sábado, 16 de abril de 2016

Vallejo y Mariátegui, ITINERARIO DE DOS PERUANOS UNIVERSALES




Por Julio Yovera
César Vallejo y José Carlos Mariátegui se fueron en abril. Los dos aportaron a la construcción de la identidad de la nación peruana y a la aproximación de un un orden y un mundo nuevos. Con sus obras, el sector consciente del país pudo reflexionar en los ámbitos de las ideas y la cultura, como lo hizo con las crónicas de Garcilaso Inca de la Vega, primero y con las investigaciones y creaciones de José María Arguedas. Y, no obstante lo que representan para la cultura peruana y universal han sido ignorados, cuando no subestimados y satanizados por el Perú oficial, que se sigue fortalecido gracias a la ignorancia y alienación cultivada a nuestros pueblos.
Los dos tienen mucho en común: la época y el ideal que abrazaron; el ambiente donde se desenvolvieron; la vocación y trayectoria de vida; la ética que manifestaron. Como es natural sus experiencias tuvieron también sus particularidades.
La época de ambos fue la del inicio del siglo XX, que a la vez fue marcado por los sucesos del XIX. El país vivió un ambiente político, psicológico y cultural intensos, de enjuiciamientos y de tensiones post bélicas. La figura señera que analizó y cuestionó a los grupos de poder por pusilánimes y por falta de carácter para defender la soberanía nacional fue Manuel González Prada.
Los dos, Vallejo y Mariátegui, igual que ocurrió con otros jóvenes, lo convirtieron al pensador anarquista en el Maestro que les modeló su personalidad rebelde. Los dos, impactados por el lenguaje del líder terminaron asumiendo un compromiso que los llevaría a buscar una explicación científica para entender los problemas del país. Progresivamente fueron comprendiendo que el Perú no era Lima, tampoco la costa, sino los pueblos que a lo largo de la sierra y la amazonía se yerguen en medio del abandono del Estado.
Como consecuencia de sus estudios fueron asumiendo que el Perú es una sociedad cuyo modo y relaciones de producción correspondía a una semi-colonia, parte del sistema capitalista, donde el poder se impone y dominan a los pueblos. Los dos conocieron que la vida de las sociedades como la nuestra tenía como patrón de “desarrollo” la explotación de materias primas y que los obreros peruanos solo eran mano de obra del capital extranjero y que existía una burguesía “nacional” que era simple intermediaria. Hasta aquí este análisis es clásico. Sin embargo, en sociedades como la nuestra, las clases dominantes no tuvieron ni la capacidad ni la voluntad para liderar un proyecto nacional de desarrollo; y los factores pluriculturales y multiétnicos, propios de nuestros países, eran ignorados por el poder y por los sectores “cultos”. Esta realidad recién fue entendida y asumida gracias a las nuevas corrientes ideológicas, que se interesaron en estudiar en el escenario social a nuevos protagonistas, no solo al obrero en sentido clasista sino a los sectores indígenas. Vallejo y Mariátegui lo estudiaron y lo asumieron en sus actos investigativos y creadores.
Sin el concurso del marxismo como teoría y como método no lo hubieran logrado y seguramente no hubieran estado expuestos a la condición de seres vigilados, hostilizados y perseguidos.
Vallejo y Mariátegui son el resultado de un mestizaje entre las culturas del Perú y las de España. En el país, nuestras raíces civilizadoras data de aproximadamente 20 siglos, y en los dos personajes estos orígenes se manifestaron de manera intensa como herencia cultural materna.
Vallejo por el lado de la madre provenía de los chucos. Su madre, doña María de los Santos Mendoza y Gurrionero, era descendiente de esa cultura; mujer poseída de una ternura que literalmente cobijó al hijo a lo largo de toda su vida y si es posible la vida “más allá de la muerte” entonces la madre acompañó al hijo a lo largo de toda su existencia. Era una mujer hacendosa sin más sabiduría que aquella que proviene de la herencia cultural familiar.
