sábado, 30 de abril de 2016

Educación Popular VÍA CRUCIS Y RESURRECCIÓN DE LA CLASE OBRERA




Por Julio Yovera

Parte 1
A nivel mundial, pareciera una verdad de Perogrullo decirlo, el surgimiento de la clase obrera está vinculado al inicio de la industrialización, fue ésta la que le dio impulso, forma y carácter de sistema al capitalismo. Este análisis, si bien ya lo habían hecho otros estudiosos, fue Marx el primero en descubrir no solo su taxonomía, sino que, sobretodo, estudió e investigó el proceso que sigue la mercancía desde sus orígenes hasta que llega al mercado. En ese proceso analizó y descubrió las dos clases sociales naturales que surgían del seno de esa sociedad: la clase burguesa, propietaria del capital, de los medios de producción, es decir de los centros fabriles, las máquinas, el transporte, los insumos, etc; y, la  clase obrera, propietaria únicamente de su fuerza de trabajo, la que pone en venta a cambio de un salario.
En la sociedad capitalista el mercado es el espacio y el ente “ordenador” de la sociedad. Por eso es que los neoliberales dogmáticos no conciben ninguna otra entidad reguladora, ni siquiera al Estado. Esta “regulación” fue siempre en provecho del capitalista pues es éste el que impone el precio, el salario, a la mano de obra que utiliza y en general a todo lo que tenga que ver con la producción.
Como podrá advertirse, esta relación genera conflictos. En la conquista por sus derechos, los obreros han emprendido jornadas de lucha intensas. Cuando se dejó la producción artesanal y se inició la producción industrial, los obreros, de manera equivocada, culpaban a la máquina de ser la culpable de sus desplazamientos de los centros de producción, y la emprendieron contra ella. Incluso bajo la influencia de la ira, destruyeron muchas, pero como era de preverse, el proceso de producción industrial continuó. Los primeros años de capitalismo, los obreros adultos y los obreros niños, virtualmente morían atadas a la máquina.
Se inició entonces la protesta para cambiar esta situación y apareció una nueva forma de conflicto social con nuevas clases, nuevas formas de organización y de lucha. Frente a la ofensiva de los capitalistas, cuya voracidad incontrolable por riquezas está en su ADN, los trabajadores se organizaron, primero en sociedades de artesanos, después en mutuales solidarias, finalmente en gremios.
Recién con Marx y Engels los obreros encuentran una teoría que les aclara su propia vida. Por eso el éxito del Manifiesto Comunista, publicado en 1848. En él se describe la historia de la humanidad, se analiza el origen del capitalismo, se explica el surgimiento de las dos clases sociales, y se llama a los obreros a la unidad al margen de nacionalismos. El Manifiesto dejó abierto un camino para los trabajadores, ya no solo el de luchar por mejorar sus condiciones laborales, sino por sentar las bases de un nuevo orden, de una nueva sociedad. Bajo la consigna de “Proletarios, uníos”, los obreros avanzaron a la conquista de sus reivindicaciones y no pocos pasaron de la lucha gremial a la lucha por una nueva sociedad.
No ha sido fácil el camino. En la acción, los trabajadores tuvieron sus “más hondas caídas”. Miles de mártires anónimos. Ahí donde el modo de producción capitalista prevalecía y las relaciones sociales de producción se daban teniendo como fuerza creadora de la riqueza a los obreros, éstos se rebelaban y tenían que pagar su cuota de sangre para paliar su miseria y mantener con vida el árbol de su rebeldía. Así fue con los mártires de Chicago, que en 1884, protagonizaron la más grande protesta de su tiempo, demandando las 8 horas de trabajo. El resultado de esa demanda fue el insulto, la provocación, la amenaza y, finalmente, la muerte incluso por la vía “legal”.  
La sociedad obrera conocida como Los Caballeros del Trabajo, en Chicago, organizaron protestas y ante ellas los poderosos los insultaban, les llamaban holgazanes, irresponsables y de atentar contra el progreso y la civilización. Es decir, se crearon todas las condiciones para doblegar a los trabajadores, lo que en efecto, finalmente se dio, cuando de manera extraña se detonó una bomba, y el movimiento fue duramente reprimido. Los trabajadores recurrieron no a la violencia sino al esclarecimiento. Uno de los líderes obreros, Fisher, que después sería ahorcado, imprimió volantes donde llamaba a la resistencia.
 “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!” (Manifiesto de los Trabajadores de Chicago)
Los manifestantes habían sido asesinados a mansalva. Entonces, la influencia de quienes se esforzaban en explicar de manera lógica y científica las leyes que regían la existencia del capital, crece. Los obreros rebeldes eran como los cristianos de las épocas de las catacumbas: su sangre se convirtió en semilla y florecieron. Y por eso los trabajadores del mundo recuerdan a: Michael Schwab, Louis Lingg, Adolph Fischer, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe y George Engel, como unos de sus héroes universales.
Esa es una parte de la historia de la clase obrera. Después, a inicios del siglo XX, el capitalismo entra en disputa por acaparar las materias primas de los países semi coloniales y por mercados. Se producen hechos que son la parte sustantiva de la historia contemporánea: la primera guerra y la revolución de Octubre, ésta la gestaron los bolcheviques y reivindica a la clase obrera como su ente dirigente. Surgió un movimiento obrero internacional y nunca fueron tan persistentes las consignas que aludían a hacer de la clase obrera  - en coherencia con el marxismo- la vanguardia de los movimientos sociales.

