Una interpretación
histórico-cultural
Por Julio
Yovera B
Conmemoramos
el 85° aniversario de la creación del Partido, cúspide de la obra heroica de
José Carlos Mariátegui La Chira. Para quienes analizan la historia desde el
rótulo o la etiqueta, Mariátegui y sus camaradas, el 7 de octubre de 1928, firmaron
el Acta de Fundación del partido socialista, no del partido comunista. Y de ahí
no dan un paso más.
Vayamos
por partes. El Partido que fundó Mariátegui fue el resultado de un largo proceso
que se inició en 1918, cuando junto a otros peruanos formó el Comité de
Propaganda y Organización Socialista. En Europa, donde permaneció desde octubre
de 1919 hasta inicios de 1923, su simpatía se convirtió en aproximación y
adhesión. “Desde 1918- escribe-,
nauseado de política criolla, me orienté resueltamente hacia el socialismo,
rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y
bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo.”. Además, reiteró un propósito: “Tengo
una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo
peruano.”(1). Para lograrlo, se trazó objetivos de mediano y largo
aliento, asimiló la teoría del socialismo científico, utilizó el método dialéctico
para estudiar, investigar y teorizar la
realidad. Su epistemología de la ciencia tuvo la ventaja de la fusión de la
teoría y la práctica.
A
su retorno de Europa ejerció el periodismo político y cultural en las revistas
Variedades y Mundial, las primeras publicaciones modernas serias de inicios del
siglo XX. A partir de setiembre de 1926 fundó y dirigió la Revista Amauta, que llegó
a tener una enorme influencia en el mundo intelectual, académico, artístico, cultural
y laboral de esa época. Mariátegui escribe en el primer número de Amauta: “El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer
los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos.” (2) En sus páginas escribieron los más reconocidos
intelectuales de la humanidad progresista del mundo y las personalidades del
país. Nombres como el de Miguel de Unamuno, Henry Barbusse, Waldo Frank, Jorge
Luis Borges, Maiakovsky, Breton, Neruda, García Lorca, se hicieron conocidos
entre el público lector de Amauta; a la vez, intelectuales como Gamaniel Churata,
Oquendo de Amat, Alberto Hidalgo, José María Eguren, Martínez de la Torre,
Magda Portal, Martín Adán, Jorge Basadre, Luis Valcárcel, tuvieron una tribuna
desde donde difundieron sus obras.
Otro
espacio de su accionar fue la Universidad Popular Manuel González Prada, creada
a propuesta de la Federación de Estudiantes del Perú, en 1920. En ella, José
Carlos ejerció una cátedra sobre la Historia de la crisis mundial, que eran sus
reflexiones de estudios e investigaciones hechos en los países del viejo continente y que,
además, le sirvió para ampliar el ámbito de comprensión cognitiva de sus
alumnos obreros y estudiantes. En ese espacio proyectó su calidad docente, y,
no obstante, que careció de título universitario era brillante su nivel
intelectual, y sencillo, fraterno y cordial con sus alumnos. En su cátedra
señaló que a diferencia de otros países del continente, en el Perú no existían maestros
que a la vez fueran modelos para los jóvenes, Mariátegui se conviertió en un
guía de los obreros y estudiantes, además, desarrolló una propuesta que hoy la
teoría pedagógica la muestra como uno de sus más importantes avances, “el
aprender a aprender a través de una dinámica de interaprendizaje”. Mariátegui
se anticipó en ocho décadas y puso en práctica los nuevos modelos pedagógicos. En
su primera conferencia dijo:
“Nadie más que los grupos proletarios de vanguardia necesitan
estudiar la crisis mundial. Yo no tengo la pretensión de venir a esta tribuna
libre de una universidad libre a enseñarles la historia de esa crisis mundial,
sino a estudiarla yo mismo con ellos. Yo no enseño, compañeros, desde esta
tribuna, la historia de la crisis mundial; yo la estudio con vosotros. Yo no
tengo en este estudio sino el mérito modestísimo de aportar a él observaciones
personales de tres y medio años de vida europea, o sea de los tres y medio años
culminantes de la crisis, y los ecos del pensamiento europeo contemporáneo.” (3)
Fueron
siete años de propaganda, de exposición de ideas, de investigación, de
estudio, de ejercicio intelectual. De
acuerdo a su concepción, la clase obrera estaba destinada a hacer la historia, a
ella se dirigió y logró establecer una relación sólida con los más entusiastas
activistas del quehacer gremial y cultural obrero. Así pues las reuniones que se
realizaron para sentar las bases del Partido y que tuvieron lugar en La
Herradura primero, y en Barranco después, son el corolario de un proceso que
venía de atrás, que se había iniciado antes de su viaje a Europa.
