Por Julio Yovera B.
En todos estos largos años de
oscurantismo y ofensiva neoliberal, el poeta César Vallejo Mendoza ha sido
groseramente caricaturizado por el poder dominante, que, ante la contundencia
de los hechos históricos, no pudo silenciar al autor de los Heraldos Negros y
de Trilce, pero, a la vez, atacó, con saña,
la obra poética, narrativa, periodística y de teatro, en la que Vallejo
abiertamente afirma en su esperanza y su militancia. Con la primera alimentó su
fe en el porvenir, con la segunda se incorporó a la causa de los humildes, que
luchaban y luchan por un mundo mejor.
Vallejo, Perú al pie del orbe acaba de ser puesta en escena gracias
al auspicio de la Universidad Particular Ricardo Palma. Sus autores y
guionistas son Aureo Sotelo y Lily Cardisch; la dirección es de Carlos Acosta; y
los actores, el reconocido Reynaldo Arenas y Carla Tabra, que representan a los
personajes principales de esta historia que se estrenó el 7 de enero, en el
Centro Cultural Ccori Wasi, con motivo del 105 aniversario del nacimiento de la
amada del poeta.
La obra es una revaloración a Georgette
Phippart, a quien el Perú debe mucho. La verdad que, en materia de cultura, las
clases dominantes sufren de oscurantismo crónico, y la clase social emergente es
ignorantona y ridícula. No olvidemos que la universidad particular que lleva el
nombre del poeta, propiedad de César Acuña, prohíbe que en
Cátedra Vallejo se hable de la militancia comunista de Vallejo y se
boicotea todo propósito para que los estudiantes conozcan la obra integral del
poeta.
Georgette asumió con pasión
francesa la defensa de la memoria del amado. Gracias a su esfuerzo fue posible
que los restos de Vallejo reposaran para siempre en el Cementerio de Montparnasse,
donde alguna le confesó, cuando ya estuvo convencido que “se moriría en París
con aguacero”, que en aquel lugar deseaba descansar; y, sin apoyo alguno, logró
que los restos del poeta fueran trasladados y ahí estarán por siempre, a pesar
que, como lo escribió, y está gravado sobre el mármol negro de la tumba, “ella tuvo que nevar para que él duerma”.
Pero hubo más, Georgette lo
cuenta en su libro Allá ellos, allá
ellos, allá ellos, rescató los manuscritos del poeta. Esto ocurrió porque
en plena ocupación nazi de París, encargó a las autoridades diplomáticas de
nuestro país la obra de Vallejo. Cuando, concluyó la segunda guerra mundial,
fue a su rescate y la encontró tirada en el piso. El tiempo, la humedad y la
indiferencia de las autoridades pudieron haber hecho que la obra de este hombre
universal, se perdiera para siempre. Gracias a Georgette esto no ocurrió. Y siendo
ya bastante, hubo mucho más. Se vino a vivir y morir en el país de Vallejo, el mismo
país cuyas autoridades lo habían ignorado como escritor, perseguido y encarcelado,
acusándolo de poeta comunista y, por eso mismo, peligroso. Y ella tuvo el
coraje de venir y soportar el clima hostil y agresivo de las autoridades del
país del esposo querido.
Un mérito de Capulí, Vallejo y su
Tierra, la institución que lidera Danilo Sánchez Lihón, es el de haber
contribuido en los ámbitos de la literatura y la cultura, a una revaloración de
Georgette, porque si hay que sacudir la conciencia de los jóvenes y tejer amor
con felicidad, identidad, justicia
social, pasión e integridad, ahí están César y Georgette, una pareja que unió el
amor con el compromiso por el destino de
toda la humanidad. ¡César y Georgette, qué
hermoso amor! Un peruano y una francesa, unidos hasta más allá de la vida por
un amor sublime y un ideal que no ha muerto felizmente, y ahí están, los dos sobreviviendo
juntos, a pesar de las dificultades.
Una mención especial merece el guión
de Sotelo y Cardish. El temperamento de Georgette no corresponde al de la
historia. Ella, según conocemos, tenía pasión interior que desbordaba en
gestos, en actitudes que no se perciben en la obra. Y, claro, la amada del
poeta despertaba estados de ánimo en positivo y negativo. Para Neruda era una
“francesa antipática”, lo que dijo el poeta chileno, no lo hace menos grande,
no diezma al poeta que hasta el último aliento de su vida, mantuvo su
consecuencia y coherencia. Para Octavio Paz, Georgette era una belleza que
iluminaba las reuniones.
Como fuere, esta obra nos
devuelve a Vallejo en su integridad, en su contexto. Desde sus días en
Santiago, en Trujillo, en Lima, está el nervio del tiempo y las melodías
tristes y alegres que acompañan la obra. En Francia, en España, en Rusia, late,
a todo ritmo, el corazón de la humanidad; y, en todo el ambiente, las notas de
los parias de la tierra, que hacen puño y afirman su fe, en ese canto que es
sinfonía y es redención: “¡Arriba los pobres del mundo!”
Saludo esta obra y digo con el
poeta: “Yo me adhiero!”

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