Parte 2
Los obreros en el Perú se configuran como clase social con perfil propio desde los inicios de la explotación del guano y el salitre. Complementariamente, otras actividades como la minería y la construcción de las líneas ferroviarias fueron muestras de la existencia de un nuevo actor social en el país. Las experiencias de este sector confirman que los gremios obreros tuvieron el mismo ciclo de lo que ocurrió en otros lugares de América Latina y el mundo. Hay que advertir, además, que la clase obrera peruana se da dentro de una sociedad con relaciones sociales de producción feudal, es decir con un régimen de tenencia de la tierra ejercida por un señor que somete al campesino a la condición de siervo o vasallo, que en el caso del país, resulta siendo un hombre perteneciente a una cultura y una etnia ancestrales, situación que no se dio en Europa. .
A inicios del siglo XX, la clase obrera peruana se incrementó con la presencia de nuevas ramas como la industria textil, la manufactura, la extracción petrolera, etc. Se intensifica también la actividad portuaria. Cuantitativamente crece la clase obrera y con ella la presencia de una naciente y pujante cultura, que bajo la influencia del anarquismo se extendía en todo el país, como prédica y  práctica. El eje de su mensaje fue que los trabajadores de manera autónoma, sin ninguna influencia ideológica o doctrinaria, podían liberarse del yugo del capital. Bajo esos postulados emprendieron las primeras luchas demandando ejercer el derecho de organizarse por su propia iniciativa en función de sus intereses y con el propósito de lograr conquistas.
Desde un inicio del aporte de los núcleos obreros fue decisivo. Una nueva clase social tomaba las calles y emprendía una larga marcha a la conquista de sus derechos. Uno de sus demandas – a inicios del siglo XX - fue la reducción de la jornada de trabajo, la seguridad social, el derecho a la libre organización y también –una demanda que iba más allá de lo estrictamente gremial:- la lucha por el abaratamiento de las subsistencias.
Mención especial merece en esta lucha la labor magistral que realizó el maestro Manuel González Prada, que tuvo una enorme influencia entre los obreros y que llegó a publica una prensa de clara tendencia rebelde y de condena al sistema. Esa obra fue impulsada dese el periódico La Protesta. González fue un pensador que se esmeró por hacer de los obreros protagonistas o sujetos sociales conscientes y críticos. De su mensaje, dos jóvenes se decidirán a continuar su obra inconclusa: José Carlos Mariátegui La Chira y Víctor Raúl Haya de la Torre. Los dos coinciden en la necesidad de transformar el país, mas, poco a poco, conforme pasa el tiempo llegaron a tener pensamientos diferentes, En el caso particular de José Carlos, después de asumir abiertamente una posición a favor de los obreros y de abrazar el legado socialista, se dedicó –a su vuelta de Europa- a “contribuir a la creación del socialismo peruano”. La clase obrera y el movimiento social renovador y revolucionario fue un desvelo en la vida de Mariátegui. Su esfuerzo por crear conciencia de clase, por dotar a los trabajadores de una central única de clase, la CGTP, y de fundar el Partido Socialista con una clara orientación marxista, lo convierten en un hombre trascendente y de dimensión histórica. Enseñó la ciencia social que les permitió a los obreros tener la teoría, el método y los instrumentos para transformar la sociedad peruana. Enseñó el carácter y la naturaleza del imperialismo, y sustentó las contradicciones que vive la sociedad actual.
En el Perú, la clase obrera tiene sus mártires.  Así como los obreros de Chicago, acá tuvimos que se sacrificaron por su clase. El  primero, no el único, fue Florencio Aliaga, víctima de las fuerzas policiales, asesinado en 1904, en circunstancias que los trabajadores protestaban en la calle bajo la dirección de los dirigentes Manuel Caracciolo Lévano, Delfín Lévano, Fidel García. Todos ellos habían fundado la Unión e Trabajadores Panaderos del Perú, bajo la influencia de las ideas anarquistas.
Especial mención merece la lucha de los trabajadores petroleros que en 1931 desarrollaron una jornada no solo de carácter económico sino de defensa de la soberanía de nuestra patria. Esa lucha tuvo entre sus víctimas al líder obrero Alejandro Taboada. Tiempos después, nuevas y valiosas vidas fueron cegadas por el capital, tales fueron los casos de Manuel Arévalo, Luis Negreros. Ambos militantes apristas. Y de tiempo más próximo al nuestro el sacrificio de Emiliano Huamantica, obrero cusqueño, es parte de las vidas que se perdieron en el proceso de la lucha de los trabajadores contra el capital.
Los trabajadores peruanos al margen de ideologías y filiación doctrinaria, reconocen a J.C. Mariátegui como el maestro del obrero y del pueblo. Su  mensaje tuvo, desde nuestro punto de vista, dos ideas fuerza:
Una hace referencia a la necesidad de entender y asumir que un gremio no es un partido político. Los objetivos y propósitos de un gremio son más específicos y visibles. Por eso, el sindicato debe ser concebido como un frente único. Sobre el particular, Mariátegui señaló:  
“El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que lo componen. No significa la confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. El programa del frente único considera exclusivamente la realidad inmediata, fuera de toda abstracción y de toda utopía. Preconizar el frente único no es, pues, preconizar el confusionismo ideológico. Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados porla lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente. No es renunciar a la doctrina que cada uno sirve ni a la posición que cada uno ocupa en la vanguardia, la variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en esa inmensa legión humana que se llama el proletariado. La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es por el contrario la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan entenderse ante la realidad concreta del día. Que no se esterilicen bizantinamente en exconfesiones y excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes” (El 1 de Mayo y el Frente Único, Mariátegui, 1924)
El otro, alude a la necesidad de formar y elevar la conciencia de los trabajadores. Mariátegui buscó a lo largo de toda su breve y fructífera existencia que el obrero se eduque, que sea capaz de ser sujeto histórico de cambio. Cuando vuelve de Europa se esmeró por formar a la clase obrera, a los sectores sociales populares. Por eso asumió la Cátedra que se llamó Historia de la Crisis Mundial, en la Universidad Popular “Manuel González Prada” y desde ahí no solo hizo propaganda sino desarrolló cultura. Mariátegui siempre insistió que la clase obrera debía elevarse espiritualmente:
“Un proletariado sin más ideal que la reducción de las horas de trabajo y el aumento de los centa­vos del salario, no será nunca capaz de una gran empresa histórica. Y así como hay que elevar­se sobre un positivismo ventral y grosero, hay que elevarse también por encima de sentimien­tos e intereses negativos, destructores, nihilis­tas. El espíritu revolucionario es espíritu cons­tructivo. Y el proletariado, lo mismo que la burguesía, tienen sus elementos disolventes, corrosi­vos, que inconscientemente trabajan por la disolución de su propia clase”. (Mensaje al Congreso Obrero, Mariátegui, 1927)
El Amauta murió muy joven pero dejó un camino que las organizaciones sociales progresistas y de izquierda están en el deber de desentrañar y avanzar en ese horizonte. Esto no significa reeditar la experiencia y aplicar mecánicamente lo que él señaló, sino ver lo que hay en él de trascendente y de vigente.

