viernes, 21 de octubre de 2016

Bob Dylan, una voz y una guitarra como Nobel de Literatura




Escribe: Julio Yovera.

Decir que los poetas son juglares es afirmar algo que no deja dudas. La tradición tiene mucho de mito y aunque a veces éste se sostiene sobre la ficción, la fuerza de la creencia construye su propia verdad histórica. 
Para el caso, vale referir lo siguiente: no se sabe si Homero fue un hombre de carne y hueso; sin embargo, en la retina del pueblo griego quedó la imagen de un trovador que iba de pueblo en pueblo recitando pasajes y episodios de La Ilíada y La Odisea. 
La leyenda dice que la gente lo escuchaba con el corazón estrujado y los ojos derramando lágrimas. Así, el primer cantor que se consagró como cronista fue un heraldo del verso y la metáfora.   
La Academia Sueca no está cometiendo ningún exabrupto cuando le otorga el premio de Literatura  a Bob Dylan, a quien, debo admitirlo, mis oídos jamás repararon, ni en su voz ni en lo que decían sus letras; acaso porque en materia de idiomas estoy perfectamente condicionado para no entender nada, pero, además,  porque mis gustos por el rock se quedaron con Los Beatles, cuyas canciones coincidieron con los años de una juventud contestataria y revolucionaria.  
Los que somos hinchas de la literatura, como otros lo son del fútbol, esperamos este acontecimiento. En estos predios del señor es posible que, entre los que están en lista de espera y los que salen ganadores, haya gente de izquierda. Algunos de ellos tuvieran el cartel de comunistas confesos y convictos. Lamentablemente, entre muchos buenos escritores comunistas, el premio lo vieron como un cometa celeste: pasó lejos de quienes de manera legítima se lo merecían. La desgracia es mayor pues los activistas comunistas de tiempos ha y los de ahora son los que menos leen literatura.   
El año de 1922, tres fueron los grandes libros que se publicaron en el planeta: Tierra Baldía, de Eliot; El Ulises, de Joyce; y, Trilce, de Vallejo. La Academia Sueca no se dio por enterada. Eliot se hizo del Nobel en 1948, cuando Vallejo tenía ya 10 años de muerto. Solo con su Trilce, tenía más méritos que todos los famosos, y merecía el Nobel. Nunca lo obtuvo. Y, pese a que se comió literalmente su hambre, se mantuvo íntegro. Sus poemas serán pan del alma mientras la humanidad viva.
Nazim Hikmet, el poeta turco, en un extraordinario poema confesaba a su hija que lo dejaba al cuidado del Partido, que cuando papá no esté, no se olvidara de seguir construyendo la primavera. Nunca tuvo el Nobel, y tampoco lo obtuvo Vladimir Myakosvski y tampoco el extraordinario Federico García Lorca.
En tiempos más recientes, si de escritores sin camiseta ideológica y política se trata, el gran Jorge Borges no obtuvo el Nobel. El hombre se murió, acaso esperando en la luminosidad de su ceguera, un premio que nunca llegó. 
Sartre en 1964 fue nominado a recibir el Nobel, pero tuvo la grandeza de rechazarlo. Los inicios de esa década fueron de oleadas sociales anti sistemas  y él ahí en medio de la tormenta con su pasión al tope.   
Por esos años, los chinos emprendían su revolución cultural; los guerrilleros cubanos tomaron el monte dispuestos a “incendiar la pradera”; Ho Chi Minh dirigía sus huestes contra los invasores yanquis.
En el Perú, Luis de la Puente abría sus tres frentes guerrilleros y lo mismo hacían Béjar, Heraud, Elías, Tello y algunos más. 

El rechazo de Sartre al Nobel fue una muestra de ética y de desprendimiento. Alguna vez, dijo de Luis de la Puente: “Tienen ustedes razón de creer en Luis de la Puente Uceda, porque ese tipo de hombres suelen cambiar la historia". Sartre creía en la revolución, no en los premios.
En nuestro continente, el premio ha sido otorgado a escritores afines a la izquierda: Pablo Neruda, García Márquez, Miguel Ángel Asturias, Saramago, son universales no por el Nobel en sí sino porque sus obras son joyas creadas para hacer más humana a la especie. 
Más allá de los juicios ideológicos, las obras de Octavio Paz y de Mario Vargas Llosa, tienen asegurado un lugar entre los que sobrevivirán por sus obras.
¿Bob es un buen poeta? Supongo que debe serlo. Nicanor Parra lo ha reconocido y si lo ha hecho él, no hay motivo para no creerle.
Un Nobel para el cantor no me parece mal. La Academia a veces nos da gusto y a veces no. No nos gusta Bob Dylan. “Un poco de calma, camaradas”, nos pedía Vallejo.  
¿Y si el premio lo hubiera recibido el poeta y cantante Vinicius de Moraes, pensaríamos lo mismo? De esa Antología Sustancial, que me llegó por los caminos de los sueños, leo esto:
“Y tiene intimidad con el silencio
Para el que oye la música nocturna”.
Definitivamente: los grandes poetas no siempre recibieron la gracia de los ángeles.





