CHILALO/ROJO es parte de la lucha de los contestatarios, de los indignados, de los que acorazan sus sueños con la esperanza de nuevos tiempos para el Perú y el mundo. CHILALO CUATROJOS, haciendo uso derecho, eligió andar por la izquierda. Aquí está, bajo la tempestad, construyendo y volando a contracorriente.
lunes, 23 de mayo de 2011
La sentida ausencia de Carlos Iván Degregori
Por Julio Yovera Ballona
Esa visitante inevitable que es la muerte nos aguarda en cualquier parte, nos captura sin darnos tregua y de distintas formas. Se muere de enfermedad terminal o de accidente. En el Perú pocos mueren con la paz de los monjes. En nuestros predios, la muerte, durante muchos años, se lanzó sobre su víctima desde la boca del cañón de una metralleta, o desde el estallido de la dinamita.
Los dementes suelen celebrar la muerte. Hubo un fascista español, Millán Astray, que en plena guerra civil española vociferaba “¡Viva la muerte!”, y exclamando esa frase terrible, los carlistas y falangistas, asesinaban a los milicianos. Hace poco, la frase de un sujeto de la horda fujimorista, de apellido Trelles (que fue nada menos que Ministro de Educación), nos recordó sin proponérselo que los asesinatos de Fujimori y Montesinos fue asunto de política de Estado: “nosotros matamos menos”, dijo el vocero de la mafia.
Ya que hablamos de España, vienen a nuestra mente los versos de Jorge Manrique: “nuestras vidas son los ríos, /que van a dar en la mar, / que es el morir”. En esta expresión bella, poética, hay un pensamiento filosófico, no solo con respecto a la existencia, sino con respecto a la relación ente la existencia: fugaz y breve, con la muerte: duradera y de dimensiones oceánicas. .
Los seres humanos viven según su opción. La vida está llena de seres solidarios, de seres limpios de corazón, como sentencia la Biblia, que dedican sus días y sus años a servir a los demás, con ética y sentido de justicia. Pero, la vida también está llena de seres que cierran filas con la corrupción, que no respetan la vida de los demás con tal de imponerse y atesorar. Entre uno y otros, en medio de ellos, hay un sector de indiferentes: “son los que no nacen y no mueren y son los más” lo decimos parafraseando al poeta de Parado en una Piedra.
Carlos Iván Degregori fue un hombre que vivió con la dignidad de los hombres honrados. Como intelectual se formó en la izquierda. Apesadumbrado por los errores de ésta, decidió convertirse en un luchador solitario, convencido que también se puede asumir una causa si es que se decide conectar y articular la vida individual con la solidaridad, la verdad y la justicia.
Degregori ha muerto víctima de un cáncer. Se va en estos días turbios de campaña electoral, donde la corrupción amenaza con volver, alentada por el poder omnímodo. Ha partido un intelectual honesto e íntegro, que hizo importantes contribuciones al estudio de las ideas en una sociedad donde el poder y el gobierno estiman que las ciencias sociales y la cultura son asuntos policiacos.
En ese ambiente hostil, Degregori analizó con acuciosidad el surgir de Sendero Luminoso, y, sobretodo, en su condición de miembro de la Comisión de la Verdad, fue uno de los que se empeñó en hacer que la verdad se abra paso y sea conocida.
Degregori no se dejó amedrantar por la intolerancia, el desprecio y la satrapía de los mafiosos corruptos y violadores de los derechos humanos. Se mantuvo sereno y firme para que ese testimonio de la década de la barbarie, reunido en el Informe de la Comisión de la Verdad, sea concluido y conocido.
El Informe ha sido –y es - ignorado por las autoridades. Nadie promueve su lectura, ni siquiera en los ámbitos de las universidades públicas, menos en las privadas. Y allí duerme un sueño injusto este trabajo que es la crónica de la violencia de una sociedad polarizada. Cuando vengan mejores tiempos, el Informe será una lectura obligada para la formación de una ciudadanía consciente de su destino.
Ivan Degregori amaba la poesía. En unos de sus trabajos sobre multiculturalidad e interculturalidad, cita un poema de Octavio Paz, “Piedra de sol”, en sus palabras “uno de los poemas de amor más bellos que se hayan escrito en lengua castellana”
“...no soy
no hay yo
siempre somos nosotros...
muestra tu rostro al fin
para que vea mi cara verdadera
la del otro
mi cara de nosotros...” (http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Degregori1.pdf)
Degregori se identificaba con los demás, con los que necesitan de la solidaridad. No fue la suya una actitud dadivosa ni filantrópica; fue la actitud de un hombre que en su rostro, en su mirada, en sus palabras, en sus escritos y en sus ideas, moraban el dolor y los sueños de las poblaciones excluidas. No solo se identificaba, sino, sobre todo, sentía que los demás eran parte de él, y por eso el otro en él conformaban el nosotros. Manera categórica de afirmar lo que hoy llamamos inclusión.
Iván Degregori trabajó hasta el final de sus días y antes de irse, con su esperanza en un mundo mejor a cuestas, nos dijo:
“Si algo ha dejado en claro esta doble campaña electoral es que el actual modelo económico no puede seguir tal cual. La bronca expresada por un sector importante del país no es cosa de locos ni tarados. Revela, más bien, que una democracia no puede funcionar bien con casi un 50% de pobres y con una élite que se dedica básicamente a engreír a los inversionistas.” http://cidegregori.lamula.pe/
Nos queda la responsabilidad de leerlo, estudiarlo y valorarlo. La lucha de Degregori es nuestra, por el hecho categórico que su país –el nuestro – fue sujeto de su estudio y preocupaciones.
Después de todo, cuando se trata del Perú, los que no han abdicado como el que ahora nos deja, decimos que los que sentimos su partida “siempre somos nosotros”.
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