Parte 3
En los tiempos de las reformas de Velasco y de Morales Bermúdez, los obreros se dividieron. Los que se enfrentaron al régimen dieron duras jornadas de lucha y también hubo mártires. Uno de ellos fue Pablo Inza Basilio, dirigente minero del centro del país. En ese período los dirigentes  sus activos estuvieron divididos. Unos a favor del gobierno, particularmente en el periodo de Velasco, y el otro sector, combatiéndolo y pugnando por una nueva forma de organización de clase de los trabajadores. La Confederación General de Trabajadores del Perú  (CGTP) y el Comité de Coordinación y Unificación Sindical Clasista (CCUSC) enfrentados.   
Hace un cuarto de siglo el neoliberalismo inició una serie de reformas económicas-sociales, a favor del gran capital. Favorecidos por acontecimientos mundiales y nacionales como la tercera revolución científico-técnica; la globalización, el desgobierno de García y la guerra interna, el régimen de Fujimori no solo saqueó en provecho del capital extranjero nuestros recursos naturales y las empresas estratégicas del país, sino que procedió a desestructurar las organizaciones gremiales de los trabajadores.
El neoliberalismo ha dado inicio a la tercerización, a través de las servis; lo que ha traído consigo la pérdida acelerada del poder adquisitivo de los trabajadores.. Según informes del INEI, en todo el proceso de implementación del neoliberalismo, los salarios se han contraído drásticamente. Los monopolios han ganado como en ningún otro tiempo de la historia del Perú. Según fuentes del INEI, los empresarios han ganado como nunca antes. Hoy, en los informes del empresariado mundial, aparecen los millonarios peruanos como los nuevos ricos del continente.  
No solo es el tema económico. Las empresas con la complicidad de las autoridades desarrollan una estrategia destinada a impedir la libre sindicalización de los trabajadores. No hay, a diferencia de décadas pasadas gremios que le garanticen a los trabajadores la defensa de sus derechos. Cuando se produjo el asesinato del líder obrero Pedro Huillca, no solo se atentó contra una vida sino que, el grupo Colina al servicio de la dictadura, actuaba también en salvaguarda de los intereses del gran capital, del monopolio, de la gran empresa, pues, su ofensiva violenta traía consigo el miedo y el terror de los trabajadores para que se acercaran a los gremios.
Así se entiende mejor por qué después de existir hasta la década del 90 una masa laboral que en el más del 50 % estaba agremiada, hoy no pasa la valla del 5 %. El temor lo imponen las autoridades, la política anti laboral que desarrolla la empresa, y también desde el seno de los trabajadores, que sin un mínimo de conciencia de clase se han lanzado por la vía de la lumpenería a hostilizar a los gremios.
Cuando se impuso el neoliberalismo, los voceros de la dictadura señalaron que los beneficiarios directos serían los trabajadores puesto que se dinamizaría la estructura productiva. A la luz de los hechos decimos, que no es así. Las plazas de lo que se llama el “trabajo decente” o “el trabajo formal”, con todos los beneficios que la ley estipula, no llegan al 9 %. El resto sobrevive en el sub empleo y un buen porcentaje, sin otra alternativa, está dispuesta  “a sobrevivir como sea”, incluso actuando de sicarios de poderes oscuros.
La clase obrera, a diferencia de lo que planteaban los agoreros del “fin de la historia” tiene vigencia y futuro. El capitalismo succiona con avidez la plusvalía de los trabajadores. Es verdad, ya no son los obreros de las fábricas de los siglos XIX y XX, pero los trabajadores siguen vendiendo sus conocimientos, sus capacidades, sus habilidades cognitivas y sus competencias.  

