter internacional de la economía peruana y también el carácter del movimiento revolucionario. Mariátegui consideró que en sociedades atrasadas como la nuestra, el movimiento obrero revolucionario debía asumir el reto de incorporar a sus filas a las fuerzas no proletarias, como los campesinos y sectores de la pequeña burguesía y aun de la burguesía nacional. Advirtió con una genialidad extraordinaria lo que los marxistas de otras latitudes también dedujeron, en sociedades como las nuestras, la revolución será por etapas e ininterrumpida, es decir, en su primera fase será una revolución democrática, nacional y popular, culminada ésta, la revolución deviene en socialista.
El Partido que fundó Mariátegui fue un Partido de clase, que deslindó con las concepciones nacionalistas, que se resistían al socialismo por prejuicios ideológicos y porque subestimaban el rol de la clase obrera. En el Programa se señaló que en le etapa del imperialismo las tesis nacionalistas estaban agotadas. Igualmente es admirable la atención que brinda a las organizaciones y movimientos indígenas, que los marxistas tendrán que incorporar para aprovechar al máximo sus potencialidades.
Asimismo, incorporó al Programa el tema de la educación, lo que de por sí demuestra la importancia que le daba a esta actividad, “solo el socialismo puede resolver el problema de  una educación efectivamente democrática, en virtud de la cual cada miembro de la sociedad reciba toda la instrucción a la que su capacidad le dé derecho” (12).
Todo ello lo formuló, y de manera explícita lo dijo desde una concepción marxista-leninista. “La praxis del socialismo marxista en este periodo es la del marxismo leninismo” (13). Complementariamente,  el Partido adhiere a su Programa una propuesta de demandas, que debían enarbolar los trabajadores.
Han transcurrido 85 años desde que Mariátegui fundó el Partido. La verdad, después de su muerte ningún miembro del núcleo gestante estuvo a la altura de los retos. Titánica tarea la de reemplazar al Amauta. Rabines lo que hizo fue negar y tratar de opacar su legado.
Periodos de martirologio, de desprendimiento, de deportaciones y sacrificio de sus dirigentes, cuadros y militantes y, sin embargo, sobran los dedos de las manos para contar aquellos líderes que sin llegar al nivel del Amauta pudieran haber estado en la capacidad para otear el horizonte y abrir un camino propio. Nada d ello ocurrió. El Partido devino en una secta, se perdió el sentido de protagonismo histórico, se hizo a un lado el estudio y la investigación, se rompió el lazo con los intelectuales y artistas. Se dejó de ver la política como “la gran actividad creadora”, como la expresión de “ese inmenso ideal humano”, que era como la entendía Mariátegui. (14)
A nombre del marxismo y del proyecto de Mariátegui se dividió el Partido en función de alineamientos y seguidismos. Desde las posiciones más burocráticas, de un lado, se rindió culto al reformismo y gremialismo, y, de otro, apareció el fundamentalismo que hizo de la violencia y del crimen su filosofía y su “política”, con el agravante que la derecha los utilizó muy bien para desprestigiar las propuestas socialistas.
Y pese a todo, cuando el capitalismo se impone sin ningún reparo, cuando el mercado es elevado a la categoría de religión, cuando el capital monopólico esquilma a los pueblos, cuando las mafias imperialistas saquean los recursos naturales de los pueblos, sobre explota a los trabajadores, agrede la soberanía, atenta contra el medio ambiente, sentimos que el Partido de  Mariátegui es una necesidad histórica, y su existencia, un imperativo.
En esa necesidad reside la posibilidad cierta de  unirnos y recuperar protagonismo, fortalecer el partido en el espíritu del Amauta. Los marxistas tenemos la imperiosa necesidad de ubicarnos en los tiempos del siglo XXI. Hay investigar y encontrar respuestas a los problemas del país y del mundo de hoy. No hacerlo es darles ventajas a los depredadores de la vida y enemigos de la humanidad. .