Los
tiempos de Mariátegui (segunda y tercera décadas del siglo XX) fueron de
ascenso de la marea social. A nivel
internacional, el orden capitalista salía de una guerra por las disputas de las
colonias e ingresaba a una de sus peores crisis. El Amauta señaló lo siguiente:
una parte de las organizaciones y movimientos marxistas de Europa se sacudían de
las tesis reformistas y dirigían su mirada a Rusia, ahí los bolcheviques se
habían echado abajo el reino de los zares e instauraban el gobierno de los
obreros y campesinos. En el mundo capitalista los obreros se levantaban, y en
las sociedades atrasadas, las clases populares creaban movimientos anticolonialistas
y de liberación nacional. Se formaban los frentes de clases o frentes únicos, y
en ellos participaban los marxistas.
Europa
fue el escenario de la guerra entre imperios pero también fue el escenario de
deslinde entre los viejos partidos reformistas y los jóvenes partidos
revolucionarios. Los primeros eran parte de la II Internacional y los segundos
de la recién creada III Internacional. Las dos se declaraban marxistas pero era
evidente que la historia estaba del lado de los que abiertamente declaraban la guerra al viejo
orden. La reacción violenta de la burguesía no demoró, y en Italia:
“La burguesía, asustada por la violencia bolchevique, apeló a la violencia fascista.”
(4). Esto demostró que las clases dominantes no son víctimas de la lucha de
clases, como quieren aparentar, sino conscientemente partícipes y alentadoras
de ésta. En todo caso este fenómeno social es independientemente de la voluntad
de los hombres. .
En
el Perú de inicios del siglo XX, las relaciones económicas de producción predominantes
no eran ya propiamente feudales, sino capitalistas. Después de 1920, el dominio
económico de Estados Unidos sobre el Perú se consolidó en sectores
fundamentales como la industria manufacturera y textil; la minería (extracción
de cobre, plata, petróleo); los sectores de servicios: transporte ferroviario y
urbano. En todo este proceso, se dinamizan dos clases sociales: los dueños del
capital y la clase obrera, y también un sector que se incorporan a la sociedad
como empleados y una élite intelectual. Mariátegui y todos los
agitadores y propagandistas obreros, los escritores y artistas progresistas, son
producto de esta nueva realidad. Solo nos falta puntualizar que los “dueños del
capital” eran extranjeros y, por tanto, la burguesía peruana no era más que intermediaria
u operadora y administradora del capital foráneo.
A
esta sociedad, Mariátegui denominó semi feudal y semi colonial, entendiendo por
semi feudalidad no un modo de producción propio, sino la existencia de una
feudalidad supérstite (lo decimos en sus palabras) en una sociedad que se “modernizaba”,
que insertaba formas de producción capitalista pero dentro de patrones
impuestos desde el imperio (5).
Lima,
la capital del Perú, en la década del 20 no tenía más de 200 mil habitantes
(según censo de la época). Los obreros adquirirían niveles de protagonismo en movilizaciones
y luchas sociales en calles y plazas hasta entonces desconocidas en la tres
veces coronada villa de los tiempos coloniales. Se producen protestas por el
abaratamiento de las subsistencias y por las 8 horas de trabajo. En el ámbito
universitario, el grito de Córdova por la reforma llegaba también a los
claustros de la universidad peruana. Todas estas luchas son no solo
respaldadas, sino estudiadas por José Carlos. De manera que cuando se va
“becado” a Europa ya portaba una clara identificación con las tendencias que
representaban los intereses de los sectores populares y progresistas. Aunque es
cierto, en el viejo continente hizo “su mejor aprendizaje”.