En este 1 de Mayo bien vale la pena, además de los homenajes, hacer una jornada de reflexión sobre los obreros de hoy y su destino.

sábado, 23 de abril de 2016

ABRIL Y LAS PARTIDAS EXPLÍCITAS









Por Julio Yovera.

Miguel de Cervantes Saavedra es el hombre que culmina un camino y abre otros. Su pluma como novelista tiene el mérito de haber cerrado el ciclo de las novelas de caballería que desde los inicios de la edad media narraba la vida de los caballeros andantes, que por un ideal se lanzaban por los caminos del señor en busca de aventuras. 
Con Cervantes, la novela de caballería se convierte en una simbiosis genial y sencilla. Por primera vez un caballero es acompañado de un escudero humilde; y, entre ambos, la frescura de la vida cotidiana se une a la pureza de los ideales. Esa visión práctica de la vida y esa perspectiva de grandeza histórica, se equilibran. Nunca una pareja del mismo género estuvo tan bien complementada y equilibrada.
El mes de abril, que algunos llaman el mes de las letras para hacer referencia que los hombres de pluma en ristre, la frase quedó anticuada y la reemplazamos por la de computadora insomne, se van con sus sueños a otras dimensiones. Digamos, que fueron tres los grandes que confirma esa tradición de que los escritores se van en abril.
El 23 de abril de 1616, además de Miguel de Cervantes, partieron también William Shakespeare y Garcilaso Inca de la Vega. El mensaje que nos dieron fue la  humanidad tome conciencia que si algo existe que globalice en su dimensión anímica y verbal, independientemente de sus raíces y fonemas, de su semántica y morfología, ese algo es el lenguaje.
Entre nosotros, los dos hitos del pensamiento peruano – universal, que nos dejaron en abril fueron: José Carlos Mariátegui La Chira, ensayista y político revolucionario y César Vallejo Mendoza, poeta y militante de la vida. Parafraseando al poeta Juan Gonzalo Rose diremos que se marcharon cuando aún sus vidas daban buenos frutos.  Y, pese a muerte temprana, nos dejaron abierta una ruta para investigar, explorar y transformar el Perú.
Otros geniales y fecundos creadores como Jorge Manrique,  Alejandro Carpentier, Rómulo Gallegos, Gabriela Mistral, Kahlil Gibran, Ernesto Sábato, Gabriel García Márquez, entre otros más eligieron abril para irse en paz de este mundo.   
Nada más trascedente que tener un hijo, sembrar un árbol y escribir y publicar un libro; y si más de uno, mejor. Al final, no importa que los escritores tengan que acomodar su alma y marcharse. Lo valioso es que los escritores modelan el alma, aran el pensamiento  y dejan huella. Una vez que leemos un libro ya no somos los mismos.
En nuestro caso, es recurrente la acción de don Quijote, que ve en los molinos de viento un ser monstruoso, y la emprende contra éste porque quiere acabar con las sombras del mal y por eso decide enfrentarlo. Termina maltrecho pero gozoso. Y el molino de viento ¿no es acaso el enemigo que se anuncia, no digo como modo de producción sino como sistema? El molino de viento era la forma embrionaria de la máquina.
En fin, abril es el mes de las letras. Quizá Eliot, el autor de Tierra Baldía lo sabía y por  eso su poemario, desgarrador y sublime, alude al mes de Abril como “el más cruel”. Como sabemos este opus, junto al Ulises de Joyce y Trilce de Vallejo, son los tres inmensos libros que se publicaron en el mundo en 1923.
Abril el mes más cruel por lo que nos quita.
Abril el mes más amoroso por lo que nos deja. No en vano se le denomina a .éste como Día Internacional del Libro.

















    






lunes, 18 de abril de 2016

EL FUJIMORISMO TRAMPOSO EN LA MIRA


Por Julio Yovera.