Notas bibliográficas:
(1)   MARIÁTEGUI, José Carlos. Carta al periodista argentino Enrique Espinoza, director de la Revista La vida literaria, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, Empresa Editora Amauta, Lima, 1960.  
(2)   MARIÁTEGUI, José Carlos, Presentación de Amauta (Setiembre de 1926), Ideología y política, Empresa Editora Amauta, Lima, 1959
(3)    MARIÁTEGUI, José Carlos, Primera conferencia (Junio de 1923), Historia de la crisis mundial, Empresa Editora Amauta, Lima, 1985. 
(4)   MARIÁTEGUI, José Carlos, Biología del fascismo (1925), La escena contemporánea, Empresa Editora Amauta, Lima,1964.
(5)   MARIÁTEGUI, José Carlos, Principio programáticos del Partido Socialista (1928), Ideología y política, Empresa Editora Amauta, Lima, 1959.
(6)   Ob. Cit.
(7)   MARTÍNEZ DE LA TORRE, Ricardo, Aportes para una interpretación marxista de la historia social del Perú, Tomo II, F.CC.SS. UNMSM. S/ME.
(8)    MARIÁTEGUI, José Carlos, Invitación a la vida heroica. Antología. Instituto de Apoyo Agrario, Lima, 1989.
(9)   MARIÁTEGUI, José Carlos, Ob. Cit.
(10) Ob. Cit.
(11) Ob. Cit.
(12) Ob. Cit.
(13) Ob. Cit.
(14) Ob. Cit.



A nuestros mártires...







Julio Yovera B.

 (A la manera de Qué extraña manera de estarse muertos, de César Vallejo, LXXV, Trilce)

Qué hermosa manera de estar vivos,
De haber vencido
en cada respiro, en cada paso,
De haberle encontrado sentido
A la existencia
Y dejar a la muerte con la muerte.

Qué hermosa manera
De haberse hecho militante de la historia.
De enfrentar el día
Caminando en pos de la esperanza.
Qué hermosa manera
De imaginar el mundo de mañana
De amarnos como hermanos
Y de sentirnos río de la misma causa.





sábado, 5 de octubre de 2013

Vargas Llosa y Zavala Cataño en cuestión

La delgada línea entre la libertad y el compromiso *
Artículo publicado en noviembre del 2010, me pareció oportuna su "actualización"

Julio Yovera B.

Al escritor y artista marxista se le pide coherencia entre su palabra y su prédica. El mismo la asume de manera consciente. A los no marxistas de origen y a los no marxistas de huída, los cuestionamos y los juzgamos. Es nuestro derecho. Sin embargo, el juicio de valor que la historia les hace, tiene en cuenta su obra y no su vida. 
Octavio Paz (1914-1998), el Nobel de literatura de 1993, ha trascendido no porque alguna vez dijera que sus no pocos años dedicados a la lucha por los ideas revolucionarios los percibía inútiles. La historia no lo recuerda ni lo concibe trascedente por su postura ideológica o política, sino por su incuestionable genialidad para hacer con sus palabras un reino de belleza.
Una pequeña muestra de lo que decimos:
“Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.”

Lo mismo aconteció con Jorge Borges (1889-1986), el magnífico cuentista argentino, autor de Ficciones, El Aleph, entre muchas obras más, quien ingresó a la inmortalidad antes de morirse y que se le negó sistemáticamente el derecho de saberse elegido del Parnaso suizo. Su obra la estimamos brillante, no porque se definiera de derecha y hasta partidario de dictaduras sanguinarias como la del  carnicero Videla, sino porque todos sus lectores de todas las altitudes, lo consideramos un exquisito matemático, que convirtió la literatura en teorema.

Nos gustaría que los artistas fueran hombres que abracen los ideales de lucha por la inmensa humanidad, pero el alma humana no es lineal. Si el espíritu del hombre, de por sí es complejo, el del artista es un laberinto creador, Y así como no pocos artistas son ajenos al drama humano y hasta reaccionarios, hay, para orgullo nuestro, muchos que se incorporan a los sueños de los desheredados de la tierra.

Uno de ellos fue Nazim Hikmet (1902-1963), el poeta comunista turco, que desde la cárcel, no dejó de cantar a su esperanza y su partido. El es un ejemplo de coherencia entre vida y obra. Los marxistas y los que no lo son tienen derecho a beber su poesía a manos llenas, pero solo los marxistas –esa es su gloria - tienen el derecho de exhibir su militancia como un emblema. Leámoslo:  

“Hermanos,
Los de Europa, los de Asia, los de América:
Yo no estoy en prisión ni en huelga de hambre.
Me he tendido en el césped, esta noche de mayo,
Y los ojos de ustedes me miran de muy cerca,
lucientes como estrellas,
En tanto que sus manos
son una sola mano estrechando la mía,
como la de mi madre,
como la de mi amada,
como la de mi vida.”
(El quinto día de una huelga de hambre)