El
posición socialista de Mariátegui se abrió paso en medio de confrontaciones; hubo
de deslindar, primero, con las tendencias anarquistas, muy activas y muy
hostiles contra el pensamiento del Amauta, y, posteriormente, hizo lo mismo con
las posiciones de Haya de la Torre. Los primeros eran partidarios de una
confrontación abierta, sin más estrategia que la que traza la lucha gremial, argumentaban
que la política contaminaba al obrero, y por eso éste debía ser ajeno a ella.
Mariátegui, apenas retornado de Europa trabajó por la formación ideológica y
política de los obreros. Advirtió en distintas ocasiones que los obreros
conscientes tienen la obligación de formarse para ejercer dominio de la
ideología, la ciencia y la cultura. (6)
Con Haya de la Torre la polémica fue
de otro tipo. Hasta 1927, el proyecto de Haya era una propuesta de frente único
antiimperialista y de elevado contenido nacional-continental: acción contra el imperialismo yanqui,
unidad política de la América Latina, nacionalización de tierras e industrias,
internacionalización del Canal de Panamá, y solidaridad con todos los pueblos y
clases oprimidas del mundo (7). Conforme avanzaban los hechos sociales y en un proceso
rico de estudio y asimilación de modos de pensamiento, de reflexión ideológica
y teórica, Mariátegui avanzó, y Haya de la Torre retrocedió. .
“La cuestión: el Apra: alianza o
partido, que ustedes declaran sumariamente resuelto, y que en verdad no debiera
existir siquiera, puesto que el Apra se titula alianza y se subtitula frente
único, pasa a segundo término, desde el instante en que aparece en escena el
Partido Nacionalista Peruano, que ustedes han decidido fundar en México, sin el
consenso de los elementos de vanguardia que trabajan en Lima y provincias” (8)
El tema central de discrepancia, además
del método propio de la politiquería, que utilizó Haya para “ganar correlación”,
fue centralmente el carácter de clase del Partido: o era una propuesta
revolucionaria, con un programa claro, definido y de ideología socialista o era
un partido de naturaleza pluriclasista, reformista y con una amalgama de
“doctrina”. En el primer caso se trataba de un proyecto socialista serio, en el
segundo caso era una expresión más de la política criolla. En todo ese proceso,
Mariátegui hizo lo que le corresponde a un hombre de principios: estudió la
realidad y actuó conforme a su concepción. En ese proceso avanzó con
perseverancia y convicción a la organización de los trabajadores, de los
intelectuales, y, además, elaboró teoría.
El Perú no era Europa, acá no había
nación sino nacionalidades, etnias (que entonces se llamaban razas) y por eso
polemizó con aquellos que negaban el aporte a la causa de la emancipación de
los movimientos indigenistas y por eso discrepó con la táctica de la III
Internacional, central del movimiento comunista mundial que se creó en 1920, y
con la cual Mariátegui mantuvo diferencias, pues, si bien la contradicción
fundamental del mundo contemporáneo se daba
entre capitalismo y socialismo, no se debería adoptar como estrategia
revolucionaria, en países como el nuestro, aquella que postulaba la
confrontación de clase contra clase.
Para Mariátegui, las clases sociales
interesadas en la transformación del país, en sociedades semi coloniales como
la nuestra, no se agotan en el espectro social clasista, pues, los movimientos
nativistas, indigenistas (como él les llamó) organizados en las comunidades, forman
parte de las fuerzas sociales de la revolución. Es más, Mariátegui encontró
gérmenes de un socialismo o cooperativismo agrario en los movimientos de las
comunidades indígenas. Esto no le entendió y menos lo aceptó la III
Internacional (9).
Mariátegui es un revolucionario
integral, su visión de la realidad es multidimensional. No es un socialista de lectura
folletinesca. En las obras de Marx fijó la base de su formación en los tres ámbitos
conocidos como las piedras angulares del socialismo científico: la economía
política, la teoría socialista y el método, y la concepción filosófica. A
partir de esas disciplinas, asimiló todo el conocimiento de las ciencias
sociales de su tiempo, del arte, la literatura, la cultura, la historia, pero
además se nutrió de la herencia cultural de su pueblo. Por eso es que el
marxismo de Mariátegui no hay nada que se le pueda motejar de dogmatismo.
Una vida así, choca contra los grupos
de poder del orden existente, y, por eso, las fuerzas reaccionarias, lo
hostilizaron y lo persiguieron, no solo a él sino a las tendencias que
representaban el cambio y el progreso. Entonces, deduzcamos, un proyecto
transformador, de cambio en función de las mayorías no solo no será saludado
nunca por los grupos de poder, sino que será silenciado y llegado el caso
satanizado, denigrado y atacado.
Cuando las tendencias socialistas
avanzan, en todos los países, con regímenes “democráticos” y “civilizados” o retrógrados
y oscurantistas, siempre el poder ha levantado el garrote y los ha golpeado. El
caso de Mariátegui es aleccionador, lo mismo que el caso de Haya de La Torre,
por citar solo las cabezas de las dos propuestas. Uno va a la cárcel, otro va
al destierro. Amauta es clausurada y el famoso ardid del “complot comunista” es
usado por primera vez en el país. La finalidad fue golpear y buscar ablandar a
los líderes, que por cierto, en caso de Mariátegui jamás lo consiguió.
El Amauta no cejó en su esfuerzo de fundar el
Partido. Los más comprometidos con su propuesta, estuvieron ahí, en la playa de
La Herradura, “escogidos con detenida escrupulosidad los compañeros de más
solvencia, de más responsabilidad, capaces de imprimir, desde el primer momento
una buena dirección al Partido que se trataba de fundar.” (10). Esto aconteció
el 16 de septiembre de 1928, cuatro de los asistentes eran obreros: Julio
Portocarrero, Avelino Navarro, Manuel Hinojosa, Borja; un vendedor ambulante:
Bernardo Regman, el propio Martínez de la Torre; no asistió por razones de
salud, José Carlos Mariátegui. En esta reunión se llegaron a importantes
acuerdos: 1, constituir la célula inicial del Partido, el que debía afiliarse a
la III Internacional. “y cuyo nombre sería el de Partido Socialista del Perú,
bajo la dirección de elementos conscientemente marxistas” (11)
Tres
semanas después, el 7 de Octubre de 1928, se fundaba el partido Socialista del
Perú, bajo la dirección de José Carlos Mariátegui y se aprobó por primer vez en
la historia del país, un Programa que
partiendo de la realidad, diagnosticada e investigada por el Amauta
principalmente, afirmaba propuestas, metas, objetivos; los que no dejaban la
menor duda, el Partido que se había fundado era un auténtico Partido marxista.
La
organización explicitaba el carácter de clase del Partido (solo concebible en
una organización marxista), afirmaba el carácter internacional de la economía
peruana y también el carácter del movimiento revolucionario. Mariátegui
consideró que en sociedades atrasadas como la nuestra, el movimiento obrero revolucionario
debía asumir el reto de incorporar a sus filas a las fuerzas no proletarias,
como los campesinos y sectores de la pequeña burguesía y aun de la burguesía nacional.
Advirtió con una genialidad extraordinaria lo que los marxistas de otras
latitudes también dedujeron, en sociedades como las nuestras, la revolución
será por etapas e ininterrumpida, es decir, en su primera fase será una
revolución democrática, nacional y popular, culminada ésta, la revolución deviene
en socialista.
El
Partido que fundó Mariátegui fue un Partido de clase, que deslindó con las
concepciones nacionalistas, que se resistían al socialismo por prejuicios
ideológicos y porque subestimaban el rol de la clase obrera. En el Programa se
señaló que en le etapa del imperialismo las tesis nacionalistas estaban
agotadas. Igualmente es admirable la atención que brinda a las organizaciones y
movimientos indígenas, que los marxistas tendrán que incorporar para aprovechar
al máximo sus potencialidades.
Asimismo,
incorporó al Programa el tema de la educación, lo que de por sí demuestra la
importancia que le daba a esta actividad, “solo el socialismo puede resolver el
problema de una educación efectivamente
democrática, en virtud de la cual cada miembro de la sociedad reciba toda la
instrucción a la que su capacidad le dé derecho” (12).