Cuando Pasteur descubrió el antibiótico, los virus que consumían los órganos de los seres humanos fueron combatidos y erradicados. Qué el fujimorismo es un virus para los peruanos no admite la menor duda. Y, sin embargo, esta enfermedad degenerativa es respaldada por millones de peruanos - no de manera abrumadoramente mayoritaria como nos pretenden hacer creer-, pero sí muy significativa.
Por lo pronto, ya sabemos que en el total de la población electoral, los que han optado por el fujimorismo son no más del 29 %. De manera que una parte de nuestra sociedad está seriamente enferma. Se requiere “tratar la enfermedad para salvar al paciente”.  
Debemos estar claros que la curación, si bien es a mediano y largo plazo, es urgente.
El fujimorismo tiene como una de sus estrategias la mentira. Joseph Goebbels el propagandista del tenebroso Hitler recomendaba a sus huestes: “miente, miente, miente, que algo queda”.  A fuerza de decir mentiras tras mentiras, éstas terminan convertidas en “verdades”.
Aprovechando bien los desaciertos del primer gobierno de García, quien dejó una crisis económica de post guerra: inflación y bancarrota; haciendo lo contario que sostuvo en la campaña, aplicó el fujischock; y, la gente de clase media y de los sectores pobres, que tenían sus ahorros, iniciaron a una etapa de sufrimiento y pobreza.
No nos venga ahora a decir la hija, que su padre sacó a los peruanos del fondo del hoyo. Se enfrentó y se venció la inflación pero a costa de la pobreza, la recesión y la ruina del aparato productivo nacional. Fujimori y Hurtado Miller fueron los verdugos que cortaron las extremidades del pueblo y lo paralizaron. Tener la idea que Fujimori fue una especie de general victoriosa de la guerra contra la inflación no tiene sentido.
¿Es verdad que el reo y su camarilla derrotaron a Sendero?, no definitivamente. Pero no pierden  ocasión para decirlo. Es común escuchar del peruano contaminado que Fujimori derrotó al terrorismo. A Sendero lo derrotaron política y militarmente las rondas campesinas, que tuvo que enfrentar a dos enemigos: los seguidores de Guzmán y los militares. El pez fuera del agua se asfixió bien pronto.
Hay que educar la ciudadanía para que conozca que cuando el llamado presidente Gonzalo cayó, el dictador oriental disfrutaba un fin de semana en el interior del país. De dónde sale aquello que derrotó el terrorismo?, de la cabeza cuadrada de sus incondicionales.
Ya es hora de esclarecer al pueblo, que con frecuencia, merced a la alienación inducida y cultivada por los grupos de poder, pierde la memoria. Y ya es tiempo de enfatizar que en esa guerra, el grupo asesino Colina desapareció, torturó y asesinó a gente inocente.
Los muertos siempre los puso el pueblo. Desde los tiempos de la penetración colonial, pasando por la lucha por nuestra independencia y en la guerra con Chile. Miles de muertos que la historia no puede registrar.
Esta vez también. El agravante es que quien falsea la verdad es una camarilla, que dado los miedos y la ignorancia del electorado; a una campaña millonaria  con dinero mal habido; a la aún débil y desarticulada izquierda; se prepara para volver para saquear el país, liberar a sus jefes, los delincuentes presos, y seguir subastando una patria en donde la frase “compatriotas” les genera repulsa. Pero a la que sonríen porque en campañas electorales los gestos valen más que los argumentos. La camarilla delincuencial lo sabe bien.