La madre de Mariátegui fue una mujer de origen indio costeño, se llamó Amalia La Chira Ballejos. Su padre había nacido en el valle de los tallanes de Catacaos, que tuvo en la ciudadela de Ñari Huallack, el testimonio de su extraordinario dominio de la naturaleza. Prácticamente, como se dice en el argot popular doña María Amala “fue padre y madre” para los tres hijos que tuvo. Es admirable la labor que hizo esta mujer: darle una disciplina de estudio y hacerlo útil al hijo que tenía discapacidad física.
Por el lado paterno, ambos, Vallejo y Mariátegui, tenían origen español. Los abuelos paterno y materno de Vallejo fueron curas españoles. Poseían una cierta cultura, que mezclada con la fe les daban el perfil de gente conocedora y culta. El padre de Vallejo, Don Francisco de Paula Vallejo Benitez, fue hombre notable que se desempeñó como juez en lo que entonces era el distrito de Santiago de Chuco (Región de La Libertad)
El padre de Mariátegui, Francisco Javier Mariátegui Requejo provenía de la cultura vasca y era un funcionario modesto del Estado. Los Mariátegui eran descendientes de una familia que había participado en la gesta de la emancipación y de la constitución de la República. El hogar de los Mariátegui – La Chira fue disfuncional. El padre no formó parte del núcleo familiar.
La diferencia entre ambos fue la senda formativa y el área de actividad. Vallejo tuvo la oportunidad de estudiar de manera sistemática. Sus estudios secundarios los realizó en el Colegio San Nicolás de Huamachuco; y los estudios universitarios en la Universidad de Trujillo. En esta casa de estudios obtuvo el grado de bachiller en Letras con la tesis El Romanticismo en la Poesía Castellana. También estudió medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no llegó a concluir. En esa época formó parte de la llamada Bohemia de Trujillo.
Mariátegui fue autodidacta. Un lamentable accidente lo obligó a dejar los estudios y emprende, seguramente de manera inconsciente inicialmente, su autoformación. Poseedor de espíritu soñador e inquieto encontró en el apoyo de quienes estaban cerca de él: familiares y profesionales de salud, los medios para satisfacer su afán de lectura. En su acercamiento a los grandes humanistas y pensadores de su época fue ampliando su horizonte cultural. Cuando tuvo que hacer frente al duro trajinar de la sobre vivencia y al elegir el periodismo como actividad laboral, se fue haciendo lector aplicado y agudo en la Universidad de la vida.
César Vallejo se decidió por el camino de la poesía, pero como es natural tuvo que trabajar en diferentes actividades. En el lapso de sus años juveniles trabajó en las empresas mineras del Perú, que le dejó huellas en su alma y el decidido afán de trabajar por darle un giro al destino de los pobres y por qué tienen derecho a un destino mejor. También ejerció la docencia como maestro primario. De esa experiencia surgen sus poemas didácticos.
Logró publicar dos libros. “Los Heraldos Negros” (1918) y “Trilce” (1923), el libro que fue el inicio de un camino propio en la literatura peruana y que no todos entendieron. El señor Luis Alberto Sánchez, crítico literario, escribió que esta poesía le resultaba “extraña y estrambótica”. Hoy “Trilce” es considerado como uno de los tres famosos libros que se publicaron en el mundo en el año 1923, junto a “Tierra Baldía” de Eliot y “El Ulises” de Joyce. Además, publicó un libro en prosa “Fabla Salvaje”.
José Carlos Mariátegui combinó su actividad periodística con la actividad literaria y la bohemia. Formó parte del grupo Colónida que fundó Abraham Valdelomar. Pero ejerciendo el periodismo tuvo que pulsar el ritmo de los sucesos político - sociales. No solo debía atenerse a la hípica y al teatro, sino a lo que prefieren la mayoría de los lectores medios, más aún cuando en la sociedad peruana se gestaban movimientos obreros y estudiantiles. Mariátegui devino en un periodista que simpatizaba con los movimientos reivindicativos. Y desde su condición de reportero acompaña esas luchas.