César Vallejo (1892-1938), el escritor comunista del Perú, fue un brillante creador y un consecuente revolucionario. Desde sus años juveniles conoció el desprecio de los poderosos y sus mediocres críticos, supo de la cárcel, del destierro. Francia,  la cuna de la libertad, lo expulsó acusándolo de ser “un indeseable”, y sin embargo, no se amilanó el hombre, no se doblegó el militante. Su poesía  debe ser leída y escuchada por los  marxistas y los no marxistas. No debemos permitir que los comerciantes de la educación, como el clan Acuña Peralta, trafiquen con su nombre y lo conviertan en un poeta dulzón y provinciano. Apreciémoslo:
“¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima apesar suyo,
del verdugo apesar suyo
y del indiferente apesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaberas!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…”
(Poema XIV, España, aparta de mí este cáliz)
También existen escritores que empezaron cobijados en la derecha, y hastiados de la sociedad burguesa de su tiempo, devinieron revolucionarios. Nos viene a la mente el ejemplo de Víctor Hugo (1802-1885), que si bien no se incorporó a la Comuna (el primer esfuerzo por forjar un Estado de trabajadores) cuestionó la vocación expoliadora de la burguesía y la hipocresía del alto claro. La obra de Víctor Hugo, en particular Los Miserables, será una lectura obligada de los buenos lectores contumaces y hasta de los estudiantes responsables de la carrera de sociología.
¿Cómo valora José Carlos Mariátegui al artista? No lo hace en función de su militancia política, sino de su obra. José María Eguren es el poeta menos “social” de los poetas “puros”, y, sin embargo, el Amauta lo saludó como un poeta extraordinario, y, por eso mismo, lo difundió con pasión en su Revista Amauta.
Podemos negar la calidad literaria de Mario Vargas Llosa porque no es marxista? ¿Podemos negar la historia y juzgar políticamente la obra artística de Víctor Zavala Cataño?
No compartimos el pensamiento neoliberal de Mario Vargas Llosa, que destila odio cuando de juzgar a los marxistas e izquierdistas se trata. Su “investigación” periodística hecha sobre el recién desaparecido Néstor Kirchner (1950-2010) es un ofertorio de la mala fe al alatar de la estupidez (Semanario Hildebrandt en sus trece) 
No compartimos el pensamiento fundamentalista de Víctor Zavala Cataño, que se alineó con la llamada quinta espada, que no era en absoluto el desarrollo del marxismo, sino su negación. 
Me siento identificado con el pensamiento de Ernesto Toledo, no porque a ambos nos expulsaron de la cátedra, sino porque su juico a mi modo de ver, es correcto. 
Si el postulado: “análisis concreto de la situación concreta” no fuera solo un cliché, sino un método de análisis estaríamos premunidos para superar los mecanicismos de todas las taxonomías (incluidas las de Bloom)
Por lo demás, en un predio que no debate estos temas, hacerlo no es una provocación, sino una seria intención de  echar abajo el muro que separa política y cultura.
 


jueves, 3 de octubre de 2013

RESPETO A LA DIGNIDAD E INTELIGENCIA


César Lévano es un hombre digno. Su vida ha estado y está llena de pasión por ideales y por causas que se inspiran en la esperanza de lograr algún día un país que camine seguro en pos de horizontes elevados, donde todos los peruanos seamos dueños de nuestras propias vidas y que logremos nuestros sueños.
César Lévano es un hombre inteligente. Sus notas, sus ensayos y sus investigaciones, nos dan la dimensión de un escritor con un horizonte cultural vasto, una sensibilidad humanística y una rigurosidad en el estilo. Así pues hace mucho don César se ha convertido en un Maestro.
Debe ser por eso que la miseria espiritual lo acosó siempre. Ahora mismo, viene a mi mente la frase del Amauta José Carlos Mariátegui, en el Perú hay que ser mediocre para no ser odiado.  Encontramos explicable entonces la reacción irracional de un fascista llamado Aldo Mariátegui, que impotente para argumentar nada, arroja contra el Maestro Lévano, una parte de las miles de toneladas de lodo que caben en su pútrida alma.
Hay odios que son medallas, que la escoria le coloque uno a César Lévano, es un orgullo; que doloroso sería que la escoria lo elogiara.
Maestro César, usted goza de nuestro afecto y respeto.

Julio Yovera Ballona.
DNI N° 02677704.  

Lima, 3.10.2013.  

jueves, 26 de septiembre de 2013

Playa de Vice


Vuela el aroma de sal
A posarse en los manglares.
A su costado brilla el  pez luminoso,
Y el cielo azul se hunde
En el bosque de aguas.

