Por Julio Yovera.
Ganó el NO y la derecha
colombiana, igual que el fujimorismo, quiere hacer creer que es el triunfo de
las mayorías pero, cuando se analizan ya no solo las cifras sino las tendencias
y las perspectivas, el SÍ sigue siendo un objetivo a lograr, un propósito a
alcanzar. Será difícil pero es enteramente posible.
El NO conduce a la
continuación del estado de guerra, a la violación de los derechos, a la
impunidad de los sectores fascistas, al fundamentalismo militarista, a la
carrera armamentista, que se traga una buena parte del presupuesto colombiano,
a la política de cupos y captura de rehenes, de parte de la guerrilla, que
desde hace 52 años mantiene una presencia activa en la sociedad y el territorio
de la patria de Gabriel García Márquez, que en muchas de sus obras nos narra
episodios densos e inacabables de las guerras de su país.
Llama la atención el enorme
porcentaje de ausencia ciudadana a la cita electoral. Solo el 37.28 % fue a votar.
El 62. 72 % no lo hizo. ¿No se siente involucrada esta población en temas
trascendentes para la vida de su país?
El neoliberalismo – ya lo
sabemos - ha inculcado el virus de la estupidez al género humano y ha exacerbado
el individualismo; pero esto solo es una parte del problema. Hay algo mucho más
complicado.
Recordemos que en la
estrategia del imperio yanqui, que hayan tensiones y conflictos conviene a sus
intereses: a países como Colombia los moteja de inviables; luego, los domina,
política y militarmente; y, finalmente, los ocupa.
Con un enfoque así
precisamos, que el señor Uribe no es un genio del mal. Esa no es la visión que tienen
de él los sectores pensantes –minúsculos pero felizmente existente- . Al
contrario, su imagen es la de un hombre limitado, torpe, pero presto –como todo
lacayo- a ser un “operador del mal”. Nada más.
Lo demás, lo hacen los
medios al servicio del poder. Continuar la guerra significa que la industria
bélica tiene asegurado su mercado cautivo. Según el Banco Mundial en 1988 el
porcentaje del PBI de Colombia, asignado a la adquisición de material bélico
era de 2.2%. En el 2015 llegó al 3.4 %.
“Colombia incrementa su
presupuesto en defensa para el 2016, pero reduce el capítulo de inversiones”.
Así, el presupuesto para compra de armas se incrementó este año en el 6 % con
respecto al año pasado. Mientras que los gastos de inversión para obras y
desarrollo decrecieron casi a la mitad. (www. Infodefensa.com/latam.)
Por eso decimos: el hecho de
que el 50.4 % del NO se imponga al 49. 75 % del SI, aun cuando el margen sea
estrecho, supone que la guerra interna continuará. Y esto beneficia a la
industria de la guerra.
Se ha impuesto el interés
del poder trasnacional. Se ha exacerbado el desprecio a todo lo que signifique
reconciliación nacional. Y, también hay que decirlo, la autocrítica de los
comandantes de las FARC se hace un poco tarde. De eso se han aprovechado muy
bien los sectores duros y montanos.
Lo cierto es que los señores
de la guerra, que buscan que Colombia siga sumida en el tornado de la violencia,
han logrado una victoria.. Por ese camino, las posibilidades de una sociedad
próspera se hacen inalcanzables por ahora.
Se apostó por la vida y ganó
el odio, el crimen y la muerte. La paz, que esta vez estuvo al alcance de las
manos de la nación colombiana, se aleja y los áulicos propagandistas, que la
sabotearon desde un comienzo, en sus fueros más íntimos, se alegran.
Es lamentable. Colombia ha
ingresado a un abismo y parece que la comunidad latinoamericana no lo ha
advertido del todo. En todo caso, más temprano que tarde, como decía el poeta
César Vallejo, a propósito de la guerra civil española: “solo la muerte morirá”.
Que así sea…


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