Todo
ello lo formuló, y de manera explícita lo dijo desde una concepción
marxista-leninista. “La praxis del socialismo marxista en este periodo es la
del marxismo leninismo” (13). Complementariamente, el Partido adhiere a su Programa una
propuesta de demandas, que debían enarbolar los trabajadores.
Han
transcurrido 85 años desde que Mariátegui fundó el Partido. La verdad, después
de su muerte ningún miembro del núcleo gestante estuvo a la altura de los retos.
Titánica tarea la de reemplazar al Amauta. Rabines lo que hizo fue negar y
tratar de opacar su legado.
Periodos
de martirologio, de desprendimiento, de deportaciones y sacrificio de sus dirigentes,
cuadros y militantes y, sin embargo, sobran los dedos de las manos para contar aquellos
líderes que sin llegar al nivel del Amauta pudieran haber estado en la
capacidad para otear el horizonte y abrir un camino propio. Nada d ello
ocurrió. El Partido devino en una secta, se perdió el sentido de protagonismo
histórico, se hizo a un lado el estudio y la investigación, se rompió el lazo
con los intelectuales y artistas. Se dejó de ver la política como “la gran
actividad creadora”, como la expresión de “ese inmenso ideal humano”, que era
como la entendía Mariátegui. (14)
A
nombre del marxismo y del proyecto de Mariátegui se dividió el Partido en
función de alineamientos y seguidismos. Desde las posiciones más burocráticas,
de un lado, se rindió culto al reformismo y gremialismo, y, de otro, apareció
el fundamentalismo que hizo de la violencia y del crimen su filosofía y su “política”,
con el agravante que la derecha los utilizó muy bien para desprestigiar las
propuestas socialistas.
Y
pese a todo, cuando el capitalismo se impone sin ningún reparo, cuando el
mercado es elevado a la categoría de religión, cuando el capital monopólico
esquilma a los pueblos, cuando las mafias imperialistas saquean los recursos
naturales de los pueblos, sobre explota a los trabajadores, agrede la
soberanía, atenta contra el medio ambiente, sentimos que el Partido de Mariátegui es una necesidad histórica, y su
existencia, un imperativo.
En
esa necesidad reside la posibilidad cierta de unirnos y recuperar protagonismo, fortalecer el
partido en el espíritu del Amauta. Los marxistas tenemos la imperiosa necesidad
de ubicarnos en los tiempos del siglo XXI. Hay investigar y encontrar
respuestas a los problemas del país y del mundo de hoy. No hacerlo es darles
ventajas a los depredadores de la vida y enemigos de la humanidad. .
Notas
bibliográficas:
(1)
MARIÁTEGUI, José
Carlos. Carta al periodista argentino Enrique Espinoza, director de la Revista
La vida literaria, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, Empresa
Editora Amauta, Lima, 1960.
(2)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Presentación de Amauta (Setiembre de 1926), Ideología y política,
Empresa Editora Amauta, Lima, 1959
(3)
MARIÁTEGUI, José Carlos, Primera conferencia (Junio
de 1923), Historia de la crisis mundial, Empresa Editora Amauta, Lima, 1985.
(4)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Biología del fascismo (1925), La escena contemporánea, Empresa Editora
Amauta, Lima,1964.
(5)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Principio programáticos del Partido Socialista (1928), Ideología y política,
Empresa Editora Amauta, Lima, 1959.
(6)
Ob. Cit.
(7)
MARTÍNEZ DE LA
TORRE, Ricardo, Aportes para una interpretación marxista de la historia social
del Perú, Tomo II, F.CC.SS. UNMSM. S/ME.
(8)
MARIÁTEGUI, José Carlos, Invitación a la vida
heroica. Antología. Instituto de Apoyo Agrario, Lima, 1989.
(9)
MARIÁTEGUI, José
Carlos, Ob. Cit.
(10)
Ob. Cit.
(11)
Ob. Cit.
(12)
Ob. Cit.
(13)
Ob. Cit.
(14)
Ob. Cit.

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