La playa deja oír su sinfonía
De partitura interminable.

El corazón bracea
Y las gaviotas halan su esperanza


De nostalgias


Y si un día aquellos que me buscan
no me encuentran,
giren al mar.
Y si el mar no lo tuvieran
... al alcance de sus ojos,
les pido que lo inventen.


Ahí estaré crecido de palabras
y sueños.

martes, 24 de septiembre de 2013

La experiencia guerrillera del MIR

Elio Portocarreo y la historia que nunca se contó





Por Julio Yovera B.
Ficha del Libro:
Título: La historia que nunca contamos,
             La experiencia guerrillera del MIR de 1965.  
Autor: Elio Portocarrero Ríos.
378 páginas. 
Impreso por: Trycckt hos Författares Bokmaskin, Stockhoml 2011.
ISBN 978-91-9737-0

Ayavaca es cuna de hombres trabajadores, sencillos y cordiales; es también la tierra de personalidades notables como Hildebrando Castro Pozo, el intelectual que desde una posición socialista y con el rigor de las ciencias sociales de su tiempo, estudió las comunidades campesinas;  Juan Luis Velásquez Guerrero, autor de Perfil de Frente, amigo de Vallejo, quien asumió la pasión de la poesía y la vocación del político revolucionario; Lizardo Montero, Florentino Gálvez Torres, Ignacio Paucar, Jorge Hurtado Pozo, José Hurtado Pozo, entre otros más. También el líder fascista del Perú, Luis Alberto Flores Medina, nació en Ayavaca.
De Ayavaca es el Señor Cautivo, ese ícono de la fe que creyentes de distintas partes del mundo católico llegan a visitarlo y a agradecerle por la gracia recibida. En Octubre, ese pueblo enclavado en una de las vertientes de los andes occidentales, se convierte en la Meca del peregrinaje peruano.
Ayavaca es la sede de Yantuma, de Cerro Negro, de los montes de Olleros, de la ciudadela de Aypate, de las figuras misteriosas de los laberintos pétreos, de los páramos de Cuyas.  Ayavaca es la tierra de los bravos guayacundos que resistieron, a sangre viva, la invasión quechua. Es la sede  donde hoy se juega el destino de una parte del país sintetizada en esa dicotomía que polariza: o agricultura, turismo y medio ambiente o minería y contaminación.
Esa tierra fue, por su ubicación estratégica, una de los tres frentes guerrilleros que abrió el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, organización que planificó, impulsó y desarrolló una de las experiencias de insurrección que se dieron en el Perú de la década del 60 y que lideró el comandante Luis Felipe de la Puente Uceda.  
Hasta ahora no había un documento, una sistematización de esta experiencia. Hoy, gracias al esfuerzo de uno de sus protagonistas, Elio Portocarrero Ríos, natural de Ayavaca, tenemos un libro, que no obstante su carácter de testimonio de parte, y por eso mismo, cargado de emoción y probablemente de subjetividad, es un documento valioso que nos permite conocer uno de los capítulos heroicos de la lucha del pueblo peruano y latinoamericano en pos de su liberación.
Llegamos al libro de una manera casual,  pese a que nuestro amigo, el infatigable promotor  cultural, periodista Raúl Fernando Moscol León (RAFEMOLE), lamentablemente fallecido y por entonces Decano de la orden, en Piura, después de presentar y comentar el libro (viernes 9 de marzo de 2012), nos comunicó telefónicamente que había guardado un ejemplar para quien escribe estas líneas. Hace poco, Junior Velasco, joven universitario de la Coordinadora de Izquierda de Piura, me prestó el libro y en 3 días de intensa lectura puedo decir que su lectura nos ayudó mucho a conocer mejor esta experiencia.
Cuando se ama la tierra, por muy lejos que se esté, siempre se le añora y la distancia, paradójicamente, hace que el ausente se arraigue más a ella. Recuerdo el caso de César Vallejo. Quienes lo conocieron y acompañaron en París, refieren que siempre hablaba de su Santiago de Chuco, que lo llevaba en el alma y que en cierta ocasión, interrogado por las autoridades sobre su origen y procedencia, no aludió al Perú, sino a su tierra natal. De otro lado, me contaron no hace mucho, que Don Alejandro Pozo, ayavaquino, en los últimos años de su vida, en pleno invierno parisino, paraba un taxi y preguntaba si podían llevarlo a su casa de Ayavaca.  Hago esta digresión porque la portada del libro no exhibe una foto del mítico comandante, tampoco hay una alegoría a la epopeya, no. En la portada se exhibe la foto de Aypate, la ciudadela inca, obra magnífica construida cuando el poder quechua avanzaba hacia el norte.   Puedo afirmar que Elio ha escrito su libro en el extranjero pero arraigado a su tierra.  
En la obra, Portocarrero describe con emoción y aprecio infinitos a sus camaradas líderes como Luis de La Puente, Máximo Velando, Guillermo Lobatón, Walter Palacios, Héctor Gadea, hace referencia a compañeros como Gonzalo Fernández Gasco, Julio Rojas, Gerardo Benavides, Jorge Merino Jiménez, Raúl More, Luis Pizá, el Dr. Albán Ramos, Mario Calle, entre otros muchos más. A los históricos, a los que murieron, llegamos a tenerles profundo respeto; con los que aún viven, con una parte de ellos,  hemos cultivado una relación cordial, y, con otros, hemos sentido admiración y afecto. Hace algunos años, con Walter Palacios tuvimos en Santiago de Chuco un grato encuentro, fue con motivo de la Telúrica de Mayo, cónclave mundial que organiza Capulí, Vallejo y su Tierra, en homenaje al poeta planetario. Don Walter nos dijo algo que nos conmovió, “antes de irme, he venido a encontrarme con Vallejo y a reencontrarme con Lucho”. Y es que, en efecto, las casas de ambos son templos que se visitan para reflexionar sobre sus vidas y el destino de nuestros pueblos.
Volviendo al texto, más allá de discrepancias o de probables diferencias que el autor guarde con algunos de los personajes que refiere, lo cierto es que ahí están los que intentaron –los que se atrevieron – a “tomar el cielo por asalto” y eso ya es bastante.