A nivel internacional, dos hechos son gravitantes en sus vidas: la primera guerra mundial y la revolución proletaria rusa. 
Después, en años relativamente separados uno del otro, se van a Europa. Vallejo, en 1923 viaja a Francia y Mariátegui, en 1919, a Italia. El primero se marcha después de haber sufrido una prisión confabulada de los grupos de poder e instrumentalizada por la familia San María de su tierra natal. Mariátegui viajó aparentemente premiado por el gobierno de Leguía, que quería sacárselo de encima porque su presencia le resultaba incómoda al sistema y al régimen.
Vallejo ya no volvió más. En Europa se reafirmó en su convicción marxista. Después de su primer viaje a la ex Unión Soviética renuncia al Partido Aprista y se hace militante comunista, solicitó su afiliación al Partido que había fundado Mariátegui el 7 de octubre de 1928. En París constituyó la primera célula roja. Es expulsado de Francia y fue a España. Al poco tiempo estalló la Guerra Civil Española, y Vallejo escribe uno de los más hermosos poemas arengas de combate.
Mariátegui retornó al Perú en 1923, con un explícito ideal y propósito “contribuir a la creación del socialismo peruano”. Estudió la realidad y fruto de esa investigación fue su obra “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”. Se hizo docente de la “Universidad Popular Manuel González Prada”; dictó a Cátedra La Historia de la Crisis Mundial. Fundó la Revista de ideas “Amauta”. Desarrolló su teoría sobre el sindicalismo como frente único y con una concepción clasista, que finalmente se concretará con la fundación de la CGTP. 
Su obra histórica fue la fundación del Partido Comunista (que por razones absolutamente coyunturales) llevaría el nombre de Partido Socialista del Perú. El primer libro que publicó en vida fue “La Escena Contemporánea”.
Vallejo creó, hizo literatura en la forma de poesía, de cuento, de novela, de ensayo y de teatro. Su eje creador fue el cuestionamiento al orden establecido, su amor a los desposeídos de su patria y el mundo. Obras como “Reflexiones al pie de Kremlin” testimonian los esfuerzos de un pueblo por construir un orden nuevo. “El Arte y la Revolución” son sus reflexiones sobre la teoría del arte y la posición del escritor. “Paco Yunque” es una denuncia del maltrato que sufren los niños andinos y la solidaridad de quienes rechazan las conductas abusivas. El “Tungsteno” es una crítica a la injusticia que cometen las empresas yanquis y el aliado de éstos: la burguesía, pero es sobre todo un fuerte cuestionamiento al modelo primario exportador.
Mariátegui dejó su obra escrita dispersa. La familia con infinita devoción, en particular su esposa Anita Chiappe, le dieron forma de libros a sus brillantes artículos que a lo largo d su vida hubo escrito y publicado. Tenemos: “Ideología y Política”, donde señaló sus tesis sobre la situación y el rol de las masas indígenas; el carácter de los gremios y los postulados de la organización socialista. Sus conferencias que se agruparon bajo el título de “La Historia de la Crisis Mundial”. Sus “Temas de Educación”, “El Alma Matinal”, “El Artista y la Época”, “Cartas de Italia”, “Peruanicemos el Perú”. Todo un legado que los socialistas, pobres en dominio de teoría y cultura, debiera estudiar y conocer.
Los dos grandes marxistas Vallejo y Mariátegui, como dijimos al inicio, se fueron en Abril. El primero el 15 de 1939. El segundo el 16 de 1930.
Parafraseo a Juan Gonzalo Rose, se fueron cuando sus estaciones aún nos daban fruto.
Desaparecidos físicamente, los que nos refirmamos en el camino de ellos, tenemos el deber de estudiarlos y emprender como el Quijote la lucha para derrotar esos enormes molinos que son la indiferencia y la ignorancia.

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