viernes, 7 de octubre de 2016

MARIÁTEGUI, EL PARTIDO Y EL PROBLEMA INDÍGENA



Por Julio Yovera
Casi siempre en los 7 de octubre de todos los años, los que nos consideramos adheridos al pensamiento y obra de José Carlos Mariátegui La Chira, conmemoramos el Aniversario del Partido, su significado histórico, de lo hecho y de lo que aún está pendiente, que es lo más importante. A pesar de los augurios de gente intelectual y política de la derecha, que viven extendiéndonos partida de defunción, lo  cierto es que este proyecto aún agónico, lucha por cumplir con la tarea histórica que el país le demanda.   
En la obra poética de Antonio Machado, hay unos versos que además de tener valor estético, tienen también valor filosófico, ético y lógico. Dice el poeta:
 “La verdad es lo que es
Y sigue siendo verdad,
Aunque se piense al revés”.
La verdad tiene su esencia y sus formas.  Cuando José Carlos Mariátegui fundó el Partido, lo hizo con el nombre de Socialista. Fue Eudocio Ravines, después de la muerte de Mariátegui, que le dio a la organización el nombre de Partido Comunista. Quizás ese sea su “legado”.
Pero que Mariátegui fundara un Partido con el nombre de Socialista, no significa que abjurara de su condición de intelectual marxista – leninista. En su concepción, el Partido debía ser no solo un instrumento de acción de la clase, sino también instrumento de análisis e investigación de los intelectuales de la clase para la clase y para la nación. Fue esto lo que le dio vigencia y sentido de creación heroica a su obra.
El carácter lineal, o plano, del análisis de las clases sociales, no se posesionó del pensamiento marxista en el Perú gracias a Mariátegui, fue él quien señaló, que en una sociedad como la nuestra, además del fenómeno de las clases sociales existían también las etnias (que él, en el marco de su tiempo llamó razas) y que eran parte de los problemas del país.
En el Perú no solo existía un tema de clases y de lucha de clases, sino de comunidades indígenas, marginadas y despojadas de sus derechos vitales y ciudadanos. Ningún Partido que se considere serio, puede hacer de lado esta realidad. El Amauta plantea que el problema del indio, antes que ético, moral o educativo, es social y es económico.
Su visión programática señaló como propuesta la reivindicación del indio y que para llegar a ésta, la meta era la liquidación de la feudalidad, que por entonces era un modo de producción, que corría a la zaga del modo de producción capitalista.
A este capitalismo que se daba en una sociedad dominaba por el imperio británico primero y norteamericano después, Mariátegui calificó como semi- colonialismo. Y a ese feudalismo aplastado ya a la dinámica del capital Mariátegui llamó semi-feudalismo.
De esta apreciación coherente con el marxismo creador y con las ciencias sociales, el fundador del Partido extrae sus tesis. No en vano el Problema del Indio y el Problema de la Tierra son medulares en sus 7 Ensayos, que expusieron como tesis, los cc. Pesce y Portocarrero en la Reunión Sindical Latinoamericana y en la Reunión de los Partidos adheridos a la III Internacional, ambos encuentros se llevaron a cabo en  Montevideo y Buenos Aires.  
En esas reuniones las tesis de nuestro Amauta fueron desestimadas. Y es probable que eso empeorara el ya complejo estado de su salud. Al año siguiente, nuestro Amauta moría. Y sus tesis serían olvidadas.
A la dirección del Partido llegó un traficante: Eudocio Ravines y las tesis que impuso fueran las que proponía la Internacional, que, podían seguramente ser  útiles y válidas para otros contextos pero no para una sociedad como la nuestra.
La clase obrera –en la teoría marxista- es clase dirigente. Esta clase, en países como el Perú, tiene que saber buscar a sus aliados naturales. Este es uno de los más grandes retos que tienen los comunistas en el Perú. Si solo reducen su accionar y proyección al ámbito de lo estrictamente clasista el fracaso está anunciado.
De otro lado, debe entenderse que el indio en el Perú de hoy se ha convertido en un mestizo. Y en un mestizo acriollado. Pero solo es una parte. La otra, son las poblaciones nativas luchan por la defensa a la vida.
Una reflexión final. El periodo de Mariátegui como secretario del Partido duró menos de dos años y dejó un camino, que hay que retomar para avanzar.
El periodo del traficante y agente del imperio va desde 1930 hasta 1944. Está fuera de  toda duda que sus vicios marcaron al partido y que es posible que sus prácticas aún sobrevivan.
Hay una herencia social en los pueblos y las personas, que marcan sin que nos demos cuenta.
Retomar a Mariátegui significa o demanda retomarlo en la esencia de su pensamiento, en su actitud frente a la vida, y no solo en lo que dijo, y que solemos repetir mecánica y formalmente.
Seguir a Mariátegui es estudiar, investigar, hacer. Siempre –como él lo señaló- teniendo como ideal “un elevado ideal”.