sábado, 16 de abril de 2016

Vallejo y Mariátegui, ITINERARIO DE DOS PERUANOS UNIVERSALES




Por Julio Yovera
César Vallejo y José Carlos Mariátegui se fueron en abril. Los dos aportaron a la construcción de la identidad de la nación peruana y a la aproximación de un un orden y un mundo nuevos. Con sus obras, el sector consciente del país pudo reflexionar en los ámbitos de las ideas y la cultura, como lo hizo con las crónicas de Garcilaso Inca de la Vega, primero y con las investigaciones y creaciones de José María Arguedas. Y, no obstante lo que representan para la cultura peruana y universal han sido ignorados, cuando no subestimados y satanizados por el Perú oficial, que se sigue fortalecido gracias a la ignorancia y alienación cultivada a nuestros pueblos.
Los dos tienen mucho en común: la época y el ideal que abrazaron; el ambiente donde se desenvolvieron; la vocación y trayectoria de vida; la ética que manifestaron. Como es natural sus experiencias tuvieron también sus particularidades.
La época de ambos fue la del inicio del siglo XX, que a la vez fue marcado por los sucesos del XIX. El país vivió un ambiente político, psicológico y cultural intensos, de enjuiciamientos y de tensiones post bélicas. La figura señera que analizó y cuestionó a los grupos de poder por pusilánimes y por falta de carácter para defender la soberanía nacional fue Manuel González Prada.
Los dos, Vallejo y Mariátegui, igual que ocurrió con otros jóvenes, lo convirtieron al pensador anarquista en el Maestro que les modeló su personalidad rebelde. Los dos, impactados por el lenguaje del líder terminaron asumiendo un compromiso que los llevaría a buscar una explicación científica para entender los problemas del país. Progresivamente fueron comprendiendo que el Perú no era Lima, tampoco la costa, sino los pueblos que a lo largo de la sierra y la amazonía se yerguen en medio del abandono del Estado.
Como consecuencia de sus estudios fueron asumiendo que el Perú es una sociedad cuyo modo y relaciones de producción correspondía a una semi-colonia, parte del sistema capitalista, donde el poder se impone y dominan a los pueblos. Los dos conocieron que la vida de las sociedades como la nuestra tenía como patrón de “desarrollo” la explotación de materias primas y que los obreros peruanos solo eran mano de obra del capital extranjero y que existía una burguesía “nacional” que era simple intermediaria. Hasta aquí este análisis es clásico. Sin embargo, en sociedades como la nuestra, las clases dominantes no tuvieron ni la capacidad ni la voluntad para liderar un proyecto nacional de desarrollo; y los factores pluriculturales y multiétnicos, propios de nuestros países, eran ignorados por el poder y por los sectores “cultos”. Esta realidad recién fue entendida y asumida gracias a las nuevas corrientes ideológicas, que se interesaron en estudiar en el escenario social a nuevos protagonistas, no solo al obrero en sentido clasista sino a los sectores indígenas. Vallejo y Mariátegui lo estudiaron y lo asumieron en sus actos investigativos y creadores.
Sin el concurso del marxismo como teoría y como método no lo hubieran logrado y seguramente no hubieran estado expuestos a la condición de seres vigilados, hostilizados y perseguidos.
Vallejo y Mariátegui son el resultado de un mestizaje entre las culturas del Perú y las de España. En el país, nuestras raíces civilizadoras data de aproximadamente 20 siglos, y en los dos personajes estos orígenes se manifestaron de manera intensa como herencia cultural materna.
Vallejo por el lado de la madre provenía de los chucos. Su madre, doña María de los Santos Mendoza y Gurrionero, era descendiente de esa cultura; mujer poseída de una ternura que literalmente cobijó al hijo a lo largo de toda su vida y si es posible la vida “más allá de la muerte” entonces la madre acompañó al hijo a lo largo de toda su existencia. Era una mujer hacendosa sin más sabiduría que aquella que proviene de la herencia cultural familiar.
La madre de Mariátegui fue una mujer de origen indio costeño, se llamó Amalia La Chira Ballejos. Su padre había nacido en el valle de los tallanes de Catacaos, que tuvo en la ciudadela de Ñari Huallack, el testimonio de su extraordinario dominio de la naturaleza. Prácticamente, como se dice en el argot popular doña María Amala “fue padre y madre” para los tres hijos que tuvo. Es admirable la labor que hizo esta mujer: darle una disciplina de estudio y hacerlo útil al hijo que tenía discapacidad física.
Por el lado paterno, ambos, Vallejo y Mariátegui, tenían origen español. Los abuelos paterno y materno de Vallejo fueron curas españoles. Poseían una cierta cultura, que mezclada con la fe les daban el perfil de gente conocedora y culta. El padre de Vallejo, Don Francisco de Paula Vallejo Benitez, fue hombre notable que se desempeñó como juez en lo que entonces era el distrito de Santiago de Chuco (Región de La Libertad)
El padre de Mariátegui, Francisco Javier Mariátegui Requejo provenía de la cultura vasca y era un funcionario modesto del Estado. Los Mariátegui eran descendientes de una familia que había participado en la gesta de la emancipación y de la constitución de la República. El hogar de los Mariátegui – La Chira fue disfuncional. El padre no formó parte del núcleo familiar.
La diferencia entre ambos fue la senda formativa y el área de actividad. Vallejo tuvo la oportunidad de estudiar de manera sistemática. Sus estudios secundarios los realizó en el Colegio San Nicolás de Huamachuco; y los estudios universitarios en la Universidad de Trujillo. En esta casa de estudios obtuvo el grado de bachiller en Letras con la tesis El Romanticismo en la Poesía Castellana. También estudió medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no llegó a concluir. En esa época formó parte de la llamada Bohemia de Trujillo.
