jueves, 30 de diciembre de 2010

El jardín de Inés *

Por Percy Julián Uribe

“Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando:
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando…”

Jorge Manrique

Tanto Godofredo y Pedro son dos colegas que tienen como lema lo que nos legara José Martí, el Apóstol de la Revolución Cubana, ¡La mejor manera de decir es hacer!

Mientras muchos de nosotros estábamos dedicados a elaborar los documentos de fin de año, estos diligentes, creativos y proactivos colegas han mejorado el espacio florido que está entre las lozas deportivas de nuestro querido colegio República de Cuba y lo han bautizado como “El jardín de Inés”, en reconocimiento a nuestra amada y abnegada maestra Inés Morazán Valdelomar, al cumplirse un mes de su sensible partida a la eternidad.

En el Peru, estamos acostumbrados a rendir pleitesía a todos los que dejan el mundo terrenal; nos olvidamos de sus errores y exclamamos con infinita melancolía su ausencia eterna; pero el caso de Inés es diferente. Ella no necesita de olvido ni perdón, porque fue realmente una persona con decoro, infinitamente generosa, inmensamente honesta y, sobre todo, humanamente solidaria con nosotros, sus colegas, y mucho más con sus pupilos.

Inés, como Godofredo y Pedro, fue de pocas palabras y mucha acción. Maestra ejemplar en el aula y la calle. Siempre con su chicote, no para maltratar a sus alumnos, sino para decirles que ellos no necesitaban del flagelo para ser hombres y mujeres de bien. Así mismo, de la mano con María Chacón, acompañando a sus dignos colegas en las marchas de nuestro ínclito SUTEP. Siempre atentas al accionar de los verdugos con el vinagre y el agua bendita para contrarrestar los gases asfixiantes y calmar la ira de los esbirros a sueldo de los gobernantes.

Su velorio y entierro fue acompañado por la gran mayoría del magisterio cubano, hecho que ejemplifica el cariño y consideración que le guardábamos; debido a su inmensa humanidad y compromiso con los demás. Jamás olvidaremos cómo ayudaba a sus discípulos que carecían de útiles escolares o les faltaba un pan para saciar su hambre y sed de justicia. Nuestra diligente y querida maestra solícita atendía a sus alumnos, con profundo afecto y devoción humana.

A través de estas líneas, cumplimos con recordar a tan magnífica colega y, al mismo tiempo, reconocer a dos maestros que nos han demostrado lo que es gratitud y perseverancia en el accionar docente por el bien de los demás. Ellos nos han brindado una excelente lección de que no todo está perdido en esta sociedad consumista y degenerada, donde más prima el lucro, la ganancia, el dinero antes que la dignidad y el amor al prójimo. Gracias a ellos tenemos la esperanza de lograr una sociedad más humana y justa para todos. Digno ejemplo a seguir.

Inolvidable Inés, ahora tienes tu maravilloso jardín, que desde el firmamento otearás cómo las plantas crecen y florecen, junto a tus colegas y alumnos que siempre te recordaremos. Si alguna vez nos olvidamos regar tu lecho multicolor, estamos seguros que tus lágrimas caídas desde el cielo nos darán la alarma para superar tan terrible omisión. ¡Gloria eterna maestra!

Gracias Godofredo, gracias Pedro; gracias mil colegas míos, por tan magnánima lección que nos han brindado y han hecho rememorar a nuestro Vallejo que nos dijera antes de partir:

¡…hay, hermanos, muchísimo que hacer!

*Escrito: 29 de diciembre de 2010.

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