miércoles, 11 de mayo de 2011

Todo por dinero

Por: Percy Julián Uribe
“De todas las victorias humanas les toca a los maestros, en gran parte, el mérito. De todas las derrotas humanas les toca, en cambio, en gran parte, la responsabilidad”. J. C. Mariátegui

Al activar nuestros conocimientos sobre el pasado, recordamos cómo la conquista fue una empresa militar y eclesiástica formada por tres socios: Francisco Pizarro, responsable general; Diego de Almagro, responsable de logística y Hernando de Luque, sacerdote encargado de las finanzas; que se unieron para hacerse ricos a sangre y fuego, sin importarles el destino de los vencidos; tal como nos recuerda nuestro Amauta, al expresar que “los conquistadores no se ocuparon casi sino de distribuirse y disputarse el pingüe botín de guerra. Despojaron los templos y los palacios de los tesoros que guardaban, se repartieron las tierras y los hombres, sin preguntarse siquiera por su porvenir como fuerzas y medios de producción”. (La economía colonial. En: 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana).

Reitera el Amauta, José Carlos Mariátegui, que “los colonizadores se preocuparon casi únicamente de la explotación del oro y la plata peruanos”; debido a que llegaron a nuestras costas gente ambiciosa, ávida de hacer riqueza a costa de los demás. No fueron españoles como Cervantes, Machado, Picasso o La Pasionaria; fueron hispanos como los falangistas Franco y Primo de Rivera. Ese miasma que casi acaba con la población indígena, saqueó nuestras riquezas, pero no contentos con ello, se asesinaron entre ellos mismos –pizarristas y almagristas- por la riqueza mal habida. El amor insaciable a los metales preciosos nubló sus mentes y acabaron con su vil existencia, bendecidos por el agua maldita de Luque.

El viejo Marx recordó que “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar, una vez como tragedia y la otra como farsa”. (En: El diciocho brumario de Luis Bonaparte). Traemos a colación dichas expresiones, porque los herederos de los conquistadores –ahora con nuevos socios- claman respeto a la farsa de la libertad de expresión, planteada de acuerdo a sus intereses lucrativos.

Los que se vendieron a Fujimori y Montesinos, y los que se aprovecharon de los dólares muc no tienen ninguna autoridad moral para reclamar libertad de expresión; más aún, en el Perú no existe tan mentada libertad; porque quien tiene dinero y es adepto de los oligarcas de la prensa hacen lo que les da la gana para acabar con aquellos que buscan el cambio. Nosotros no podemos expresarnos en los medios de los oligarcas de la prensa, porque no podemos pagar las onerosas tarifas de publicidad. Lo único que nos queda es la radio "bemba" y otros medios que creativamente implementamos contra la desinformación.

¿Qué diferencia existe entre el alquiler de un sicario para que acabe con el enemigo y el alquiler de un mercenario de la prensa para que acabe con la candidatura que el pueblo organizado apoya? Casi nada. Ambos actúan motivados por el vil metal, utilizan todas las armas para lograr sus protervos fines, mienten descaradamente, calumnian a raudales y actúan sin escrúpulos, a fin de llenar sus bolsillos con dinero obtenido en forma deshonesta; por eso, no es extraño la reacción de jóvenes y mujeres que exigen periodistas que informen la verdad; nada más que la verdad. Que tengan dignidad, que no olviden los asesinatos y los actos corruptos de Fujimori y Montesinos, acompañados de una primera dama que suplantó a su madre torturada por sicarios de la mafia. Hay pruebas por doquier de tales barbaridades.

En la hora actual, tan difícil para la gente honesta, digna y proba; los maestros y maestras del Perú tenemos la gran responsabilidad de esclarecer y ganar la conciencia de la gente a la justa lucha por el cambio y no al regreso de la corrupción y los asesinos; por la redistribución de la riqueza para todos y no solo para los ricos; por una sociedad más humana donde los privilegiados sean los niños y los ancianos, y no el lucro insaciable de los sicarios y dueños del Perú, que han decidido apoyar a la hija del ladrón y asesino, condenado a 25 años de prisión. Que no nos venza el miedo, ni los descuartizadores del cambio, luchemos por una patria para todos.

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