Mariátegui fue autodidacta. Un lamentable accidente lo obligó a dejar los estudios y emprende, seguramente de manera inconsciente inicialmente, su autoformación. Poseedor de espíritu soñador e inquieto encontró en el apoyo de quienes estaban cerca de él: familiares y profesionales de salud, los medios para satisfacer su afán de lectura. En su acercamiento a los grandes humanistas y pensadores de su época fue ampliando su horizonte cultural. Cuando tuvo que hacer frente al duro trajinar de la sobre vivencia y al elegir el periodismo como actividad laboral, se fue haciendo lector aplicado y agudo en la Universidad de la vida.
César Vallejo se decidió por el camino de la poesía, pero como es natural tuvo que trabajar en diferentes actividades. En el lapso de sus años juveniles trabajó en las empresas mineras del Perú, que le dejó huellas en su alma y el decidido afán de trabajar por darle un giro al destino de los pobres y por qué tienen derecho a un destino mejor. También ejerció la docencia como maestro primario. De esa experiencia surgen sus poemas didácticos.
Logró publicar dos libros. “Los Heraldos Negros” (1918) y “Trilce” (1923), el libro que fue el inicio de un camino propio en la literatura peruana y que no todos entendieron. El señor Luis Alberto Sánchez, crítico literario, escribió que esta poesía le resultaba “extraña y estrambótica”. Hoy “Trilce” es considerado como uno de los tres famosos libros que se publicaron en el mundo en el año 1923, junto a “Tierra Baldía” de Eliot y “El Ulises” de Joyce. Además, publicó un libro en prosa “Fabla Salvaje”.
José Carlos Mariátegui combinó su actividad periodística con la actividad literaria y la bohemia. Formó parte del grupo Colónida que fundó Abraham Valdelomar. Pero ejerciendo el periodismo tuvo que pulsar el ritmo de los sucesos político - sociales. No solo debía atenerse a la hípica y al teatro, sino a lo que prefieren la mayoría de los lectores medios, más aún cuando en la sociedad peruana se gestaban movimientos obreros y estudiantiles. Mariátegui devino en un periodista que simpatizaba con los movimientos reivindicativos. Y desde su condición de reportero acompaña esas luchas.
A nivel internacional, dos hechos son gravitantes en sus vidas: la primera guerra mundial y la revolución proletaria rusa. 
Después, en años relativamente separados uno del otro, se van a Europa. Vallejo, en 1923 viaja a Francia y Mariátegui, en 1919, a Italia. El primero se marcha después de haber sufrido una prisión confabulada de los grupos de poder e instrumentalizada por la familia San María de su tierra natal. Mariátegui viajó aparentemente premiado por el gobierno de Leguía, que quería sacárselo de encima porque su presencia le resultaba incómoda al sistema y al régimen.
Vallejo ya no volvió más. En Europa se reafirmó en su convicción marxista. Después de su primer viaje a la ex Unión Soviética renuncia al Partido Aprista y se hace militante comunista, solicitó su afiliación al Partido que había fundado Mariátegui el 7 de octubre de 1928. En París constituyó la primera célula roja. Es expulsado de Francia y fue a España. Al poco tiempo estalló la Guerra Civil Española, y Vallejo escribe uno de los más hermosos poemas arengas de combate.
Mariátegui retornó al Perú en 1923, con un explícito ideal y propósito “contribuir a la creación del socialismo peruano”. Estudió la realidad y fruto de esa investigación fue su obra “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”. Se hizo docente de la “Universidad Popular Manuel González Prada”; dictó a Cátedra La Historia de la Crisis Mundial. Fundó la Revista de ideas “Amauta”. Desarrolló su teoría sobre el sindicalismo como frente único y con una concepción clasista, que finalmente se concretará con la fundación de la CGTP. 
Su obra histórica fue la fundación del Partido Comunista (que por razones absolutamente coyunturales) llevaría el nombre de Partido Socialista del Perú. El primer libro que publicó en vida fue “La Escena Contemporánea”.
Vallejo creó, hizo literatura en la forma de poesía, de cuento, de novela, de ensayo y de teatro. Su eje creador fue el cuestionamiento al orden establecido, su amor a los desposeídos de su patria y el mundo. Obras como “Reflexiones al pie de Kremlin” testimonian los esfuerzos de un pueblo por construir un orden nuevo. “El Arte y la Revolución” son sus reflexiones sobre la teoría del arte y la posición del escritor. “Paco Yunque” es una denuncia del maltrato que sufren los niños andinos y la solidaridad de quienes rechazan las conductas abusivas. El “Tungsteno” es una crítica a la injusticia que cometen las empresas yanquis y el aliado de éstos: la burguesía, pero es sobre todo un fuerte cuestionamiento al modelo primario exportador.
Mariátegui dejó su obra escrita dispersa. La familia con infinita devoción, en particular su esposa Anita Chiappe, le dieron forma de libros a sus brillantes artículos que a lo largo d su vida hubo escrito y publicado. Tenemos: “Ideología y Política”, donde señaló sus tesis sobre la situación y el rol de las masas indígenas; el carácter de los gremios y los postulados de la organización socialista. Sus conferencias que se agruparon bajo el título de “La Historia de la Crisis Mundial”. Sus “Temas de Educación”, “El Alma Matinal”, “El Artista y la Época”, “Cartas de Italia”, “Peruanicemos el Perú”. Todo un legado que los socialistas, pobres en dominio de teoría y cultura, debiera estudiar y conocer.
Los dos grandes marxistas Vallejo y Mariátegui, como dijimos al inicio, se fueron en Abril. El primero el 15 de 1939. El segundo el 16 de 1930.
Parafraseo a Juan Gonzalo Rose, se fueron cuando sus estaciones aún nos daban fruto.
Desaparecidos físicamente, los que nos refirmamos en el camino de ellos, tenemos el deber de estudiarlos y emprender como el Quijote la lucha para derrotar esos enormes molinos que son la indiferencia y la ignorancia.

