Por Julio Yovera.
Miguel de Cervantes Saavedra
es el hombre que culmina un camino y abre otros. Su pluma como novelista tiene
el mérito de haber cerrado el ciclo de las novelas de caballería que desde los inicios
de la edad media narraba la vida de los caballeros andantes, que por un ideal
se lanzaban por los caminos del señor en busca de aventuras.
Con Cervantes, la novela de
caballería se convierte en una simbiosis genial y sencilla. Por primera vez un
caballero es acompañado de un escudero humilde; y, entre ambos, la frescura de
la vida cotidiana se une a la pureza de los ideales. Esa visión práctica de la
vida y esa perspectiva de grandeza histórica, se equilibran. Nunca una pareja
del mismo género estuvo tan bien complementada y equilibrada.
El mes de abril, que algunos
llaman el mes de las letras para hacer referencia que los hombres de pluma en
ristre, la frase quedó anticuada y la reemplazamos por la de computadora
insomne, se van con sus sueños a otras dimensiones. Digamos, que fueron tres
los grandes que confirma esa tradición de que los escritores se van en abril.
El 23 de abril de 1616,
además de Miguel de Cervantes, partieron también William Shakespeare y Garcilaso
Inca de la Vega. El mensaje que nos dieron fue la humanidad tome conciencia que si algo existe que
globalice en su dimensión anímica y verbal, independientemente de sus raíces y
fonemas, de su semántica y morfología, ese algo es el lenguaje.
Entre nosotros, los dos
hitos del pensamiento peruano – universal, que nos dejaron en abril fueron: José
Carlos Mariátegui La Chira, ensayista y político revolucionario y César Vallejo
Mendoza, poeta y militante de la vida. Parafraseando al poeta Juan Gonzalo Rose
diremos que se marcharon cuando aún sus vidas daban buenos frutos. Y, pese a muerte temprana, nos dejaron abierta
una ruta para investigar, explorar y transformar el Perú.
Otros geniales y fecundos
creadores como Jorge Manrique, Alejandro
Carpentier, Rómulo Gallegos, Gabriela Mistral, Kahlil Gibran, Ernesto Sábato,
Gabriel García Márquez, entre otros más eligieron abril para irse en paz de
este mundo.
Nada más trascedente que
tener un hijo, sembrar un árbol y escribir y publicar un libro; y si más de
uno, mejor. Al final, no importa que los escritores tengan que acomodar su alma
y marcharse. Lo valioso es que los escritores modelan el alma, aran el
pensamiento y dejan huella. Una vez que
leemos un libro ya no somos los mismos.
En nuestro caso, es
recurrente la acción de don Quijote, que ve en los molinos de viento un ser
monstruoso, y la emprende contra éste porque quiere acabar con las sombras del
mal y por eso decide enfrentarlo. Termina maltrecho pero gozoso. Y el molino de
viento ¿no es acaso el enemigo que se anuncia, no digo como modo de producción
sino como sistema? El molino de viento era la forma embrionaria de la máquina.
En fin, abril es el mes de las
letras. Quizá Eliot, el autor de Tierra Baldía lo sabía y por eso su poemario, desgarrador y sublime, alude
al mes de Abril como “el más cruel”. Como sabemos este opus, junto al Ulises de
Joyce y Trilce de Vallejo, son los tres inmensos libros que se publicaron en el
mundo en 1923.
Abril el mes más cruel por
lo que nos quita.
Abril el mes más amoroso por
lo que nos deja. No en vano se le denomina a .éste como Día
Internacional del Libro.



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