Cada capítulo, diez en total, nos deja una lección, una enseñanza. Aquí no vamos a referir cada uno de ellos, lo que hacemos es comentar brevemente algunos. Hay un capítulo dedicado a la sinuosa historia del APRA, cómo fue que el partido que emergió con un neto carácter antiimperialista terminó convirtiéndose en un partido sin personalidad histórica, al extremo de traicionar a sus postulados, a su militancia, a su pueblo. Degeneración ideológica y oportunismo tienen que ver con ello.  
Vista los fenómenos sociales desde una perspectiva dialéctica, vale decir revolucionaria, la oligarquía, las clases dominantes están descalificadas para  emprender un proceso realmente liberador. En el Perú de hoy, cuando vemos que todos los gobiernos, no obstante que algunos de ellos llegan al poder con promesas de reformas, se ratifica como válido el pensamiento del Amauta José Carlos Mariátegui Lachira, en el Perú no tuvimos nunca clase dirigente, sino dominante y coincidimos con el autor del libro cuando dice que la burguesía criolla llegó tarde a la historia.
Un capítulo conmovedor es el que se refiere a la descripción física y espiritual de Luis de la Puente Uceda, el líder del movimiento guerrillero y con seguridad uno de los hitos sobresalientes de los revolucionarios del mundo, que se entregó con pasión y mística a la tarea de trocar el camino hacia la liberación de la patria, entendiendo ésta como parte de la lucha por la libertad de la humanidad. Elio Portocarrero, basándose, de un lado, en sus largos años de amistad y, segundo, tomando como fuente el texto del Dr. Sigifredo Orbegoso sobre el jefe guerrillero, tiene frases de admiración para el hombre que como pocos no ordenaba nada a sus huestes si es que él primero no lo hacía, y que, como pocos también, unió la acción a la palabra:
(Lucho) “Siempre tuvo el respeto, cariño y admiración de los que lo rodeaban…” “siempre estaba alegre y trasmitía ese estado de ánimo a todos los compañeros, pero cuando se molestaba, su rostro se ponía tenso y rojo. Por eso lo llamábamos el “colorado” cariñosamente. Siempre tuvo nuestra admiración y respeto y a la vez, merecedor de gran confianza en su persona, por parte de los que lo rodeábamos”. Podemos conocer esa elevada ética que lo hacía ser absolutamente respetuoso con los bienes del pueblo, “los recursos del pueblo son sagrados” solía decir y esto era para él un principio que nada ni nadie podía quebrantar.
Fue de La Puente quien diseñó los planes militares, partiendo de la concepción que la revolución se hace y que en sociedades como la nuestra, un camino seguro, que garantizaría el éxito de la hazaña guerrillera sería el de instaurar bases con capacidad de movimiento y con vínculos sólidos con la población. Esto, como el mismo autor reconoce, no siempre lo entendieron sus camaradas. En oportunidades se priorizó más el trabajo gremial de las masas campesinas, lo que iba en contra de los acuerdos tomados en su C.C.
El trabajo de Portocarrero también explica cómo se fue tejiendo la organización y como es que se deciden la creación de los tres escenarios estratégicos: del Norte, del Centro y del Sur. Obviamente porque su experiencia fue en la zona de Ayavaca, nos narra con más detalle las  actividades del frente del Norte. Admirable su relación, acaso porque era natural de ahí, con la población,  no solo con el campesinado sino con todos los sectores sociales, incluyendo las autoridades, que les daban refugio;  acertada también la decisión de tomar una zona de difícil acceso, que le permitiría a la guerrilla una facilidad de desplazamiento para ingresar o salir del país desde o hacia el Ecuador, y para avanzar desde la base guerrillera a la costa o sur andino o hacia la zona amazónica.