miércoles, 6 de abril de 2016

POESÍA CLANDESTINA REUNIDA DEL COMANDANTE TOMÁS BORGE

PRESENTACIÓN DE ALBERTO MORENO ROJAS* 

Estimada Marcela,
Amigas y amigos:

Nos congrega una circunstancia especial: 88 años de vida gloriosa del Comandante Fidel Castro y un aniversario más del nacimiento de un hombre singular: revolucionario, guerrero, estadista, diplomático y poeta nacido en la tierra de Rubén Darío, el Comandante Tomás Borge. Ningún momento más oportuno para celebrar la publicación de su poesía de lucha y vida, fruto de la constancia y el cuidado de Marcela, esposa y compañera.
Expresa Marcela “que estas páginas son hijas del amor”. De ese amor universal que sólo cabe en espíritus elevados y que grafica bien Walt Whitman: “Aquel que camina una legua sin amor, camina  amortajado hacia su propio entierro”.
A Tomás Borge le tocó vivir una etapa oscura, marcada por la dictadura de Somoza con el padrinazgo de los Estados Unidos. La huella dejada por Sandino debía ser continuada. Era la luz contra la oscuridad; la dignidad contra la barbarie; la libertad contra la presencia siniestra del imperio.
Era la hora de la acción y había que actuar. Y actuó eligiendo el único camino posible en ese momento, asumiendo sus riesgos y consecuencias. Los hechos, que son lo que finalmente cuentan, les dieron la razón a él y a sus compañeros.
La Nicaragua libre, hija de Sandino, es la prueba de lo que puede hacer un pueblo que toma conciencia de sus derechos irrenunciables y que encuentra líderes a la altura de su esperanza.
Lo excepcional, en este caso, es que ese liderazgo social, político y ético entronca con los más elevados dones del espíritu y la belleza. Entonces la política y la cultura, la realidad y el sueño, la capacidad de realización y la poesía, se confunden en una sola voz, ofreciéndonos frutos maduros y distinguidos.
A lo largo de su vida Tomás Borge fue construyendo otros mundos posibles, a través del verso, inseparable de la lucha política. No por casualidad muchos de sus poemas son dedicados a personajes históricos como Martí, Bolívar, Sandino, Manuelita Sáenz, Fidel, Allende, que configuran los eslabones más altos del imaginario latinoamericano. En el dedicado a José Martí dice:

De vos amigo espero
Tu brazo de hermano
Tu rostro perfecto
Tu caballo rojo
Tu galope al viento.

También a familiares, que forman parte de su imaginario personal. Como aquellos versos dedicados a Camila, por ejemplo:

Ahí estuve
Cuando saliste redonda
Eras el universo
Más bien la certidumbre
De una abeja
De una luz para siempre.

En su poesía personajes históricos y reales llegan a entrecruzarse, a confundirse a veces: en tanto lo heroico también se halla en lo cotidiano, en el alumbramiento o en el amor.

(…) devolviéndome la capacidad de asombro
Llegó Marcela
Alta bella amada
Con su voz de violín y sus ojos de vino tinto
Con su luz inagotable.

“La política  se ennoblece, se dignifica, se eleva cuando es revolucionaria”, expresó con sabiduría nuestro Amauta. En él pensamiento y acción, sueño y realización, marcharon de la mano, dejándonos un ejemplo de vida no siempre entendido y menos practicado.
En estos tiempos donde la ferocidad del individualismo, el consumo sin  fronteras como sinónimo de realización y felicidad, o la banalidad a la que conducen el pragmatismo convertido en ideología oficial, degradan la dignidad humana: una voz como la de Tomás Borge nos retorna a la lucidez, al sentido heroico de la vida, al compromiso con los valores más elevados que ha construido la especie humana.
Profundo sentido de la solidaridad, lealtad con el pueblo y la palabra  empeñada, convicción irrenunciable, representan hoy cualidades contrapuestas con los cánones políticos hegemónicos en el mundo capitalista.
De allí la fuerza de su invitación a los revolucionarios del siglo XXI, de cuya persistencia, lealtad a sus ideales y sabiduría dependerá el destino mismo de la humanidad amenazada por la degradación ambiental, por el cinismo sin fronteras y la cosificación de la condición humana.
Son sus palabras, que merecen reflexión y honestidad con nosotros mismos:

No se puede ser revolucionario
si se cree en el fin de las ideologías
si se ama en los espejos
la imagen del propio rostro
No se puede ser revolucionario
diciendo una cosa
y practicando la línea curva
Revolucionario es quien ama la poesía.

Gracias


* Texto de Alberto Moreno, dirigente de la izquierda peruana y reconocido estudioso de la Literatura. Esta Presentación se realizó en el Congreso de la República, en agosto de 2014. Por su valor, decidimos con la aprobación del autor,
publicar este bello texto.