  
   


  

lunes, 3 de octubre de 2016

COLOMBIA: LA PAZ PERDIÓ, GANÓ EL IMPERIO





Por Julio Yovera.

Ganó el NO y la derecha colombiana, igual que el fujimorismo, quiere hacer creer que es el triunfo de las mayorías pero, cuando se analizan ya no solo las cifras sino las tendencias y las perspectivas, el SÍ sigue siendo un objetivo a lograr, un propósito a alcanzar. Será difícil pero es enteramente posible.  
El NO conduce a la continuación del estado de guerra, a la violación de los derechos, a la impunidad de los sectores fascistas, al fundamentalismo militarista, a la carrera armamentista, que se traga una buena parte del presupuesto colombiano, a la política de cupos y captura de rehenes, de parte de la guerrilla, que desde hace 52 años mantiene una presencia activa en la sociedad y el territorio de la patria de Gabriel García Márquez, que en muchas de sus obras nos narra episodios densos e inacabables de las guerras de su país.  
Llama la atención el enorme porcentaje de ausencia ciudadana a la cita electoral. Solo el 37.28 % fue a votar. El 62. 72 % no lo hizo. ¿No se siente involucrada esta población en temas trascendentes para la vida de su país?
El neoliberalismo – ya lo sabemos - ha inculcado el virus de la estupidez al género humano y ha exacerbado el individualismo; pero esto solo es una parte del problema. Hay algo mucho más complicado.
Recordemos que en la estrategia del imperio yanqui, que hayan tensiones y conflictos conviene a sus intereses: a países como Colombia los moteja de inviables; luego, los domina, política y militarmente; y, finalmente, los ocupa.  
Con un enfoque así precisamos, que el señor Uribe no es un genio del mal. Esa no es la visión que tienen de él los sectores pensantes –minúsculos pero felizmente existente- . Al contrario, su imagen es la de un hombre limitado, torpe, pero presto –como todo lacayo- a ser un “operador del mal”. Nada más.
Lo demás, lo hacen los medios al servicio del poder. Continuar la guerra significa que la industria bélica tiene asegurado su mercado cautivo. Según el Banco Mundial en 1988 el porcentaje del PBI de Colombia, asignado a la adquisición de material bélico era de 2.2%. En el 2015 llegó al 3.4 %.
“Colombia incrementa su presupuesto en defensa para el 2016, pero reduce el capítulo de inversiones”. Así, el presupuesto para compra de armas se incrementó este año en el 6 % con respecto al año pasado. Mientras que los gastos de inversión para obras y desarrollo decrecieron casi a la mitad. (www. Infodefensa.com/latam.)
Por eso decimos: el hecho de que el 50.4 % del NO se imponga al 49. 75 % del SI, aun cuando el margen sea estrecho, supone que la guerra interna continuará. Y esto beneficia a la industria de la guerra.
Se ha impuesto el interés del poder trasnacional. Se ha exacerbado el desprecio a todo lo que signifique reconciliación nacional. Y, también hay que decirlo, la autocrítica de los comandantes de las FARC se hace un poco tarde. De eso se han aprovechado muy bien los sectores duros y montanos.
Lo cierto es que los señores de la guerra, que buscan que Colombia siga sumida en el tornado de la violencia, han logrado una victoria.. Por ese camino, las posibilidades de una sociedad próspera se hacen inalcanzables por ahora.
Se apostó por la vida y ganó el odio, el crimen y la muerte. La paz, que esta vez estuvo al alcance de las manos de la nación colombiana, se aleja y los áulicos propagandistas, que la sabotearon desde un comienzo, en sus fueros más íntimos, se alegran.
Es lamentable. Colombia ha ingresado a un abismo y parece que la comunidad latinoamericana no lo ha advertido del todo. En todo caso, más temprano que tarde, como decía el poeta César Vallejo, a propósito de la guerra civil española: “solo la muerte morirá”.
Que así sea…