sábado, 12 de enero de 2013

EL AMOR EN CÉSAR Y GEORGETTE



Por Julio Yovera B.

En todos estos largos años de oscurantismo y ofensiva neoliberal, el poeta César Vallejo Mendoza ha sido groseramente caricaturizado por el poder dominante, que, ante la contundencia de los hechos históricos, no pudo silenciar al autor de los Heraldos Negros y de Trilce, pero, a la vez,  atacó, con saña, la obra poética, narrativa, periodística y de teatro, en la que Vallejo abiertamente afirma en su esperanza y su militancia. Con la primera alimentó su fe en el porvenir, con la segunda se incorporó a la causa de los humildes, que luchaban y luchan por un mundo mejor.  
Vallejo, Perú al pie del orbe acaba de ser puesta en escena gracias al auspicio de la Universidad Particular Ricardo Palma. Sus autores y guionistas son Aureo Sotelo y Lily Cardisch; la dirección es de Carlos Acosta; y los actores, el reconocido Reynaldo Arenas y Carla Tabra, que representan a los personajes principales de esta historia que se estrenó el 7 de enero, en el Centro Cultural Ccori Wasi, con motivo del 105 aniversario del nacimiento de la amada del poeta.
La obra es una revaloración a Georgette Phippart, a quien el Perú debe mucho. La verdad que, en materia de cultura, las clases dominantes sufren de oscurantismo crónico, y la clase social emergente es ignorantona y ridícula. No olvidemos que la universidad particular que lleva el nombre del poeta, propiedad de César Acuña,  prohíbe que en  Cátedra Vallejo se hable de la militancia comunista de Vallejo y se boicotea todo propósito para que los estudiantes conozcan la obra integral del poeta.
Georgette asumió con pasión francesa la defensa de la memoria del amado. Gracias a su esfuerzo fue posible que los restos de Vallejo reposaran para siempre en el Cementerio de Montparnasse, donde alguna le confesó, cuando ya estuvo convencido que “se moriría en París con aguacero”, que en aquel lugar deseaba descansar; y, sin apoyo alguno, logró que los restos del poeta fueran  trasladados y ahí estarán por siempre, a pesar que, como lo escribió, y está gravado sobre el mármol negro de la tumba,  “ella tuvo que nevar para que él duerma”.  
Pero hubo más, Georgette lo cuenta en su libro Allá ellos, allá ellos, allá ellos, rescató los manuscritos del poeta. Esto ocurrió porque en plena ocupación nazi de París, encargó a las autoridades diplomáticas de nuestro país la obra de Vallejo. Cuando, concluyó la segunda guerra mundial, fue a su rescate y la encontró tirada en el piso. El tiempo, la humedad y la indiferencia de las autoridades pudieron haber hecho que la obra de este hombre universal, se perdiera para siempre.  Gracias a Georgette esto no ocurrió. Y siendo ya bastante, hubo mucho más. Se vino a vivir y morir en el país de Vallejo, el mismo país cuyas autoridades lo habían ignorado como escritor, perseguido y encarcelado, acusándolo de poeta comunista y, por eso mismo, peligroso. Y ella tuvo el coraje de venir y soportar el clima hostil y agresivo de las autoridades del país del esposo querido.  
Un mérito de Capulí, Vallejo y su Tierra, la institución que lidera Danilo Sánchez Lihón, es el de haber contribuido en los ámbitos de la literatura y la cultura, a una revaloración de Georgette, porque si hay que sacudir la conciencia de los jóvenes y tejer amor con felicidad, identidad,  justicia social, pasión e integridad, ahí están César y Georgette, una pareja que unió el amor con  el compromiso por el destino de toda  la humanidad. ¡César y Georgette, qué hermoso amor! Un peruano y una francesa, unidos hasta más allá de la vida por un amor sublime y un ideal que no ha muerto felizmente, y ahí están, los dos sobreviviendo juntos, a pesar de las dificultades.
Una mención especial merece el guión de Sotelo y Cardish. El temperamento de Georgette no corresponde al de la historia. Ella, según conocemos, tenía pasión interior que desbordaba en gestos, en actitudes que no se perciben en la obra. Y, claro, la amada del poeta despertaba estados de ánimo en positivo y negativo. Para Neruda era una “francesa antipática”, lo que dijo el poeta chileno, no lo hace menos grande, no diezma al poeta que hasta el último aliento de su vida, mantuvo su consecuencia y coherencia. Para Octavio Paz, Georgette era una belleza que iluminaba las reuniones. 
Como fuere, esta obra nos devuelve a Vallejo en su integridad, en su contexto. Desde sus días en Santiago, en Trujillo, en Lima, está el nervio del tiempo y las melodías tristes y alegres que acompañan la obra. En Francia, en España, en Rusia, late, a todo ritmo, el corazón de la humanidad; y, en todo el ambiente, las notas de los parias de la tierra, que hacen puño y afirman su fe, en ese canto que es sinfonía y es redención: “¡Arriba los pobres del mundo!”
Saludo esta obra y digo con el poeta: “Yo me adhiero!”


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