En el libro aparece de manera explícita la solidaridad que en todo momento mantuvo la revolución cubana, que fiel a su internacionalismo, apoyó las gestas que buscaban liberarse del yugo que por siglos han impuestos los imperios.
Al mismo tiempo, es desalentador los fracasos permanentes por lograr la unidad de las fuerzas de izquierda. Esto se ha convertido en un estigma difícil de superar. No se pudo en el pasado histórico lograr la unidad del pueblo para hacer frente a retos comunes. Fracasó todo intento de unidad con propuestas revolucionarias insurreccionales, como fracasaron también los intentos de unidad para hacer frente a la lucha política  electoral. En las dos formas de lucha, la unidad no se ha logrado hasta ahora.  Pese a los esfuerzos, el MIR,  el ELN, los llamados “becados”, la unidad no fue posible y esa fue una de las debilidades que aún marca a nuestro pueblo.  
El libro es autocrítico y nos deja una lección. Las organizaciones pueden estar bien preparadas, muy bien organizadas, cohesionadas ideológica, política y militarmente, pero un solo error equivale a la derrota. El libro, aun cuando no lo dice de manera explícita, deja entrever que si ben el CC era un colectivo, había una distancia enorme entre el nivel logrado por Luis de La Puente con los demás miembros de la dirección. La autoridad política, ideológica y militar del comandante era el nervio de su cohesión. Cuando cayó, ninguno de los que le sucedieron tenía la capacidad para darle salida favorable a los problemas. 
Los principales líderes fueron cayendo, otros tuvieron a adecuar su vida a las nuevas condiciones. Y, entendemos, que la duda jugó su rol. El imperialismo suele crear desconfianzas, maquinar. Eso también sucedió en el MIR, aún no está esclarecida la situación del destacado guerrillero Enrique Amaya, sobre cuya vida, la CIA ha afirmado que, con él infiltró a la organización, cosa que es refutada por Portocarrero.
En suma, el libro ayuda, nos vuelve la mirada a un pasado reciente, nos permite admirar el coraje de un núcleo de hombres que en pos de ideales dejaron familia, amores, en tanto que otros perdieron la vida. Hay en el trabajo de Portocarrero un homenaje a Basilio Chanta Granda, nombre que escuché por primera vez cuando era estudiante de la Ex Escuela Normal de Piura, cuando los compañeros dirigentes estudiantiles vinculados al MIR de entonces, lo coreaban en sus consignas, para demostrar que cuando un revolucionario muere, nunca muere. Con el libro he llegado a conocer su procedencia campesina y su pureza revolucionaria.
El libro, en el Perú, ha sido ignorado. Nadie, ni crítico ni comentarista de publicaciones ni politólogos, han dicho una palabra sobre este trabajo, que ayuda a entender mejor la experiencia guerrillera y que, por eso mismo, debe resultar incómodo abordar a aquellos que suelen calcular o graduar sus opiniones. Nosotros lo hacemos porque creemos que la palabra de un guerrillero que habla de su experiencia, es un valioso testimonio de parte; más aún, cuando las grandes metas e ideales que los llevó a la acción, aún son vigentes. Si con las reformas del general Velasco se avanzó, lo que ha venido después ha sido un permanente retroceso.  Otra gran lección: la revolución es un acto de amor, de respeto a las masas, al pueblo. Los que agreden a las masas a nombre de la revolución sencillamente están descalificados para llamarse revolucionarios. Esto lo dice, Elio Portocarrero, que junto con todos sus camaradas tuvieron el coraje de intentar hacer la revolución.