Por Julio Yovera
Casi siempre en los 7 de
octubre de todos los años, los que nos consideramos adheridos al pensamiento y
obra de José Carlos Mariátegui La Chira, conmemoramos el Aniversario del
Partido, su significado histórico, de lo hecho y de lo que aún está pendiente,
que es lo más importante. A pesar de los augurios de gente intelectual y
política de la derecha, que viven extendiéndonos partida de defunción, lo cierto es que este proyecto aún agónico,
lucha por cumplir con la tarea histórica que el país le demanda.
En la obra poética de
Antonio Machado, hay unos versos que además de tener valor estético, tienen
también valor filosófico, ético y lógico. Dice el poeta:
“La verdad es lo que es
Y
sigue siendo verdad,
Aunque
se piense al revés”.
La verdad tiene su esencia y
sus formas. Cuando José Carlos
Mariátegui fundó el Partido, lo hizo con el nombre de Socialista. Fue Eudocio Ravines,
después de la muerte de Mariátegui, que le dio a la organización el nombre de
Partido Comunista. Quizás ese sea su “legado”.
Pero que Mariátegui fundara
un Partido con el nombre de Socialista, no significa que abjurara de su
condición de intelectual marxista – leninista. En su concepción, el Partido
debía ser no solo un instrumento de acción de la clase, sino también
instrumento de análisis e investigación de los intelectuales de la clase para
la clase y para la nación. Fue esto lo que le dio vigencia y sentido de
creación heroica a su obra.
El carácter lineal, o plano,
del análisis de las clases sociales, no se posesionó del pensamiento marxista
en el Perú gracias a Mariátegui, fue él quien señaló, que en una sociedad como
la nuestra, además del fenómeno de las clases sociales existían también las etnias
(que él, en el marco de su tiempo llamó razas) y que eran parte de los problemas
del país.
En el Perú no solo existía
un tema de clases y de lucha de clases, sino de comunidades indígenas, marginadas
y despojadas de sus derechos vitales y ciudadanos. Ningún Partido que se
considere serio, puede hacer de lado esta realidad. El Amauta plantea que el
problema del indio, antes que ético, moral o educativo, es social y es económico.
Su visión programática señaló
como propuesta la reivindicación del indio y que para llegar a ésta, la meta
era la liquidación de la feudalidad, que por entonces era un modo de producción,
que corría a la zaga del modo de producción capitalista.
A este capitalismo que se
daba en una sociedad dominaba por el imperio británico primero y norteamericano
después, Mariátegui calificó como semi- colonialismo. Y a ese feudalismo
aplastado ya a la dinámica del capital Mariátegui llamó semi-feudalismo.
De esta apreciación
coherente con el marxismo creador y con las ciencias sociales, el fundador del
Partido extrae sus tesis. No en vano el Problema del Indio y el Problema de la
Tierra son medulares en sus 7 Ensayos, que expusieron como tesis, los cc. Pesce
y Portocarrero en la Reunión Sindical Latinoamericana y en la Reunión de los
Partidos adheridos a la III Internacional, ambos encuentros se llevaron a cabo
en Montevideo y Buenos Aires.
En esas reuniones las tesis
de nuestro Amauta fueron desestimadas. Y es probable que eso empeorara el ya
complejo estado de su salud. Al año siguiente, nuestro Amauta moría. Y sus
tesis serían olvidadas.
A la dirección del Partido llegó
un traficante: Eudocio Ravines y las tesis que impuso fueran las que proponía
la Internacional, que, podían seguramente ser útiles y válidas para otros contextos pero no
para una sociedad como la nuestra.
La clase obrera –en la
teoría marxista- es clase dirigente. Esta clase, en países como el Perú, tiene
que saber buscar a sus aliados naturales. Este es uno de los más grandes retos
que tienen los comunistas en el Perú. Si solo reducen su accionar y proyección
al ámbito de lo estrictamente clasista el fracaso está anunciado.
De otro lado, debe
entenderse que el indio en el Perú de hoy se ha convertido en un mestizo. Y en
un mestizo acriollado. Pero solo es una parte. La otra, son las poblaciones
nativas luchan por la defensa a la vida.
Una reflexión final. El
periodo de Mariátegui como secretario del Partido duró menos de dos años y dejó
un camino, que hay que retomar para avanzar.
El periodo del traficante y
agente del imperio va desde 1930 hasta 1944. Está fuera de toda duda que sus vicios marcaron al partido
y que es posible que sus prácticas aún sobrevivan.
Hay una herencia social en
los pueblos y las personas, que marcan sin que nos demos cuenta.
Retomar a Mariátegui significa
o demanda retomarlo en la esencia de su pensamiento, en su actitud frente a la
vida, y no solo en lo que dijo, y que solemos repetir mecánica y formalmente.
Seguir a Mariátegui es
estudiar, investigar, hacer. Siempre –como él lo señaló- teniendo como ideal “un
elevado ideal”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario