Por Julio Yovera B.
García echó mano a la parodia una vez más. Eligió candidata a la presidencia como quien elige una reina de belleza; lo que no incomoda para nada a doña Mercedes.
Caudillo hábil para discursear, patear el traste y zumbar bofetadas, y hábil también para intentar blindar a su partido para que no quede reducido, electoralmente hablando, a su mínima expresión.
La sumisión del APRA al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y en general todos los grupos de poder, es definitiva y sin retorno. La candidatura en ciernes ratifica esa tendencia.
A doña Mercedes, la parodia no le demanda ningún esfuerzo. En los días que el régimen aprista se preparaba para entregar al gran capital los recursos de la Amazonía, la bella ministra engañó al país, manifestó que el “Libre” Tratado de Comercio, corría el riesgo de anularse; lo que no era cierto. Los resultados, como sabemos, fueron trágicos, pero ella siguió sonriendo.
En el Perú, los caudillos manejaron el destino del país en provecho del interés de los amos. Su desconocimiento de la historia, de la ideología, de la política y el programa que asumieron; los intereses de clase que representaron y defendieron; la falta de voluntad política para ir en contra de la corriente, los hizo perfectamente funcionales al sistema.
En una interesante introducción del libro Mariátegui y la Literatura Peruana, Tomás Escajadillo, su autor, escribió: “Pero, naturalmente, nuestra clase política gobernante (que nunca fue dirigente) jamás leyó a Mariátegui” (página 11). Nosotros, con las disculpas al respetable crítico, decimos que los apristas, sobre todo los de la generación del mercadeo político, jamás leyeron a Haya de la Torre.
La ausencia de formación ideológica, política y programática en el APRA es grave, como grave es el alto nivel de comprensión lectora que tenemos los peruanos.
Sus cuadros no conocen el pensamiento doctrinario de su fundador. El tema se ha agravado, pues, le han endosado a García la capacidad de pensar y decidir por todo el partido, y como quiera que el caudillo cree que gobernar de manera responsable es sometimiento al poder transnacional, no ha reparado en regalar nuestro patrimonio y recursos.
El APRA dejó de ser frente revolucionario al poco tiempo de su nacimiento. Mariátegui, después de formar parte de él, tuvo la agudeza y la inteligencia, la teoría, el método y el programa, para darse cuenta que el camino elegido por Haya conducía a una ruta ajena al bienestar y desarrollo del país.
Casi un siglo después, el legado cuasi reformista de su jefe y caudillo, que llevó a sus cuadros aurorales al sacrificio, ha sido olvidado. Hoy es un partido más del entreguismo y la corrupción.
Son esos dirigentes, o mejor, Alan García quien ordena que se extiendan las alfombras para que la candidata Mercedes avance por la pasarela de la campaña electoral.
La bella dama hablará del crecimiento económico, que hunde en la miseria a la mayoría de peruanos. Y lo hará a nombre del Partido del Pueblo, del pueblo que, no una sino muchas veces, fue traicionado.
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